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  |   Anecdotario  XXV   

Aves reforestadoras

El poema que sigue se lo oí declamar en directo a Jorge Cafrune en una de las sesiones culturales, en este caso un concierto, de aquellas actividades que en su día organizó para los días laborables la discoteca Ladreda 25. Me conmovió tanto en aquel momento oirlo con la apasionada personalización de Jorge Cafrune que me lo aprendí y nunca lo olvido. Lo reproduzco ahora por su probable pertinencia.

El pájaro revolucionario (Autor: Oscar Alfaro)

Ordena el cerdo granjero:
-¡Fusilen a todo pájaro!
Y suelta por los trigales
Su policía de gatos.

Al poco rato le traen
un pajarillo aterrado
Que aún tiene dentro del pico
Un grano que no ha tragado:

-¡Vas a morir por ratero...!
-¡Si soy un pájaro honrado,
de profesión carpintero,
que vivo de mi trabajo!

-¿Y por qué robas mi trigo?
-Lo cobro por mi salario,
que usted se negó a pagarme.
Y aún me debe muchos granos.
Y lo mismo está debiendo
A los sapos hortelanos,
A mi compadre el hornero,
Al minero escarabajo,
A las abejas obreras,
¡Y a todos los que ha estafado!
¡Usted hizo su riqueza
robando a los proletarios...!

-¡Qué peligro!...
¡Un socialista! ¡A fusilarlo en el acto!
¡Preparen!... ¡Apunten!... ¡Fuego!

¡Demonio... si hasta los pájaros
en la América Latina
se hacen revolucionarios...!

Del autor de “El Pájaro Revolucionario”

El autor de la letra de la canción “El Pájaro Revolucionario” es el poeta, cuentista boliviano Óscar Alfaro, muchos versos obra de Alfaro, fueron musicalizados por diversos compositores. Alfaro plasmó en su obra las costumbres y formas de vida de nuestro país (Bolivia), sus cuentos se han convertido en clásicos de la literatura infantil de nuestro país y perduran hasta nuestros días.

En ocasiones las aves no tienen buena prensa. Se las persigue, se las caza, las ponen trampas y venenos, las meten en jaulas... a las palomas las consideramos como ratas del aire... No es el propósito de este escrito entrar en un debate inacabable, y sí el de señalar una faceta muy positiva de las aves.

Un día planté un puñado de bellotas y cuando brotaron mi padre me contó que en el campo las plantan algunos pájaros. Sobre todo las chovas, grajos, cuervos... e incluso mirlos negros o tordos... todos ellos distintos aunque con semejanzas. Dijo que cuando le tocaba arar, tal vez arrejacar, las tierras con la yunta de vacas o bueyes, con frecuencia se encontraba en ellas brotes de encina, salidos de bellotas enterradas por algunos de esos pájaros.

En realidad, claro está que no las plantan con el objetivo de reforestar, sino que las ocultan a modo de despensa, pero a veces olvidan donde las han enterrado y no las recuperan, con lo cual, quedan sembradas. Esto da pie para imaginar que, de no existir la mano del hombre, con su arado, ni los rebaños ramoneadores, los montes, los bosques, los sotos... avanzarían hacia aquel punto lejano del que partieron antes de su esquilmo. Y esto es una de las deudas que la humanidad tiene pendiente respecto al planeta que habita.

Tenemos un ejemplo cercano de este avance en el paraje de El Hocino, lugar que se encuentra en una fase avanzada de reforestación debido en parte a esta actividad sembradora de estas aves; también a algunas bellotas que plantó mi amigo Matarranz Matesanz y finalmente, a la propagación colonizadora de los fresnos en el valle del arroyo que lo cruza, Arroyo Matamujeres, y, sobre todo a la ausencia de rebaños. A su ritmo, El Hocino llegará, a estar poblado según lo estuvo en su origen, y que, con toda probabilidad, fue esquilmado por la actividad de producción de cal viva en los cinco hornos centenarios que en él se encuentran aún.

Otro ejemplo que merece la pena observar es el de El Simarrón, que está experimentando un proceso similar. Allí, algunas de las semillas de sabina, que son casi imposible de tratarlas para su germinación, pasan por el estómago de rumiantes, vacas en este caso, con el tratamiento que les da el aparato digestivo de estos animales, quedan preparadas para germinar si se cumplen las demás condiciones.

En una parcela ajena al tránsito humano, estoy comprobando que la frecuentan aves reforestadoras cuya acción de almacenaje de semillas y posterior olvido, da lugar a que broten árboles o arbustos. En una ocasión, en el 2017, pude observar a una ardilla. La única ardilla que he visto en Madrona en mi vida. No la he vuelto a ver. A menudo me encuentro nueces enteras semiocultas, almendras, piñones... y en un apartado apropiado, medran tres alevines de roble y otro de otra especie que aun no he identificado. Obra de aves reforestadoras.

No he averiguado qué pájaros han enterrado las semillas pero han de ser aves fuertes, con pico suficiente para pinzar una bellota o nueces como la de la imagen.

Un arcano por descifrar.

 

En la imagen de la izquierda, un roble (creo que es un roble) sale adelante, brotado de una semilla enterrada por un ave. A la derecha, una nuez, entera, de las muchas que aparecen semienterradas.

Abajo, una de las nueces que a menudo me encuentro semienterrada.

A la derecha, otro ejemplar de roble y otro arbusto cuya especie tengo pendiente de averiguar.

Puede que en América Latina los pájaros se hagan revolucionarios, pero los de España se hacen reforestadores, que también es hacer una revolución, aunque por otros medios.

* * *

Fernando AYUSO CAÑAS. Agosto 2020
Anecdotario
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