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  |   Anecdotario  XIX   

Juzgado de Paz

De las vistas públicas celebradas en su día en las salas de los Juzgados de Paz, con sus exposiciones, declaraciones, controversias, debates, contiendas dialécticas y otras incidencias, podría obtenerse material para abastecer innumerables e interesantes relatos sobre las vidas de los vecinos en una época determinada, por lo que algún día, dado que todo está debidamente documentado, habrá que investigarlo. En el presente escrito, con la excusa de la anécdota que consta en su final, se ofrece una visión somera y resumida de las instituciones de Derecho Civil que los vecinos han usado, tanto en Madrona como en otros pueblos, para resolver civilizadamente sus desacuerdos mas trascendentes.

Referencias históricas

Consejo de los Hombres Buenos

Los jueces de paz del S.XX que hemos conocido guardan una relación directa con la institución medieval conocida como Consejo de los Hombres Buenos, que en algunos pueblos y ciudades ha permanecido hasta el S.XIX. Esta institución tenía competencias decisorias sobre los conflictos vecinales que se les presentaban y los solventaba con acuerdos conciliadores y extrajudiciales, solución que evitaba la penosidad de los procedimientos y los gravámenes propios de instancias judiciales superiores. También entendía en iniciativas, procedimientos y resoluciones que superaban los límites del término municipal, como discrepancias sobre lindes, ocupaciones, cotos, rentas y otros.

A mi juicio, se trata de una de las instituciones más inteligentes y beneficiosas para el común de los vecinos.

A la institución del Consejo de Hombres Buenos de cada lugar, cuyos miembros se elegían de y entre los vecinos con arreglo a sus cualidades de prestigio social, basado en la sensatez, equidad, responsabilidad, buen criterio, ausencia de conflictos y, sobre todo, de independencia, como en el caso de los jueces de paz, se les sometían las controversias y desencuentros que en materia civil son inherentes al acontecer de cada grupo humano. A su vez, el juramento de aceptación del cargo, conllevaba la asunción de todos estos principios que deberían regir el ejercicio de dicha responsabilidad.

En vistas públicas, ellos dictaminaban sus resoluciones de común acuerdo o por mayorías, como si se tratara de un jurado, y cerraban las desavenencias planteadas. El sometimiento de las querellas a esta institución conllevaba irrenunciablemente la condición de acatar en todos sus términos su veredicto.

Juicios de conciliación.

Ya sólo su nombre incita a la concordia: juicios de conciliación.

En el Libro de juicios de conciliación deste Lugar de Madrona, de 1843, que integra el trabajo Colección Documental del Lugar Ð Madrona (en elaboración, en este momento), se trasladan varias vistas de estos juicios, documentadas de puño y letra, aunque en ocasiones con textos a veces indescifrables. En estos documentos se comprueba que su funcionamiento es similar al de los Juzgados de Paz. Del mismo modo su ámbito de competencia se circunscribe al del Derecho Civil.

Para activar los juicios de conciliación, las demandas se presentaban ante el alcalde regidor; éste, una vez admitidas a trámite (en terminología actual), organizaba la vista pública y durante su celebración un fiel de fechos, un secretario en terminología actual, anotaba las aportaciones más importantes y las principales exposiciones. Los litigantes, aunque presentes en la sala, no intervenían por sí mismos en la vista, por cuanto lo hacían a través de sus representantes, que no eran otros que Hombres Buenos del Consejo del pueblo. Iniciaba el turno de intervenciones el Hombre Bueno defensor de la parte demandante, exponiendo el detalle de su acusación. A este respondía el defensor de la parte demandada y, una vez agotados los turnos de réplica y contra réplica de ambas partes, era el alcalde quien, oídas las partes, dictaminaba en ese mismo acto su veredicto. Y era ejecutivo desde ese preciso momento.

