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Sobre cierto sentimiento de orgullo

Asombra la cantidad de personas que dicen sentirse orgullosas de ser segoviano, asturiano, cántabro, catalán, vasco… etc. Al escucharlos, me hago la idea de que la gran mayoría lo dicen con la mejor de las intenciones y utilizan esta expresión por comodidad, prescindiendo de otras como las de me alegro mucho de haber nacido aquí, me complace vivir aquí, tengo suerte de ser de aquí, soy dichoso por disfrutar de lo que me ofrece mi entorno… y, si fuera así, no hay caso.

A estas personas dedico la siguiente reflexión.

Sin embargo, para aquellos manifestantes que lo acompañan de un tufillo de superioridad, de fijaciones identitarias, de distinción, de distanciamiento hacia lo alto, de arrogancia… para éstos es para los que escribo, sin ninguna pretensión ni esperanza.

No sigan leyendo.

Son batallas perdidas, porque cuando a alguien le conviene, poro múltiples intereses, aferrarse a una idea, de ahí no lo sacas ni con agua hirviendo. Aun así, me dispongo a analizar lo más racionalmente que pueda, esta expresión de tal elevado sentir.

Vamos por partes.

Me siento

Nos situamos, por tanto, en el pantanoso terreno de los sentimientos. Los sentimientos son algo muy íntimo y personal que nacen en lo más profundo del ser humano. No tienen sustancia ni ubicación físicas, por cuanto rondan desde el corazón hasta el cerebro, pasando por el alma y otras zonas no identificadas. Incluso algunos se originan un poco más abajo. Pertenecen, en consecuencia, al ámbito irracional debido, entre otros motivos, a su naturaleza anárquica, tan rebelde a veces que no se dejan analizar ni sistematizar. Todos pasamos poro momentos en los que nos quedamos perplejos ante alguno de nuestros propios sentimientos. Nos salva su condición de insonoridad e invisibilidad.

En el conocimiento y utilización de los sentimientos se especializan los manipuladores, los ideólogos, los estafadores, los gurús, los dirigentes de sectas, los iluminados, los oportunistas, los predicadores, los impostores, los salvapatrias, los publicistas… porque constituye su materia prima. En el momento que a una persona la tienes cogida por los sentimientos, puedes hacer con ella lo que quieras, incluyendo el transformarla en el nacionalista más terco y activo, en el apóstol más convencido... y hasta en genocida y suicida especializado (recuérdense los aviones en las Torres Gemelas).

Con los sentimientos se inventan patrias los nacionalistas, con el trasfondo económico y visionario que corresponda y, con trasfondo similar, ingenian religiones verdaderas los profetas. Dos entelequias que secularmente resultan muy caras a la salud de nuestro planeta y a la de sus pobladores.

Por lo tanto, cuidado con los sentimientos, porque a priori, no son respetables en sí mismos. Sí lo son, o pueden serlo, las personas, pero esta presunción de respeto no la tienen los sentimientos, las ideologías, las creencias y todo aquello que se genere al margen de la racionalidad.

En definitiva, según en qué áreas, exteriorizar un sentimiento no es en sí mismo una aportación útil, y sí puede resultar irritante. Es más, la actitud de quienes lo escuchan respecto a quienes lo lanzan debería ser como mínimo de cautela, para alejarse de precipicios.

De otra parte, el reiterar insistentemente ciertos sentimientos no les añadimos validez, credibilidad, legitimidad... por aquello de que la repetición mil veces de una farsa no la convierte en verdad.

Es que yo no me siento español… oímos demasiadas veces… y a mí ese sentimiento me importa lo mismo que a mi interlocutor cuando yo le respondo que: pues ya ves, yo me siento noruego del todo...

Luego pasaremos a los gentilicios.

Orgulloso/a

No sé si quienes airean esta expresión son conscientes del significado y las connotaciones de este término. Cuando describimos a alguien como orgulloso no lo estamos alabando precisamente.

Veamos cómo lo define el DRAE

1. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. El triunfo del equipo despertó el orgullo nacional.

2.- Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.

3.- Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.

4.- Persona o cosa que es motivo de orgullo (sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.

En estas cuatro acepciones apenas veo dos resquicios en los que se pudiera encajar una interpretación positiva, aunque con muchos reparos.

Uno de ellos es el de la primera acepción, en su segunda frase: sentimiento de satisfacción por algo en lo que una persona se siente concernida.

