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    |  Santo Cristo Ð la Salud          


Cristo de la Salud y la ermita de su mismo nombre

 

 

 

 

Además del alto valor artístico que alcanza esta talla románica, para los vecinos de Madrona esta imagen, su historia y todo lo que  representa, son las señales de identificación de mayor relevancia.

Por eso los actos religiosos que se ofician en su nombre son los más concurridos.
Así ha sido desde siempre.

En su nombre y advocación se celebran las fiestas mayores en el mes de agosto.

En 1990 fue magníficamente restaurado: se le hizo una nueva cruz y se devovió a la talla sus colores originales.

También dispone de unas espléndidas andas (soporte empleado para procesiones y otros actos) elaboradas en madera de nogal español, donación de un artista de Madrona: Julio César González García. 

Fotos procedentes de la Parroquia de Madrona.


Detalle de la imagen


En las puertas de la ermita


En el altar de la ermita, recibiendo la luz filtrada del ábside.

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Novena en honor al Santo Cristo de la Salud

Oración preparatoria.

Padre y eterno Dios que por tu hijo Jesús y con el amor del Espíritu Santo, en un acto de tu omnipotencia y bondad, has creado todo y has puesto al frente de ello al hombre como rey de la creación, para que a través de tu Iglesia viviera tu vida y así fuera feliz contigo.

Reconocemos todo lo que has hecho y continúas haciendo por los hombres y te damos gracias porque cuando el hombre te dijo el primer no, no nos dejaste abandonados, sino que, en un acto de tu eterno amor, nos enviaste a tu hijo Jesús, nacido de María, que vivió nuestra propia vida, sufriendo como nosotros, hambre, sed y dolores. Él murió por nosotros en la cruz, fundó tu Iglesia, que somos todos los creyentes y envió desde el cielo al Espíritu Santo. Al juntarnos aquí, en nuestra iglesia, queremos darte gracias y, a la vez, pedirte aquello que más nos convenga a todos y a cada uno.

Creemos que estás presente en la eucaristía y conoces todos nuestros pensamientos, todos nuestros trabajos, sufrimientos y alegrías.

Te invocamos Jesús, con el gran título de la Salud. Te pedimos por eso salud, no sólo de cuerpo sino también de alma, para poder así vivir con sentido cristiano.

Dirige tu mirada sobre el mundo entero y sobre los que formamos este pueblo de Madrona, protege a los ancianos, con su vida llena de experiencias, y dales la salud de alma y cuerpo que ellos necesitan.

Mira a nuestros matrimonios y dales la salud de alma y cuerpo que deben tener para saber vivir santamente y como se merecen el gran don del amor y para que eduquen bien a sus hijos.

Mira a los jóvenes y dales la salud de alma y cuerpo para que aprovechen todo lo bueno de esta vida que conduce a ti y rechacen todo lo malo que les separe de la vida divina.

Mira a los niños y dales la salud de alma y cuerpo para que sigan siendo la alegría en los hogares y en el mundo.

Gracias Señor por tanto como haces por nosotros.

Oración final

Señor Jesús, crucificado por nuestro amor, que no sólo diste tu sangre como precio para la redención del género humano, sino que quisiste que las imágenes que te representan clavado al madero de la cruz, fuesen para nosotros un manantial inagotable de felicidades y que en ellas hallásemos un poderoso remedio contra los males y peligros tanto espirituales como temporales, que en el curso de esta transitoria vida nos pudieran afligir. Yo te adoro, Señor, con el más profundo respeto en esta sagrada imagen, que con el precioso título y advocación de la Salud nos deparó tu amor para bien y consuelo nuestro. Yo te doy rendidas gracias por tan singular fineza, y muy especialmente por los señalados beneficios que dispensáis de continuo a los moradores de este pueblo y a cuantos en sus aflicciones os invocan.

Nosotros acreditamos por nuestros antepasados y por nosotros mismos, que tú, Santo Cristo de la Salud has derramado sobre este pueblo de Madrona innumerables gracias y beneficios.

Tú nos aseguraste que cuanto pidiéramos a tu padre en tu nombre se nos concedería. Nosotros te pedimos por los cristianos, para que sean fieles a tu evangelio, por los afligidos y, en particular, por todos los que nos reunimos para tributarte las gracias que de nuestra parte te mereces.

Concédenos perseverar en tu gracia, para que guiados de tu mano caminemos contentos por el camino de la vida y gozar de la gloria que por tu santa cruz nos mereciste, por los siglos de los siglos, amén.

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