Una gran parte de los asuntos recogidos en las actas de estos juicios de conciliación se refieren a préstamos, de bienes en su mayoría, que no han sido satisfechos. Se desprende de las exposiciones de los demandados que la imposibilidad de devolver en tiempo y forma estos préstamos con frecuencia se debía a las malas cosechas o por alguna desgracia sobrevenida, ineludible, para la que no tenían recursos. Y ahí el alcalde, en calidad de juez, se encontraba con un compromiso moral importante a la hora de dictar su veredicto. Normalmente dictaminaba una prórroga en favor del prestatario, para sacarle del aprieto y ofrecerle una oportunidad de normalización. Sin embargo, también hay casos más graves en los que el fallo obliga al condenado a responder al impago con sus bienes propios.

Sillones del Concejo de Madrona

Juzgados de Paz

También el nombre de esta institución invita a una actitud positiva ante las querellas.

Los juzgados de paz son órganos judiciales unipersonales con jurisdicción en un municipio en el que no existe un juzgado de primera instancia e instrucción. Su implantación se produce el 3 de noviembre de 1855, cuando la Gaceta de Madrid (antecedente histórico del actual BOE) publicó el Real Decreto de 22 de octubre. Esta norma establece que en todos los pueblos de la Monarquía con ayuntamiento propio, habrá Juez de paz; un cargo honorífico, obligatorio y renovable cuyos requisitos mínimos para su desempeños son: ser español, vecino del pueblo, saber leer y escribir y tener más de 25 años. Actualmente se regula en el art. 99 de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial.

¿Qué asuntos se ventilaban en un Juzgado de Paz? Sus competencias se ejercían siempre dentro del ámbito civil. En los pueblos pequeños, los conflictos menores, siempre de orden civil, se solventaban en primer lugar, y en último si todo iba bien, en el Juzgado de Paz. En estos conflictos menores, tanto para la tramitación de sus expedientes como para la celebración de sus vistas, no se exigía abogado ni procurador, algo que facilitaba enormemente la resolución de conflictos. Sin embargo, los juicios se celebraron con todo el rigor y solemnidad que requería la oficialidad de los mismos. Y, además, todas sus partes, las mismas que en un juicio en audiencia superior, (identificación del tribunal, de las partes y de los testigos; supuestos de hecho, de derecho, sentencia, fallo...) quedaba debidamente documentado, de puño y letra por un secretario. Estos manuscritos se mantuvieron hasta la llegada de otros medios técnicos.

Nuestro Juzgado de Paz

Los asuntos más frecuentes que trató fueron los propios que surgen de las actividades agrarias: usos de aguas, pastos o leñas comunales; quebrantamientos de lindes, servidumbres, caminos, límites y derechos vecinales (de servidumbres, de luces, de gotereo, de paso, de serventías...); pequeños hurtos y destrozos; aprovechamientos de pastos y leñas particulares o conflictos con los ganados. Durante el S.XX, la asignación de derechos sobre los pastos entre los ganaderos siempre resultó fértil en controversias. En un tiempo fui testigo presencial de algunos debates que tuvieron lugar en el bar de mis padres; en estos debates, de mucha tensión a veces, se comprobaba el gran interés sobre estos bienes, lo que les convertía en un recurso muy cotizado. Su alta demanda hasta finales de siglo contrasta tristemente con la situación de desprecio actual, por el que los campos no reciben la limpieza ni atención que requieren ni los dueños de las fincas tampoco reciben ningún ingreso por este concepto.

En Madrona, hasta el 13 de junio de 1972, funcionó, como en cada pueblo con Ayuntamiento propio, su correspondiente Juzgado de Paz; su supresión se produjo por la anexión de este municipio al de la ciudad de Segovia. Anexión impuesta en tiempo de la dictadura que permanece aún sin validar democráticamente.

Texto original de la norma por la que se suprimen los juzgados de paz. BOE núm. 160. de 5 de julio de 1972, pág. 12079 Ref.: BOE-A-1972-976

ORDEN de 13 de junio de 1972, por la que se acuerda la supresión de los Juzgados de Paz de Madrona, Revenga, Hontoria, Fuentemilanos y Zamarramala
(Segovia).

