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  |   Anecdotario  XXVI   

Primitivo de Miguelsanz Marinas: contra viento y marea

Aprovecho el regreso de Primi (Primitivo de Miguelsanz Marinas) de su caminata matinal por la carretera de La Losa para pedirle un poco de su tiempo porque tengo al menos dos asuntos pendientes de aclaración con él. Uno es la información sobre el apellido y familias Miguelsanz, para corregir y ampliar la que consta en la sección Genealogías y otro es el de contrastar el relato de una anécdota que figura en esta sección, la número 7, con la síntesis - Supervivencia, vida y cotidianidad con Cipriano Sancho Bernardo. En ella cuento la versión que escuché pero con la que nunca he estado seguro de su exactitud.

Nos sentamos y enseguida reconozco al Primi que siempre he tenido en mente: dispuesto, amable, rápido y directo a lo que importa, con el don de la expresividad, con unos reflejos intelectuales intactos a pesar de sus 81 años. Al momento y con total claridad me pone al corriente del apellido Miguelsanz hasta donde yo quiero llegar, que es la anotación de las personas que, de la forma que fuere, son conocidas y relacionadas con Madrona. Y así queda reflejado.

Tragedias en la Plaza de Oriente

Después de él vino otra hermana, llamada Felisina, que murió de un accidente cuando tenía sólo 6 años. Su padre, Primitivo, tenía el carro frente a su casa, en la Plaza de Oriente, cargado de sacos, sin yunta y con la pértiga apoyada en el tentemozo. Felisina estaba jugando otros críos en el carro y nadie puedo advertirles del peligro que supone subir, bajar, pasar por debajo... en un momento dado, el carro oscila hacia atrás, con pértiga hacia arriba, y pilla con parte de atrás el cuerpecito de Felisa. No podrá superar los daños sufridos y fallece en poco tiempo. Después nació otra chica, sexta descendiente, y los padres le pusieron el mismo nombre: es la Feli actual que todos conocemos en Madrona.

Y enlaza esta tragedia de su hermana con la suya personal: el quedarse cojo por el atraso de conocimiento y de la práctica médica en aquel tiempo. También a sus 6 años, Primi se hace daño en una rodilla. Le llevan a curarle al Hospital de la Misericordia, en la ciudad de Segovia pero los médicos de entonces, en 1945, no pueden detener la infección y el deterioro de la rodilla y, por extensión del resto de la pierna hacia abajo. Proponen a los padres cortarle la pierna como única solución, a lo que su madre, Sofía se opone rotundamente. Mientras tanto Primi permanece un largo tiempo con la pierna escayolada. El uso médico de la penicilina se inicia en España en 1944. A Primi le llevan a Madrid, en concreto al Hospital San Juan de Dios en el que, con el empleo de la penicilina, logran cortar las infecciones y recuperar las partes afectadas. Sin embargo, durante el largo periodo con la escayola, la pierna ha dejado de crecer de forma normal y, como secuela, le ha quedado más corta. De ahí su calzado con el alza correspondiente a partir de ese año.

Marcar un camino contra viento y marea

En aquella época quedarse cojo suponía la exclusión oficial y social de una vida normal. De una parte, en los registros oficiales figuras clasificado como como inútil, o inválido, con lo cual todo se vuelven trabas para acceder de forma normal a trabajos y estudios. La sociedad en general funciona de forma parecida: desventajas en todos los ámbitos. En todos. Pero Primi no se acobarda y procura, con los esfuerzos que cada situación le exija, integrarse de pleno, como uno más, en aquella "vida normal" de la época que le ha tocado en suerte.

Decide aprender la profesión de sastre para vivir de ella. En Madrona no hay nadie que le pueda enseñar tal oficio, por lo que tendrá que ir en bici a diario a la ciudad de Segovia, pedaleando los 8 kilómetros de ida y los correspondientes de vuelta, con una solo pie metido en un rastral de su bici.

Tiene máquina de coser propia y con ella monta un taller en su casa paterna en Madrona, y con 13 o 14 años ya empieza a trabajar. A los 16 años ya trabaja como oficial en La Aragonesa, de Segovia. Pero quiere aprender más y, a los 20 años se va hasta Barcelona. Allí entra en una sastrería de renombre en la Plaza de Cataluña. Se le da bien el oficio y ya hace tareas como maestro. Esto significa que él mismo toma las medidas, corta y confecciona las prendas que le encargan de principio a fin. El dueño de la sastrería ve en él un profesional de buen futuro y le propone que se quede a trabajar con él. Además, le dice abiertamente que, como no tiene hijos y está cercana su jubilación, esa sastrería la podría llevar Primi en poco tiempo.

Aquí Primi ralentiza el relato porque, a toro pasado, lo divisa cómo una oportunidad perdida.

- ¿Por qué volviste a Madrona? -le pregunto.

- Por cosas de añoranzas y tonterías -responde, sin nostalgia, sin arrepentimiento, sin cuentas pendientes.

Llega a Madrona y pronto vuelve a trabajar en Segovia nuevamente. En este periodo se casa y para buscar mejores oportunidades, se marchan a Madrid y empieza a trabajar en Celso García. De ahí saltará la sastrería de Joaquín Hidalgo, en la calle Almirante. Aquí estuvo hasta que la demanda de trajes a medida empezó a decaer de tal manera que el dueño se vio obligado a cerrar el negocio.

