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Hornacina 9.

Santas Madronas

Mi padre regresa de hacer unos mandados en el pueblo. Es un día de un octubre especial, este de 2011, por superar topes de cifras de luz, sol y calor. Le pregunto ¿qué hay por el pueblo? Y me responde:


- No he visto a nadie, he atravesado el pueblo y no hay ni un alma, sólo coches... hay que joderse, lo que es la vida: hace cincuenta años había la mitad de casas y el doble de gente.

Y este es el hilo con el que devanaremos la madeja para hacer un ovillo, porque yo le obligo a que me dé razón de lo que afirma...

- ¿Cómo puede ser, hombre, el doble de casas y la mitad de gente...?


- Coño que no, sólo en nuestra plaza, en la de Oriente, en la acera de nuestra casa, porque la de enfrente la ocupaba el Huerto del Tío Secretario, ya había varias familias con más de seis hijos...


Mi madre se agrega a la conversación y entre los dos van sacando nombres de componentes de sagas largas; van recordando casa por por casa, se acuerdan del orden y también de los que murieron antes de tiempo o en la guerra... y paran de cuando en cuando porque afloran, como las aguas de un manantial, anécdotas populares de cada familia. ¿Tienen buena memoria? Pues sí, la tienen pero, además, existe una memoria especial, terapéutica y gratificante, que es aquella que salvaguarda fielmente lo que se ha vivido de forma repetida en los umbrales de las casas, en las calles del pueblo, cuando las calles eran lugar de encuentro y las puertas de las casas y de los corrales permanecían abiertas.


La opinión de mis padres dista mucho de aquellas teorías seudo-nostálgicas que se complacen en afirmar que los tiempos pasados fueron mejores, tampoco sienten añoranza, ni resentimiento, porque ya todo lo tienen saldado, por una época que a todos maltrató, por eso, mi padre en especial, se conmueve, y nos hace conmover, cuando se detiene a recordar a las mujeres, los hijos que parieron, y lo que se sacrificaron y sufrieron para sacarlos adelante... y le estallan en los labios como tres relámpagos los nombres de tres de ellas por las que siempre sintió admiración muy honda: Águeda de Felicísimo, Consuelo de Valentín y Ana de Marianito, dice en un primer momento con mirada puesta en un horizonte que ninguno adivinamos, porque asegura que, de todo lo que él conoció, a cada una de éstas tres las tocó como a la que más. Y desgrana un rosario de alabanzas con las que va tallando una estatua virtual, uno de los memoriales que se anclan en el alma. Todo ello sin restar méritos ni elogios a las demás, por tanto si él las nombra en primer lugar no es porque hicieran más que las otras, o mejor, pero sí admira en ellas su desenvoltura y su actitud ante una vida en la que poco o nada habían elegido; la forma de resolverla y los resultados.

Ninguna está ya con nosotros, como la mayoría de que las nombro, pero sí su testimonio, algo que nadie podrá arrebatarnos: la categoría humana que las acompañó en el paso por su trozo de vida, transcurrida por entero en nuestro pueblo. Mis padres coinciden también en que todas se merecen el mayor de los reconocimientos por varios motivos. El primero es por la gran cantidad de trabajo que tenían que solventar; en la casa, en las cuadras, en las tierras, en el río, en la era, en los caminos, en las huertas.. de nada estaban exentas. Había unos primeros años de matrimonio, hasta que alguna de las hijas podía echar una mano, en el caso de que los primeros fueran hijas..., que andaban exhaustas, al borde de la supervivencia. Lo demuestra el hecho de que no todas sobrevivieron, y no todos los hijos sobrevivieron. La vida y la muerte andaban de la mano, más que ahora. Y parían y seguían pariendo porque los maridos estaban a lo suyo... y por aquí llega el segundo ingrediente: una sociedad machista para todo y en todo, y además con ahínco. Y había maridos de todas clases, claro, pero todos contaban con este absurdo ideario a su favor a costa de sus compañeras. El tercero de los condicionantes fue el paso atrás que supuso la guerra civil y lo que llegó después. Una guerra civil como la que ocurrió aquí, con los componentes que entraron en liza, dejaron a la sociedad destrozada en casi todos los aspectos, destacando una economía de subsistencia y un retroceso bestial en cuanto a libertades y derechos sociales. Cada uno tiene su propia opinión sobre este gigantesco y dramático episodio pero hay algo que nadie niega: es un conflicto que no está solucionado, ni zanjado y mucho menos superado. A las mujeres las habían enjalmado un encargo bíblico que consistía en procrear y sacar las familias adelante. Y si entretanto encontraran un rato libre, ahí tienen un cesto colmado de ropa para hacer remiendos. ¿Y cómo se puede cargar a las espaldas una existencia como la que les tocó a ellas sin perder la decencia, ni la dignidad y educando a sus hijos en muchos casos con una habilidad prodigiosa?. Como se dice en el pueblo, no todos estamos hechos de la misma pasta.