Ilmo. Sr.: Visto el· expediente instruido para la supresión de los Juzgados de Paz de Madrona, Revenga, Hontoria, Fuentemilanos y Zamarramala como consecuencia de la incorporación de sus Municipios al de Segovia, este Ministerio, de conformidad con la propuesta formulada por la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo y teniendo en cuenta lo establecido en la base primera de la Ley de 19 de julio de 1944, ha acordado la supresión de los Juzgados de Paz
de Madrona. Revenga, Hontoria, Fuentemilanos y Zamarramala y su incorporación al Juzgado Municipal de Segovia, el que se hará cargo de la documentación y archivo de los Juzgados de Paz suprimidos.
Lo que digo a V. I. para su conocimiento y demás efectos.
Dios guarde a V. I. muchos años.
Madrid, 13 de junio de 1972.
ORIOL
Ilmo. Sr. Director general de Justicia.

Nuestros Jueces y fiscales

El órgano competente para los nombramientos y ceses fue el Presidente de la Audiencia Territorial de Madrid, quién emitía los correspondientes títulos habilitantes para el cargo. Cargo cuya toma de posesión exigía, como es natural, su respectivo juramento, un requisito esencial y transcendente. Lo mismo para el cargo de Fiscal de Paz. De los vecinos que ocuparon este cargo, Belén Ayuso de la Calle, (con los mismos apellidos que mi padre, aunque de distinta generación, por combinaciones de ascendientes, véase el apartado Anotaciones sobre Genealogías de Madrona) me aporta algunos nombres y datos.

Comparten todos los aquí relacionados prácticamente todas las cualidades que constan en sus descripciones y han pertenecido a esa clase de personas que en tiempos anteriores integrarían el Consejo de los Hombres Buenos.

Cargo
Titular
Ejercicio
Juez de Paz

D. Emiliano Cañas Llorente (+1986, 84 años)

1940. Dato obtenido de un certificado de defunción

D. Filoteo Ayuso Miguel (+ 1951, 57 años)

Desde el 22 de junio de 1946

D. Felipe de las Heras Bernardo (+1991, 85 años)

D. Pablo Ayuso Ayuso (+2000, 78 años)

Desde mayo de 1960, hasta enero de 1971

D. Cipriano Sancho Bernardo (+2011, 92 años)

Desde enero de 1971, hasta junio de 1972
Fiscal de Paz

D. Lauro Ayuso de la Calle (+2017, 90 años)

Desde el 24 de mayo de 1960

D. Pablo Ayuso Ayuso

Desde enero de 1971, hasta junio de 1972

(se pueden consultar las genealogías en este vínculo:
Anotaciones sobre Genealogías de Madrona)

D. Emiliano Cañas Llorente, casado con Dª Nicanora Cañas Bernardo (+1981, 77 años) . Uno de los nueve hermanos de mi abuelo Felipe, al que no conocí porque murió anticipadamente atropellado por un camión en la N-VI. A mi Tío Emiliano lo conocí muy bien porque acompañó a mi padre en trabajos de corta de leña y de matanzas (hasta 80 cerdos al año), trabajos en los que yo también compartí. No puedo hablar con objetividad de él, porque su recuerdo, a pesar del tiempo pasado, me sigue conmoviendo en lo más hondo. Siempre admiré su honradez, su bondad, su discreción, su laboriosidad, su capacidad de esfuerzo y también su humor callado y con tercera. Y poseyó siempre, como los que se nombran a continuación, el don de la sindéresis.

D. Felipe de las Heras Bernardo, casado con Dª Virgilia Cañas Bernardo (+1999, 88 años). Lo conocí, aunque no en su faceta de Juez, porque vivió en el mismo barrio y calle que mi abuelo Natalio. Le recuerdo con unas características comunes a los siguientes que le sucedieron: apacible, equilibrado y discreto en sus relaciones y comportamiento. No me consta ningún testimonio que cuestione la equidad y benignidad como Juez. Su padre, D. Mariano de las Heras, fue alcalde constitucional varios años hasta al menos el de 1939.

