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Peñasgordas 1

Peñasgordas es un promontorio de roca caliza, que emerge sobre el Arroyo Pozuelos, nombre desconocido para la infografía oficial, que antes de que le clavaran un rejón de castigo permanente en forma de poste eléctrico en su cima, se alzaba dominante y vigía sobre el valle, más bien hocino, que forma dicho arroyo, que en esta zona serpentea como si se divirtiera con sus zig-zag. Pero llegaron los técnicos de la compañía transportadora de energía eléctrica y, una vez comprobado dónde se podía hacer más daño, procedieron. Y ahí clavaron su poste, un poco más allá del farallón. Le cortaron la cresta al gallo.

Luego comprobaremos, una vez más, como esta técnica de destruir entornos, parajes, símbolos... es algo que les pone a estas compañías; por eso lo practican cuanto quieren, que es mucho. Pero además, se complacen en contar siempre con la impunidad de los seres todopoderosos. Más que poderosos. Ni siquiera los dioses griegos gozaban de tal impunidad.

La plantación de fresnos que en su día realizara el Ayuntamiento de Segovia progresa adecuadamente, y embellece este paraje. El valle alberga toda la frescura del cauce, suficiente pera satisfacer las necesidades de los fresnos, que poco a poco van imponiendo su presencia verde.

La carretera del primer plano es la N-110, cuyo transito se multiplica de un día para otro.

Este enclave, aunque por su exigua extensión no se le puede comparar, ni de lejos, con el paraje de El Hocino, sí comparte algunas de sus características, porque es continuación y terminación de aquel.


En esta imagen vemos la secuencia de los tres parajes con nombre propio: Peñasgordas, Cerro de las Viñas y Cerro de las Monjas. Los tres comparten el entorno, su realce, su sosiego, la atmósfera, la orientación, la luz, los oros de los campos en el estío... y también varias mutilaciones y menoscabos antrópicos. Todos ellos antrópicos. Véanse los sucesivos postes de tendidos eléctricos (las bolitas de más arriba son globos aerostáticos)

No existe aún una senda que los conecte y facilite un recorrido secuencial. Pero todo se andará. Con las fincas cosechadas es fácil hacer este recorrido que, como opción puede continuarse hacia Los Abonales, Pozuelos y Camino de Torredondo, donde ya cada cual puede elegir el sentido que más le convenga.

Horizontes

También es este un enclave para detenerse y, mientras respiras los aromas de los tomillos, otear los amplios horizontes, operación que, dada la inmensidad del espacio que se puede abarcar, te hace pensar en la medida del ser humano, insignificante, pero al mismo tiempo tan destructora a veces.

Tras la N-110, vemos el valle del Arroyo del Hocino, que a esta hora de la mañana, con el sol aun bajo, presenta una combinación de colores que cautiva.


Desde uno de los puestos de tiro de la "línea defensiva", vista hacia el valle y la carretera N-110. Cuando se construyó dicho complejo defensivo, en 1937, esta vía sólo era un camino.

En perspectiva, Cerro de las Viñas y al fondo, Cerro de las Monjas.


Vista hacia el Prado de Pozuelos, La Serna y La Gaitana.

Vestigios

Puente de Peñasgordas

El Puente de Peñasgordas, sobre el vano del Arroyo del Hocino, no existe tal como fue concebido, ni tan siquiera como vestigio. Tan sólo existe en la memoria y añoranza de quienes, de alguna manera lo conocieron o tienen noticia de él. Se trata por tanto, de una rememoración sobre una edificación que no llegó a vestigio, por cuanto era una obra sana e íntegra que fue robada al patrimonio no sólo de Madrona, sino del común de las personas, como lo puede ser un pórtico románico o cualquier otro puente. Robada por los constructores de la N-100, quienes lo desmontaron para llevarlo o reutilizarlo quién sabe donde. La dictadura militar, que duró nominalmente cuarenta años, tenía estas cosas. Igual construían embalses como vendían claustros e iglesias románicas a los norteamericanos de EE.UU. Desmontaron un puente románico para adornar las mansiones de los jerifaltes, soportes sin los cuales un régimen de estas características no se prolonga tantas décadas.

Yo no lo llegué a conocer, pero mi padre, que sí lo vioy pasó sobre él multitud de veces, me lo describió como idéntico al de Perogordo sobre el Arroyo de Tejadilla, con un sólo arco pero de grandes dimensiones y también sobre perfecta sillería caliza, con todos los complementos propios de estas construcciones: estribos, contrafuertes, etc.

Y como se trata de un hecho grave, no es bueno que desaparezca de la memoria. Hoy lo reemplaza una simple alcantarilla. Un gran logro de la ingeniería civil de la década de 1960. No pongo su humillante imagen, pero la podéis ver en el apartado Los Puentes Ð Mad, en Cuaderno Ð Madrona.

Horno de cal.

El tipo de caliza de este entorno es similar al del Hocino: piedra blanca con buenas propiedades en su mayoría, lo que hizo que también aquí se construyera un horno de obtención de cal, si bien es de menores dimensiones que los de Hontoria, aunque les gana en longevidad, dado que se mantuvo en activo, gracias al Sr. Aurelio de la Puente, último artesano de la obtención de cal, hasta mediados de siglo XX.

Más pequeño que los 6 de Hontoria, también está peor construido en lo que se refiere a las piedras de la mampostería. Aun así, su recuperaciones posible sin demasiado coste.

El horno, no catalogado ni inscrito en ningún registro, presenta un deterioro importante, pero se trata de daños que no impiden su recuperación. Del edificio adjunto que utilizaban los caleros apenas quedan unos restos.

Restos del edificio que emplearon los caleros durante la faena. Se asienta bajo una placa de roca caliza ya transformada, alisada, por la actividad del hombre.

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