De las familias largas que afloraron en estas conversaciones he elaborado una relación tal vez defectuosa, porque pueden faltar algunas por involuntaria omisión. Por eso este texto está abierto de forma permanente a nuevas incorporaciones.Tampoco nombro las familias de cuatro hijos, no por falta de méritos ni experiencias, ni porque trabajaran menos o peor, sino porque cuatro hijos era algo corriente, casi lo mínimo. El orden de relación tampoco obedece a ningún criterio formal, tan sólo al de la espontaneidad con la que acudían a la conversación, por eso aparecen familias de otras generaciones, porque así aparecían en las conversaciones.


* * *


A Mariano Bernardo le sobreviveron 9 hijos de dos esposas; de la primera: Julio, Felicitas, Helena, Celerino y Mariano y de Úrsula: Germán, Paula, Juliana y Victorina.

FELISA DE CASTRO HERNANDO y Félix de la Calle: Mariano, Félix (Margarita), Anselmo (Gloria), Paco (Asun), Publio (Felisa), Abraham (Fuencisla), Felicitas (Alfonso), Genoveva (Celerino), Paula (Saturnino),

BENITA CAÑAS LLORENTE y Félix Martín: Julia (Félix), Ulpiano, Iluminada (Anastasio), Anatolia (Octaviano), López (murió en la guerra del 36) y Margarita (Eusebio).

CIPRIANA CAÑAS LLORENTE y Cándido Herrero: Ángel, Paulina, Florencia, Esteban (murió joven), Arturo (Paquita), Cándido (Cándida), Fuencisla, Inés (Julio Bernardo)

ANASTASIA SANTOS y Frutos de la Calle: Carmen (Serviliano), Pepa (Paco), Nuncia (Cándido), Tori (Jesús), Amada (Moisés) y Maxi (Carmen).

NEMESIA DE LA PUENTE y Francisco Rincón (7 sobrevivientes de un total de 14): Juanito (La Losa), Julian (Irene), Julia, Eustoquia (Antonio), Eutiquia (Ciriaco), Vicenta (Ambrosio) y Leonor (Paco)

EULALIA CONTRERAS y Faustino Ayuso (procedente éste de una familia de 15 hermanos, de dos madres): Magdalena (Adelardo), Natalio (Inés), Emilio (María), Virtudes (falleció prematuramente de un cólico miserere), Lucio (murió a los 2 años de edad) y Emeterio (murió a los 6 meses).

MARTINA HERRERO y Flores López (La Tía Martina y el Tío Flores): Águeda, Plácido, Arcadia, Manolín y Juanito (Balarasa).

Urbana Ayuso y Ricardo Sonlleva: Alejandro (Isabel), Arsenia (Félix el Cano), Agapito (Romualda), Luz (Santiago. Hontoria), Víctor (Ascensión), Pilar (Juanito el Parro), Paula (Alemania).

MARÍA SANZ y Mauricio Sacristán (El tío Hortelano): Lucía (Filiberto), Eustasia (Carlos), Emiliana, Ángel (Berna), Matito (Olimpia), Valentín y Víctor, más otro que le mataron en la guerra y otro que murió muy joven. (9)

VICENTA MORENO y Mariano Antona (El Tío Marianón, de la parte de Casla): Lucio, Eustasio, Teófila, María, Justo (Candelas), Genoveva, Felipa (Metodio) y Mencho

JULIANA DE LA CITA BARAHONA y Justo Matías Estebaranz: Mauricio, Bene Rosario, Moren Tasio (Juliana falleció al dar a luz a Tasio)

SOFÍA MARINAS y Primitivo de Miguelsanz: Constantina, Demetrio, Primitivo, Felisa y Paula

MARÍA DE ANDRÉS y Aurelio de la Puente: Emiliana, Argimiro, Angelines, Elena, Aurelio, Carmelo, Pedro y Marga, que murió joven.

MARÍA PAZ ZURDO (Sra. Morena) y Antonio Martínez: Pepe, Paz, Antonia, Antonio, Olegario, Vicente y Maurino.

JUANA SANJUAN MORENO y Doroteo Álvarez (procedentes de familias de pastores del pueblo de Arcones): Jesusa, Segunda, Juana, María, Valvina, Eduarda y Doroteo.