D. Pablo Ayuso Ayuso, casado con Dª Natividad de la Calle Valverde, hijo de D. Filoteo, también Juez de Paz, cargo que los vecinos aprovecharon para añadirle como sufijo a su nombre, por lo que siempre fue nombrado como Pablo el Juez. Fue el penúltimo titular y lo conocí bien por ser del mismo barrio y también por ser primo segundo de mi padre. Pablo Ayuso reunía, además de las cualidades descritas en el anterior apartado, todas y cada una de las requeridas para el desempeño de este cargo y ejerció sus cometidos de juez sin que nunca se cuestionara su equidad y buen proceder. De carácter serio y equilibrado bajo cualquier circunstancia, gozó siempre de un gran prestigio social entre la vecindad.

 

De izquierda a derecha los matrimonios: Lauro Ayuso de la Calle y Felisa Cañas Antón;
Natividad de la Calle Valverde y Pablo Ayuso Ayuso, y
Filiberto García Cañas (fue concejal de 1952 a 1955) y Lucía Sacristán Sanz.

D. Cipriano Sancho Bernardo, casado con Dª Priscila Migueláñez Mateos (+2002, 78 años). También conocí, y creo que bastante, a quien fue el último Juez de Paz de Madrona. Dada la brevedad de su ejercicio, tampoco lo recuerdo en su faceta de Juez, pero debido a los cientos de tratos que hizo con mi padre, todos ellos de palabra y sin la menor desavenencia, tuve la oportunidad de conocerlo bien de cerca porque, porque hube de participar en la mayoría de los trabajos derivados de esos tratos, conjuntamente con su hijo Julio, también implicado. Cipriano puede sintetizar muy bien lo que puede llegar a ser la excelencia de un hombre cabal, íntegro. Tiene en esta sección un apartado propio al que se puede acceder con este vínculo:

- Supervivencia y cotidianidad con Cipriano Sancho Bernardo

En cuanto a los fiscales, D. Pablo Ayuso fue el último hasta 1972, pero desconozco a los anteriores, salvo a uno, a mi padre, cuyo nombramiento está fechado el 24 de mayo de 1960. Sin embargo no tengo datos sobre el periodo de su desempeño (dos o cuatro años, tal vez). Por conjeturas, podría suponerse que fue en torno a esa fecha cuando tal vez tuvieran lugar los juicios y anécdotas que se nombran a continuación.


Por cortesía de Belén Ayuso de la Calle, también tengo copia de los nombramientos de su padre y abuelo.

En cualquier caso, y esto es algo que habla muy bien de la civilidad de los vecinos de Madrona, no han trascendido sucesos o casos graves que pasaran por nuestro Juzgado de Paz. El que sigue, está muy lejos de ser grave.

Juicios al Conde de Velarde

Fueron muy comentados varios juicios en los que D. Alfonso Velarde y la Piñera, Conde de Velarde y Vizconde del Dos de Mayo (+2008, 91 años), hubo de acudir al Concejo de Madrona en calidad de demandado por labradores de Madrona. Siempre fueron por el mismo motivo: algunos de sus muchos ganados había perjudicado la cosecha o los sembrados del denunciante. No sé quién ocupaba en ese tiempo el cargo de Juez de Paz. Puede que coincidieran con mi padre en su faceta de fiscal, porque fue él quien me contó estos episodios con todo detalle.