Primi, como diríamos ahora, cambia el chip porque ve que va a ser imposible vivir sólo de la sastrería, aunque nunca abandonará su ejercicio, porque tiene que sacar adelante a una familia de 5 miembros con un solo sueldo. Venciendo un montón de impedimentos legales por lo de su cojera, logra entrar en Correos. Allí va mejorando su puesto de trabajo y será donde finalmente se jubile.

Ahora combina su residencia en Madrid con largas temporadas en su casa de Madrona.

Su primer pantalón

¿Tu conociste a tu abuelo (bisabuelo) Faustino? -me pregunta.

- Hasta los tres años. Tengo el recuerdo de cuando bajaba por El Moral, se paraba frente a mi casa, nos daba unas monedas y se entretenía hablando con mi madre antes de ir a afeitarse donde Silvano.

- Bueno, -continúa- pues al tío Faustino, un tipo listo, trabajador y valiente, le hice yo mi primer pantalón. Un día, cuando estaba yo empezando con lo de la sastrería en Madrona, me dice: oye Primi, ¿tu me harías a mí un pantalón como yo te diga...?; y yo, que siempre he sido valiente, le dije: claro que sí hombre; por qué no. Me encargó un pantalón que tenía más de caja que de pierna. De tal manera que la cintura le quedaba casi a la altura de los sobacos. Un pantalón de pana fuerte, con su forro de fieltro moreno que una vez lo tuve planchado se tenía de pie. Así es como me lo encargó y así es como se lo hice. Él lo quería tan alto porque así se podía guardar cosas entre el pantalón, como el reloj, la cartera o lo que fuera, y siempre lo tenía bien a mano. Le gustó mucho y fue un éxito total.

- ¿Y cuánto le cobraste?

- La pana la compró él, así que no me acuerdo exactamente, pero andaría entre las 12 y 15 pesetas.

Después hablamos de otros asuntos más personales, pero justo hasta el límite que aconseja la discreción. Y es ésta una moderación que se agradece.

* * *

Anécdota con Cipriano Sancho

Le menciono a continuación la anécdota que tengo escrita sobre su encuentro ciclista con Cipriano. Me dice que es verdad lo que cuento, pero no ocurrió en el Barrio Abajo (Calle Cantarranas) sino en la carretera antigua de Segovia. Y lo completa con lo que sigue.

Primi se dirigía a Segovia a sus clases en la academia por la antigua carretera. La Pista, como llamamos aquí a la actual N-110, construida hacia 1960, era antes idéntica al tramo que aún queda intacto, y que une ésta en el km. 199, a la altura de Peñasgordas, con la antigua, actual SG-724, a la altura del Santo Cristo. Una carretera blanca, estrecha, con guijarros, de firme irregular.

Así fue la carretera anterior a La Pista. Este tramo, tallado en rotunda piedra caliza, se conserva intacto desde su construcción.

Al fondo, el Cerro de las Monjas. A partir de ahí se extiende una larga recta, lugar del encuentro de nuestros dos ciclistas.

Y fue en la larga y despejada recta que sigue al Cerro de las Monjas, tramo que coincide con la actual, donde ocurrió. Cipriano venía de Perogordo de visitar a unos parientes. Y regresaba por su izquierda para aprovechar la mejor vereda de la carretera. Primi iba mucho más deprisa que Cipriano, con diferencia. Unos 20 metros antes de cruzarse Cipriano le grita:

- ¡¡ Primi, aparta...!!

Primi le oye y le obedece pero, al mismo tiempo, Cipriano, tal vez por desconfianza, tal vez por corregir el error de circular por la izquierda, el caso es que decide cambiar también de carril y el azar consigue que ambos coincidan en la diagonal de la maniobra y se produzca un fuerte choque frontal justo en medio de la carretera. Debido al impulso que lleva Primi, Cipriano sufre un gran golpe y acaba en el suelo debajo de las dos bicicletas. Primi le ayuda a salir y le ve muy conmocionado, pálido... Cipriano también se debió ver de la misma manera, por lo que le dice a Primi:

- Voy a tirar los pantalones a esa tierra a ver si se me pasa...

Primi aparta las bicis de la carretera y le espera a ver en qué queda la cosa. Cipriano regresa un poco mejor y mientras charlan en la cuneta, pasa Serviliano Sonlleva con una furgoneta y se detiene a su altura para preguntarles si pasa algo... si necesitan ayuda... pero le dicen que no pasa nada. Servi continúa hacia Segovia sin más.

- ¿Llegó Servi a saber algo de choque?

- No. Yo creo que no se enteró. Otra cosa es lo que se figurara. Pero continuó su viaje sin más.

Cuando ya Cipriano se recupera del todo, Primi también reanuda su viaje hacia su academia sin ningún impedimento; pero Cipriano, por su parte, ha tenido peor suerte: debe continuar a pie hasta Madrona con su bici muy averiada de la mano porque los desperfectos que ha sufrido la impiden rodar.

En el pueblo se supo, claro y circuló la anécdota de forma constante y versionada hasta nuestros días. Se puede decir que a partir de este momento, esta es la versión oficial y autorizada de aquel hecho.

* * *

La lucha constante de Primi por superar obstáculos, por conseguir una vida normal, me recuerda lo que Amín Maalouf nos dice en su libro Identidades Asesinas acerca de lo inevitable del destino. Nos dice algo así:

 

El destino es como el viento para un velero. No se puede dirigir al viento, ni controlar su fuerza, pero sí orientar la vela para evitar el naufragio y llegar a buen puerto.

* * *

Fernando AYUSO CAÑAS. Octubre 2020
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