CLOTILDE BERNARDO e Higinio Cañas: Nicanor, Marino, Juan, Virgilia, Honesta y Nicanora

MARGARITA LLORENTE y Antolín Cañas: Alejandro (murió joven) Felipe (mi abuelo, casado con Demetria), Emiliano (Nicanora), Justo, Alfonso, Vicenta, Benita, Cipriana, Consuelo y Paulina (madre de Felipe Pastor)

ALEJANDRA DE MIGUELSANZ y Rafael Prieto: se le murieron 6 a corta edad y le sobrevivieron 7: Demetrio, Anselmo, Primi, Irene, Chari, Tere y Agapito.

ANA BRAVO ARRIBAS y Mariano Bernardo: Ernesto (Emilia) Marga (Gerardo), Silvino (Esperanza), Cándida (Jaime), Cele (Vitoria), Luisa (Miguel) y Luis.

TOMASA AYUSO RINCÓN (hermana de Faustino) y Sevando Bernardo: Felix (Julia), Clemente (Cruz), Torino, Luciano (Trinidad), Filemón (Teófila), Demetria (casada con Mauro, hermano de Brígida ,y madre de Olimpia, Tomasa y Julia) e Irene (Paco Tanirra)

VITORINA BERNARDO OTERO y Lorenzo del Pozo: Sagrario, Lorenzo, Javier, Jose y Miguel Ángel.

RESURECCIÓN GARCÍA LLORENTE (8-IV-1917 +8-III-1996) y Silvano López (10-II-1915 + 16-III-1994): Alberto, Jose Luis, Rosa, Aurora, David, Adela y Juan Carlos.

FELIPA FUENTES y Vicente Esteban: Julia, Fuencisla, Ángel, Pepe, Mario, Santi y Mª Carmen.

CONSUELO FERNÁNDEZ GARCÍA y Valentín Bravo Arribas: Felisa, Consuelo, Juanito, Aurita, Ana Mari, Valentín y Conchi.

ÁGUEDA OTERO DE LAS HERAS y Felicisimo García: Jesús, Fili, J. Manuel, Maribel, Araceli, Raquel y Almudena.

JESUSA ÁLVARO SANJUAN y Luis Sánchez Bravo: Goyi, Elías, Doro, Luis, Mariano, Mª José.

SOFIA GARCÍA SANSEGUNDO y Pedro Tejedor de la Puente (Perricascas) José, Juan Ramón, Mari Visi, Mari Mar (vive en Australia) y Santi. (Sofía y Fidela eran hermanas y procedían de Aldeavieja).

LUCÍA SACRISTÁN SANZ y Filiberto García: Filillo, Luci, Araceli, Jandro y Belén.

ASUNCIÓN SÁNCHEZ BRAVO y Francisco de la Calle de Castro: Elías (falleció joven), Mari, Natividad, Carmen, Paquito

GENOVEVA DE LA CALLE y Celerino Bernardo: Tere, Fuencisla, Henar, Feli y Ricardo.

CARMEN DE LA CALLE SANTOS y Serviliano Sonlleva: Rita, Alberto, Frutines, Miguel Ángel, Juan Manuel y Conchi.

FELISA ITUERO BARRIO y Plácido González Marugán: Antonio, Jesús, José Luis, Pedro, Fuencis y Sevita.

ELOISA DURÁN y Segundo Rodero: Vicente, José Luis, Inmaculada, Angelines, Eva, Javi y Carmen.

DOMINICA ...... y Julián Fenández Pérez: Julián, Ángel, Gloria, Tomás, Arnaldo.

 

* * *

Madrona significa en latín: “aquella que es madre de familia”. Cuenta la Wikipedia que santa Madrona vivió en Salónica, Grecia, donde ejerció como mujer de servicio en una casa de la ciudad. A partir de entonces, Madrona pasó por un auténtico calvario, ya que la señora de la casa le hizo la vida imposible. Cuando se enteró de que era cristiana la ató y golpeó para evitar que asistiera a misa, pero un ángel la desató y acompaño a la iglesia. Al percatarse de este acto, la señora montó en cólera, y la golpeó nuevamente hasta que murió.


No le quito méritos a la santa oficial respecto a su canonización, aunque no tuviera familia propia. También desconozco los milagros que hiciera y en favor de quien; no soy quien para cuestionar su santidad... pero si puedo dar testimonio, directo e indirecto, de que estas santas Madronas que relaciono aquí obraron sucesivos milagros. Varios cada día. Nunca figurarán en el santoral de una religión ni ocuparán las hornacinas de los templos de piedra. Pero sí las de nuestras conciencias, en el edificio de nuestra pequeña historia, plena de personas y personajes de una categoría excepcional. Ellas sólo aspiraban a ser dignas, responder los retos que la vida les proporcionaba en cada día de su existencia pero la forma de afrontarlo y sus resultados, son para nosotros hoy un orgullo y un referente.

Nihil obstat.


Fernando A. C. noviembre 2011.


...árboles para la vida...