El Conde de Velarde, consorte de Dª Teresa Pujadas y Maldonado, (+2004, 85 años) propietaria de uno de los latifundios que circundan Madrona, fue gestor directo de esta gran propiedad, si bien no mantuvo ningún tipo de relación con la vecindad, a excepción de los hermanos Martínez Zurdo, por su cualidad de renteros de fincas de sus caseríos. Esta ausencia de cualquier tipo de interacción de los latifundistas de los términos de Madrona respecto a sus vecinos y al pueblo es de gran arraigo, compartida por todos y secular. Como excepción yo tuve la ocasión de departir con él cuando en 1994 le compré uno de sus vehículos, un VW Passat, y estuve en su casa en Madrid, también con algunas anécdotas que dejamos para ocasión más oportuna.

La personalidad de este hombre, militar de profesión se asentaba sobre principios para él inquebrantables, como la seriedad, la honorabilidad, la honradez y la rectitud en todas las acciones (tratos y relaciones con renteros, sobre propiedades, etc.) principios que él cumplía a rajatabla y que lo hacían único.

Es un hecho incontrovertible el que a nadie le gusta que le denuncien ante un juzgado, aunque sea ante un Juzgado de Paz y por menudencias; bueno pues al Conde de Velarde tal vez al que menos. Por ello, herido en su amor propio, tal vez en su orgullo de abolengo, se enojaba, aunque no manifestaba su enfado hasta llegados el lugar y momento oportunos. No concebía activar la maquinaria judicial, ni siquiera a esta pequeña escala para resolver estas minucias, estas naderías, pero de las que también queda constancia en los archivos.

Cuenta mi padre que la celebración de estos juicios contra él en Madrona, que en realidad fueron muy pocos, por la razón que veremos más adelante, gozaron de tal expectación que los asistentes desbordaban el aforo de la sala.

Una vez todo en orden, daba comienzo la sesión, sin abogados ni procuradores. Mucho antes de comenzar la vista, la atmósfera de la sala ya estaba completamente contaminada por el humo de los incesantes cigarrillos de toda la concurrencia. No obstante, D. Alfonso, también fumador, con total seriedad y protocolo, al cabo de unos quince minutos desde el inicio, intervenía con esta pregunta:

- Señor Juez, me da usted su permiso para fumar en esta sala?

Una vez expuesta la acusación, D. Alfonso acometía de tal manera la declaración acusatoria y atacaba con tal firmeza todos y cada uno de los elementos expuestos que dejaba al demandante completamente hundido. Desbaratado. Aun con la razón de su parte. Algo que los jueces saben bien y que todos deberíamos tener en cuenta: podemos tener la evidencia, pero de nada sirve sin pruebas.

Y, llegado el momento, sin ocultar su enfado, se expresaba más o menos en estos términos:

- ¿De manera que presenta usted una denuncia contra mí; me hace venir a este juicio y ni siquiera dispone de un solo testigo que pueda acreditar su acusación....?

Ganó todos los juicios.

Pocos, como hemos dicho, por cuanto los labradores de Madrona se percataron de algo que, sin denuncias ni expedientes, les procuraría mejor resultado en la reparación del daño. Un conocimiento más útil y provechoso con el que llegó el acierto total en las ocasiones siguientes. Supieron de algún labrador, tal vez más humilde, que para conseguir el resarcimiento de sus daños descartó la acusación ante el Juzgado de Paz y se dirigió a D. Alfonso personalmente, presentándole de buena fe los hechos. En estas ocasiones el Conde, sin más indagaciones, los daba por buenos y siempre actuaba de la misma forma:

- Y qué perjuicios le han causado mis ovejas? -siempre trató de usted a todos sus interlocutores.

- Pues me han desbaratado una cina entera de cebada y la mitad de otra.

- Y en cuánto tasa usted estos daños?

- Pues andará por unos 140 duros, creo yo.

- Bien, le voy a entregar ahora mismo 160 y el asunto queda resuelto.

Una vez conocido el proceder de este hombre, en lo sucesivo a nadie se le ocurrió denunciarlo ante el Juzgado de Paz de Madrona. Acudieron a él para tratar cada cuestión y obtuvieron resultados similares al ahora expuesto.

* * *

 

Fernando AYUSO CAÑAS. Abril 2020
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