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Júbilos de abril 2021 1

Como pequeño contrapeso a la desolación que desde marzo de 2020 soportamos por la pandemia, valgan estos pequeños júbilos que nos proporciona una Naturaleza cuyo lenguaje es claro y explícito.

Existe unanimidad en todos los ámbitos a la hora de constatar una recuperación de la Naturaleza en este tiempo de pandemia. En este Soportal también se han mostrado, en su medida, algunas imágenes de este acontecimiento, como se puede apreciar, por ejemplo, en las del reportaje El Hocino.

Nos hemos asombrado con colores en el cielo que parecían perdidos; hemos asistido a unos ciclos climáticos más normales, más como antes; en cada estación el clima ha desplegado todas sus manifestaciones según corresponde: aguas, temperaturas, vientos, presiones atmosféricas, nieves, humedades... sobre unos campos que han respondido de forma normal, pero asombrosa por cuanto lo han hecho en unas proporciones y variedades que no se veían desde hace mucho tiempo. Incluso la fauna ha recibido este respiro y hemos asistido a sus progresos: liberados de los cazadores y de la presión humana con sus invasiones, sus ruidos, residuos..., se han dejado ver abundantes, cercanos, incluso sin miedo a veces.

La conclusión no admite réplica: el modelo de desarrollo humano en el planeta se ha conseguido a base de dañar en la misma proporción los entornos naturales, la Naturaleza toda ella. Esta constatación debería servir para tomarnos en serio lo que desde hace tanto tiempo nos advierten los científicos: este modelo de desarrolo industrial es inviable. Es incompatible con la continuidad del planeta.

En este reportaje se ofrece un instante de tregua, un pequeño espacio de reconciliación con la tierra, el agua y la clorofila, circunscrito a microcosmos de los términos de Madrona, en los que aún se encuentran oportunidades de reconciliación, armonía y belleza.

Agua prístina en La Rumbona, que aflora cualquier día del año con la misma fuerza, la misma temperatura, la misma pureza y las mismas cualidades, muy viajera y procedente de no sabemos dónde.

El paraje de enfrente del pilón es La Muela y el que está detrás de los árboles que jalonan el Río Milanos, La Guadaña.

Los antojos lumínicos de la tormenta proporcionan estos juegos de luces, en este caso enfocando una finca sembraba con plantas de colza.

El paraje es el de las Cañadas Primera, Segunda y Tercera, en el confín del término de La Rumbona con el de Valverde del Majano.

Eclosión floral en un prado de Molinguerreros.

A la derecha, el Río Herreros.


Molinguerreros es un microcosmos casi selvático formado por las vegas de los ríos Milanos y Herreros, que se unen en este paraje.

Esta zona no pilla de paso, no recibe visitas y en él todo sucede sin apenas intervención humana.

El Río Milanos se nos muestra vestido de gala y presenta varios tramos colmados de algas en flor.

Me surge una duda respecto a esta flora: estas plantas o bien purifican el agua, o bien, como los berros y los perifollos, sólo crecen en aguas limpias.


La generosidad del Río Milanos inunda los valles de Molinguerreros y colma de vida todo el entorno.

En un segundo plano vemos unos fresnos "sin cabeza"...


El Privilegio del Fresno.

Así podríamos titular esta imagen.

El fresno se ha beneficiado durante toda su vida del agua del Milanos. A juzgar por sus dimensiones, muy larga vida. Ahora, inmerso ya en esta otra extensión de la existencia, descansa en su ribera; al no perder el contacto con su caudal, le aporta los nutrientes de su lenta descomposición. Retorna al río y a la atmósfera lo que antaño crearon.

Descansa en la ribera y participa con su cercanía de la vida del río. Un privilegio que por ahora le libra de la combustión; de una desaparición fulminante.


Bardaguera gigante en el Río Milanos.

La ausencia de intervención humana en este entorno hace que algunos árboles se desborden en sus proporciones, como en este caso.

Es abril y las ramas se encuentran en el pre-estallido de su espesura verde.


El Río Milanos acaba de acoger los caudales del Río Herreros y del Arroyo de la Dehesa.

También ha cumplido los cometidos que le son propios en Molinguerreros y ahora transita por Sotopalacios limpio, abundante, tranquilo... con la serenidad que le otorga su veteranía.

Son ríos muy humildes y esa condición los hace menos temidos, más cercanos, familiares y queridos, de la misma forma que un cachorro siempre recibe más afectos que un adulto.


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