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San Miguel 1

El arcángel San Miguel es un santo con mucho poderío y, por tanto, con extraordinario despliegue en varias religiones y en muchos sentidos: literatura, mitología, leyenda... un personaje con halo tan acrecentado que lo hace prácticamente inabarcable.

Para lo que hace a nuestro caso, San Miguel tiene también gran transcendencia en el mundo agrario, debido a que el 30 de septiembre, justo al día siguiente de su conmemoración (hay otro san Miguel que se celebra el 30 de mayo), tenían lugar la renovación o inicio, según los casos, de contratos de pastores y empleados de otros mesteres agrarios. En su mayor parte, los contratos se ajustaban de forma verbal y se consideraban con la misma validez que los escritos. Eran unos tiempos en los que la palabra alcanzaba ese valor y ese respeto. Debido a este papel, en las relaciones agrarias en nuestra geografía son frecuentes los templos edificados bajo su advocación (luego, cuando se hurga un poco en estas cuestiones, se descubre que las fechas elegidas para estos y otros ajustes ya funcionaban antes incluso de la instauración cristiana, pero esa es otra conversación).

Este paraje pertenece en la actualidad al término de Fuentemilanos, si bien en origen lo fue del pueblo Cristóbales, hoy reducido a paraje. Se trata de un lugar frontero con el término de Bernuy de Riomilanos (Madrona).

Arquitectónicamente, esta ermita, que da nombre al paraje, es un pequeño compendio que nos ilustra acerca de cómo no se debe edificar en ningún caso.

Del mismo modo también nos informa de la cualidad del proyecto y de sus ejecutores. En realidad los muros, que ya a duras penas se mantienen en pie, deben esta precaria verticalidad a la buena calidad empleada para argamasar los cantos que la componen. Muros de calicanto levantados tal vez mediante un encofrado, sin ningún tipo de aparejo ni engarce entre ellos.

Los huecos nos hacen pensar en que tal vez en origen fueran embellecidos con sillares y arcos de piedra caliza, un tipo de piedra que no existe en este entorno y que su falta se debe a un despojo. Debido a la nula documentación que se encuentra, puede ser una hipótesis a considerar, si bien en sus inmediaciones no se encuentra un sólo resto de este tipo de piedra.

Quedan tres muros y el gran hueco de su puerta principal, orientada a poniente. Observándola al pie de sus muros emite cierta desconfianza no ya sobre la calidad constructiva, sino sobre el punto de su ubicación y su alineación. El lugar es un enclave soberbio, fantástico, limpio, luminoso, aireado, en la cima de un teso. La contemplación de los horizontes desde este punto te hace sentir que tienes el mundo a tus pies. Y más pronto que tarde surge la inevitable pregunta: ¿Cómo han podido desperdiciar un lugar tan exclusivo y gratificante con una edificación que parece levantada debido a un mal sueño o, siendo benevolentes, en un juego de niños?. Mientras no se obtengan más datos deberemos convivir con este arcano.

San Miguel es el nombre de esta ermita pero también del paraje contiguo a Cristóbales. En las pocas referencias documentales que se encuentran, esta construcción aparece ligada a la población de Cristóbales pero, según qué elementos se elijan para considerarlo, es algo que no acaba de cuadrar. Cristóbales, aunque se trata de una pequeña población levantada al lado del Camino Real de Ávila, se fundó con la repoblación cristiana; por lo tanto debió contar con su propio edificio religioso que, como el de Bernuy, diera servicio a tanto a los propios como a quienes transitaran esa vía; y puede que las piedras y las señales de muros que aún se pueden ver sean precisamente las de su templo.

En cuanto a esta ermita, parece ser posterior y, a tenor de su naturaleza y resultado, induce a pensar en una iniciativa particular, aunque con escaso respaldo: la del propietario de la finca donde se asienta. El punto de su ubicación y su distancia de la población de Cristóbales nos informa de que no se trataba de un lugar para el culto diario. Algo que también se da en otras ermitas con la misma advocación, si bien éstas, al contrario que la presente, se edificaron en solares y entornos públicos.

Este coto, que es de amojonamiento municipal, nos informa de los límites de dos términos distintos (tal vez Fuentemilanos y Cristóbales)

Este mojón de granito se ha traído desde alguna cantera lejana, tal vez de Ortigosa.


Los restos de la ermita mantienen una presencia que incita a su exploración.


La ínfima calidad de su construcción desmerece completamente respecto al gran acierto del lugar elegido. Una atalaya con horizontes infinitos.

Lo que queda muestra tal estado de desarme, que hasta hace pensar en agresiones intencionadas, batallas, bombardeos... hasta que más en corto observas los detalles.


¿Una saetera en este ángulo?

Podría ser. Y que estuviera orlada de piedra caliza serrada, desmontada después para otros destinos... es una hipótesis.


De dimensiones reducidas, la sección de sus muros, con los guijarros sin orden, nos hace pensar en un encofrado de calicanto.

La orientación del edificio también da qué pensar.

Parece que se enfrenta y desafía a la misma catedral, que después veremos en otra imagen.

El hueco de la cabecera o ábside, también hace conjeturar en una composición de piedra tallada... y saqueada después.


Para el muro con la mejor orientación de todo el edificio, hacia el Sur, tan sólo destinaron un hueco de escasas dimensiones. Otra de las muchas cualidades que producen extrañeza.



Vemos con tristeza (y sorpresa) la falta de aparejo de los gruesos muros, no ya entre las piedras del mismo paño, sino entre muros contiguos... y esto es algo tan básico que nos hace pensar cosas raras acerca del promotor, del constructor... y hasta del peón de choque.


Cerramos esta primera parte del informe con esta panorámica, cuya elocuencia aconseja silencio.

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