Demasiadas apelaciones al sentimiento, para mi gusto. Y sí, es cierto. Uno se puede sentir concernido por lo "segoviano", claro, pero ¿cómo se sustancia esto? ¿concernido porque participaste en la construcción del acueducto?, ¿de la catedral…? ¿concernido porque el equipo de balonmano de Nava asciende a primera división? ¿concernido porque Segovia, debido a un sistema económico y de producción tercermundista expulsa a gran parte de lo más valioso de su población joven a buscarse la vida fuera? ¿concernido porque vive casi exclusivamente de los logros de sus antepasados? ¿concernido por su atraso y despoblación? ¿por su fuerte sistema impositivo?...

- En esa tesitura, yo me siento concernido por su belleza, y eso me hace sentir muy segoviano….

Nos entendemos. Porque es lo mismo que me sucede a mí respecto a Noruega (aunque en mi caso también me gustaría estar concernido por su sistema de pensiones).

Entonces estamos ante un sentimiento muy selectivo: sólo aquellos aspectos que dan satisfacción. Respecto a lo demás, nos tapamos la nariz. Por eso, quien afirma tal frase, nos suministra cierta información sobre los apoyos de este sentimiento: el individuo que lo airea, probablemente pertenezca a algún grupo de privilegiados, o atesore ventajas respecto a los desposeídos, a los que han tenido que emigrar. Uno se siente muy orgulloso de ser vasco, catalán o navarro porque se beneficia de privilegios que no llegan a los demás españoles los cuales, además, tienen que aguantar muestras de desprecio en muchos casos (menos mal que yo me siento noruego...).

No nos dejan jugar a todos a lo mismo.

De hecho, no creo que existan personas de zonas pobres que exhiban este tipo de sentimientos. Al contrario, a menudo son muchos de los charnegos y los maketos quienes reniegan de sus orígenes y se obsesionan por reafirmarse continuamente y a tope como catalanes y vascos respectivamente.

Vemos cómo en cuanto sometes este sentimiento a un análisis racional, todo se convierte en un carajal o también se aclara de tal manera que nos produce como mínimo, rechazo o, según en qué casos, también náuseas.

La segunda acepción es peyorativa, por lo que no creo que la asuman los que se sienten orgullosos. Esta la dejamos.

La tercera no hace al caso. Y la cuarta contiene el otro resquicio, cuando afirma: persona o cosa que es motivo de orgullo (sentimiento de satisfacción), pero nos remite a la explicación del resquicio anterior. Uno puede estar muy satisfecho de sus hijos, pero no orgulloso de lo que éstos han logrado con su esfuerzo, ese orgullo, en todo caso, les pertenecería a los que lo han conseguido. Una semillita la pone cualquiera.
Para ampliar un poco el contexto, buscamos sinónimos del término orgullo en el Diccionario de sinónimos y antónimos de Espasa Calpe. Edición de 2005.

Orgulloso:

Sinónimos:

1.- Soberbio, vanidoso, arrogante, fatuo, endiosado, inmodesto, pedante, petulante, altivo, suficiente, satisfecho, engreído, presumido.
Antónimos: modesto, sencillo

2.- Satisfecho, contento, optimista, ufano, gozoso

Antónimos: insatisfecho, descontento.

Claro, en este caso como no nos interesa optar a los que nos ofrece como preferentes, a los de su primera acepción…, nos acogemos a los segundos, que son los que nos convienen. Pero veremos a continuación cómo incluso con este cambalache, tampoco cuela.

De ser segoviano, cántabro, lucroniense…

Tuve en mi trabajo esta conversación con una multi-licenciada asturiana (asturiana de nacimiento, aunque de origen cruzado), que en una conversación, soltó:

- Yo me siento muy orgullosa de ser asturiana.

- ¿Y por qué has de sentirte orgullosa de algo que tú no has conseguido, que te ha venido dado?

- Aunque sólo sea porque pertenezco a un lugar donde hay muy buena gente.

- Efectivamente, y soy fan de Fernando Alonso, pero en Asturias hay gente buena y mala como en todas partes.

- ¿Ah, ¿sí? ¿Conoces a alguien de allí que no sea buena gente?

- Tú te acuerdas de la matanza de los trenes de Atocha, del 11 de marzo de 2004?

- Claro.

- ¿Sabes quién proporcionó los explosivos a los musulmanes que asesinaron a 92 personas e hirieron a otras 1.900, además de otros destrozos? Pues fue un asturiano, muy asturiano, de apellidos Trashorras Ferreiro, y los explosivos salieron asimismo de un pueblo asturiano.

Se calló de forma radical y se acabó la conversación en seco. Esta muchacha es hija de madre extremeña y de padre asturiano, pero en ninguna ocasión, a pesar de que compartimos más de un año trabajando en proximidad, la oí elogiar a Extremadura, a la que nunca mencionaba, lugar con el que parecía no querer tener ningún vínculo... ¿casualidades...?

