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Cerro de las Viñas 1

La infografía del SIGPAC tampoco propone ningún topónimo para este entorno que en Madrona designamos como Cerro de las Viñas, aunque sí nos proporciona el dato de su altitud: 964 metros.

Se encuentra a continuación del paraje de Peñasgordas, en la misma línea de proximidad a la N-110.

Esta fue, junto con el Raso del Soto, la última zona de viñedos en Madrona. En el apeo del S, XV hecho por el Obispado de Segovia, vemos como todas y cada una de las instituciones religiosas de la ciudad de Segovia, parroquias, conventos, congregaciones... intra y extramuros, eran propietarias de fincas de todas clases en los términos de Madrona. Y de entre ellas una buena parte eran viñas repartidas por doquier.

Con la desamortización de Pascual Madoz, a mediados del S. XIX estas propiedades pasan a manos privadas y, muy probablemente, también cambian el cultivo de la vid por el de cereales de secano. De todas las viñas que constan en dicho apeo, al S. XX sólo han llegado las del Raso del Soto y las de esta ladera.

Sus características son similares, incluso en orientación, a las del Raso del Soto. También lo es su evolución hacia el cambio de cultivo a cereales de secano. Ha pasado ya mucho tiempo desde que vimos la última viña en este paraje.

Igual que me ha pasado con la visión de Peñasgordas desde el Camino Tallado, me ocurre por triple partida la decepción de ver este cerro sometido a los postes del tendido eléctrico.

Aunque es una constante la deformación artificiosa de nuestros parajes debido a estas compañías eléctricas, uno no termina de encajarlo.

En primer término la N-110; le sigue el valle del Arroyo Pozuelos y, en el centro, el Cerro de las Viñas.


Te aproximas y los postes se multiplican.

En las partes de la ladera sin roturación, sólo crecen tomillos y, muy lentamente, las encinas, con una dimensión del tiempo propia, van acercándose y tomando posiciones. Pero sus tiempos no son los nuestros.

En lo que tarda en germinar una encina, te han clavado ya cuatro o cinco postes eléctricos. Estos sí que crecen rápido.


Como tenemos dicho ya en otras muestras, lo primero que uno hace cuando alcanza lo más alto es mirar hacia el pueblo, a ver cómo se ve desde allí.

Y esta vista sería idílica si no fuera por los tendidos eléctricos. Tomada el 11 de julio de 2020 vemos las fincas con el ciclo cerealista acabado. Su estado, por tanto, es el de rastrojera, a la espera de la semencera en octubre.

A la izquierda vemos los restos de una caseta de piedra. Luego lo veremos en detalle. Su último morador, circunstancial e itinerante, fue también el último pordiosero que recorrió estas tierras, Modesto, del que en su día publique en EAS, en noviembre de 1990, esta crónica: Viejo Mester de Pobrería.

Esta imagen es un abuso del teleobjetivo de la cámara. Se trata de una vista inédita de Bernuy de Riomilanos (elijo este nombre porque me parece superior al actual de Los Paredones) con su extenso y bellísimo término.

En la parte superior izquierda vemos las instalaciones del aeródromo de Fuentemilanos. Por supuesto, con los correspondientes postes en las cimas.

También es este un enclave para detenerse y, mientras respiras los aromas de los tomillos, otear los amplios horizontes, operación que, dada la inmensidad del espacio que se puede abarcar, te hace pensar en la medida del ser humano, insignificante, pero al mismo tiempo tan destructora a veces.

Este es el horizonte captado en su proporción visual real.

La mancha verde superior central, nos informa del paraje Civilascos, punto en el que confluyen cuatro términos municipales: Fuentemilanos, Madrona, (El de Bernuy de Riomilanos) Valverde y Abades.

La franja verde que se extiende de izquierda a derecha corresponde a las vegas de los ríos, en especial a la del Río Milanos. La primera, como aún en formación, a la más humilde del Arroyo Pozuelos.


Esta imagen es continuación de la anterior. Y viene a cuento porque me interesa destacar la columna vertebral de la derecha, de roca caliza, que parte de Pozuelos y continúa hasta Peñasgordas. Es una forma de atenuar un desnivel y aporta variedad y color a este entorno. Ojalá las encinas prosperen y lleguen a cubrirla en su totalidad.

De Peñasgordas, continúa hasta formar el paraje El Hocino. Esta sería, pues, mal comparado, como la rabadilla en el cuerpo humano.

En el centro vemos en entorno Pozuelos: arroyo, Valle, parado y Camino. A su derecha, la Cuesta Blanca.

Y más a la derecha, tras las naves de Celso, La Gaitana.


Esta es la imagen que obtenemos si, desde la posición anterior, mirando a Pozuelos, giramos 180º.

Estos horizontes, sólo accesibles desde estos cerros, bien compensan el paseo, y deberían servir de apoyo defensivo contra las eléctricas.

Las naves de Juan Antonio, en el centro de la imagen, se ubican en el paraje El Palomar. Y la de Arturo, la blanca de la derecha, en El Bote del Calvario.


El teleobjetivo nos acerca el Prado de Pozuelos (el de la caseta de ladrillo) y la Cuesta Blanca,, a la derecha media de la imagen). Conforma este entorno, un micro sistema con tierra, humedad y vegetación propias.

En tercer plano, los prados de La Serna y término de La Rumbona desde lo últimos fresnos.

La ultima franja superior de tierra, pertenece a los términos de Valverde y Abades.


Desplazamos la mirada hacia la derecha, hacia Torredondo y vemos un amplio territorio de cultivo de cereales, con sus correspondientes postes eléctricos, faltaría más.

La caseta central está enclavada en el Prado del Plantío Viejo.

La primera franja de tierra pertenece al paraje Los Abonales.

Al fondo, el polígono de Valverde. A la derecha, los Montones de Trigo y de Paja, de Torredondo.

En verdad, ancha es Castilla.

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