Pienso que, de forma natural y espontánea, nadie puede sentirse orgulloso de ser segoviano, noruego o blanco, por mucho que insistan. Es visceralmente imposible del mismo modo que uno no puede sentirse orgulloso de ser blanco, o negro, o de piel amarilla. Uno se alegrará de no haber nacido en Somalia, por ejemplo. Yo por lo menos me alegro, entre otras cosas porque a la mayor parte de los africanos no les funciona el horóscopo. Si, con los datos que tenemos pudiéramos elegir el lugar de nacimiento, veríamos el orgullo del gentilicio donde quedaba.

Orgullos de ser cántabros… divulgan algunos por las redes. Y no logro entender muy bien esta expresión.

Proclamada tal y como aparece, desde las tribunas públicas de las redes, yo, en particular, la tengo que tomar en su primer y principal significado de los sinónimos del término orgullo, según Espasa, es decir como una proclamación de soberbia, vanidad, arrogancia, fatuidad, endiosamiento, inmodestia, pedantería, petulancia, altivez, suficiencia y presunción (y los santanderinos seguro que saben cómo figuran en el "cancionero" popular).

Y, además, se me hace difícil de interpretar lo de cántabro, porque hablan a través de un colectivo de Santander, lugar que es, entre otras cosas, cántabro, pero no más, que La Coruña, Lugo, Asturias, San Sebastián y Bilbao. Todas esas provincias son cantabria.

¿Se sienten cántabros? Es imposible que uno se pueda sentir de tantos lugares a la vez. Puede que se conciban como de Santander, pero reniegan del gentilicio santanderino, santanderense o montañés.

Vamos a situar un poco las cosas. Santander es una provincia de Castilla, como Logroño, que debido a su poder económico, tuvo fuerza suficiente para segregarse de Castilla y León y constituirse en comunidad autónoma uniprovincial, atendiendo a una regla universal de comportamiento, de la que se sigue que los ricos no quieren nada con los pobres (véanse los casos ya aludidos de País Vasco, Navarra y Cataluña).

Pero Cantabria, es un nombre falaz, pura ficción, usurpado a las demás provincias que comparten la misma cualidad que otorga el nombre, por mucho que su pintoresco presidente Revilla oculte esta y otras muchas cuestiones bajo sus chanzas. No sé si en los institutos de Santander explican que esta provincia ha pagado impuestos durante siglos en Covarrubias, por ejemplo.

Por tradición, por cultura, por historia, por geografía, por carácter y otros atributos, Santander es Castellana toda ella. Igual Logroño. Algo de lo que se desentienden o no parecen concernidos quienes difunden ese orgullo sobre su entelequia territorial. Por eso, tantas autonomías dedican enormes fondos a crear una identidad desvinculada de su cultura ancestral, de su historia, de lo compartido… esto nos suena bastante, ¿verdad? Más que sonar, nos aturde y abochorna.

Son ficciones políticas cuyo encaje en la Constitución se llevó a cabo en quiebra de toda lógica. Se aplicó el sálvese quien pueda. Y con Madrid, por ejemplo no quiso quedarse ninguna otra provincia, y con Murcia tampoco. Y hablando de ficciones, el nombre de La Rioja, se las trae.

La organización actual de los territorios es un carajal y chirría a poco que se analice. Por tanto, hay que ser muy cándido para soportar proclamas de ese tipo de orgullo.

Y no rebato sólo a los santanderinos o logroñeses, , porque nuestra querida Segovia, tiene el honor de ser la única provincia española, a la que tuvieron que aplicar en exclusiva, aprobada sólo para este caso, una ley orgánica por la que se la impide constituirse en comunidad autónoma uniprovincial.

Ándele.

Es la siguiente:

Ley Orgánica 5/1983, de 1 de marzo, por la que se aplica el artículo 144, c), de la Constitución a la provincia de Segovia.


https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1983-6484

En Segovia se produjo en aquellos años de la transición un movimiento fuerte que a punto estuvo de lograr la uniprovincialidad autonómica. No lo consiguió porque, económicamente no tuvo el suficiente empuje debido a las cifras de su PIB, pero socialmente nos creíamos tan ricos como los de Santander o Logroño y nos tuvieron que encarrilar con una Ley Orgánica nada menos, para ponernos en el sitio que nos corresponde dentro del esquema organizativo del carajal, o de las taifas, como se prefiera.

Se me dirá que cada cual tiene derecho a sentirse y a creer en lo que mejor le parezca. Faltaría más, yo no niego ese derecho. Sé perfectamente que los orgullosos van a seguir proclamando ese orgullo. Y de forma más estruendosa cuanto más irracional y milonguero.

Pero a quienes intentamos conducirnos por otros parámetros, puede que nos venga bien conocer su posición para saber cuál es nuestra distancia.

 

©Fernando Ayuso Cañas. Junio 2020.


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