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La Serna 1

La Serna es un territorio con todas las cualidades de vega, llano todo él, con praderas de alta calidad de tierra. Mantiene sus pastos verdes casi hasta el final del estío a pesar de su orfandad de árboles. Limita en su parte Norte, con el paraje y Alto de la Gaitana; en su parte Oeste con La Rinconada, que es continuación de Sotopalacio, en La Rumbona; en su parte Sur con otro paraje poco nombrado en Madrona, pero que figura tanto en la infografía del SIGPAC como en la del Catastro: La Guadaña, también terreno de pradera; y finalmente en su parte Este, al otro lado del cordel, con Los Rompidos, terreno todo él destinado a los cereales de secano, sin ninguna particularidad a la vista.

La propiedad de La Serna es privada salvo una franja que corresponde al Camino Real de Ávila, también llamado Cordel de los Paredones. En este sentido hay que señalar que a la hora de cercar la propiedad, el anchor que corresponde al cordel se ha respetado.

Figura así en las Ordenanzas de 1906:

20.

Cordel de ganados.

Desde el Valle de Tejadilla, entra en este término con dirección á Avila, pasando por La

Ventilla, La Gaitana, Bernuy de Palacios, hasta el término de Fuentemilanos, por

donde continúa. Anchura del cordel, 37 metros, 61 centímetros.

Origen del nombre

El término serna figura en el libro: Toponimia: Normas para el MTN25. Conceptos básicos y terminología. Publicación Técnica núm. 42, de la Dirección General del Instituto Geográfico Nacional con este significado:

Serna (probablemente del celta *senara). Parece haber tenido siempre el significado de campo cultivable de pequeñas dimensiones, ya en el siglo IX aparece con la forma sincopada de senra y posteriormente serna, mediante una metátesis.

El DRAE también la recoge con este único significado: Porción de tierra de sembradura.

En lo que respecta a la de Madrona, nuestra serna es un prado, y de alta calidad, en toda regla, como se pude apreciar en las imágenes de este reportaje, y jamás se roturó ninguna de sus partes: la de propiedad privada o la pública del cordel.

Referencia histórica

Diego Árias Dávila obtuvo, a mediados del S. XV, múltiples territorios en varios términos cercanos a Segovia, sobre todo en Madrona. Los obtuvo por variados procedimientos, como el de las regalías emitidas por rey Enrique IV. Pero su codicia no tenía fin e incluyó el de la ocupación de hecho, a veces con violencia. Sin embargo, en este afán desenfrenado de posesión, topó con la Iglesia, institución de gran poder y gran propietaria en estos pagos, a la que no pudo avasallar como a los pobres labradores y al pobre concejo de Madrona a la hora de apoderarse de territorio (sotos, tierras de labor, vegas, montes...), y ésta, como atestigua esta onomástica extraída de un anuario, le hizo pasar por taquilla a la hora de obtener esta enorme y rica pradera de La Serna.

La pertenencia actual de La Serna que señala esta onomástica se refiere asimismo a la familia Arias Dávila, que es la que ostenta el título nobiliario de Conde de Puñonrostro.

(alcabala: tributo del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta).

Referente micológico

La particularidad más sonora y conocida de La Serna es la de ser principal referente micológico entre los habitantes de Madrona.

Hubo un tiempo no lejano, en el que muchos vecinos, llegada la época de primavera y también en los otoños luminosos, húmedos y cálidos, salían al campo a recolectar setas.

Esta fue una costumbre que saltó por los aires, víctima de actuaciones de los tiempos modernos en los que se pone de manifiesto un castigo universal que opera sobre el ser humano y que consiste en que, cuánto más tenemos, menos nos sobra. Cuanto más ricos somos, más codiciosos nos volvemos.

Cada vecino salía cuando podía o le parecía con su talego y su navaja; se daba una vuelta por el campo, y dentro de éste, La Serna siempre fue la preferida por su alta fecundidad en setas de cardo. Hay que aclarar a este respecto que en Madrona, hasta ese tiempo de la codicia que se nombra, sólo se han recogido y cocinado las setas de cardo y, si las condiciones eran muy favorables para lugares muy especiales, la exquisita colmenilla, llamada aquí mangarria. Nunca se produjo ninguna intoxicación por consumo de setas.


Colmenillas. Foto de la web Cestaysetas.

Nunca faltaron setas para quien las quiso. Cada cual se daba una vuelta y, en cuanto tenía suficientes para un guiso para toda la familia, se volvía con su talego a casa. Nunca se recolectaba con otros fines, y menos del de acaparar, almacenar y congelar como se hace ahora. El campo estaba libre de vallas y alambradas y todo fluía en unos parámetros civilizados y en concordia. No es que fuera un mundo ideal, pero esa era su normalidad en cuanto a esta actividad.

Pero a partir de 1990, aprox., empezaron a llegar recolectores de todas partes, no por afición, sino por ambición y en algunos casos, con fines comerciales, y los prados desde entonces se encuentran esquilmados de forma permanente. Estas hordas de buscadores arramblan con todo tipo de setas, champiñones, hongos, manzanillas, zarzamoras, endrinas…y todo aquello susceptible de ser engullido… no dejan títere con cabeza.

Los prados y las fincas particulares se acotaron con cercas de alambres de espinos, se prohibió el acceso, se pusieron decenas de carteles de advertencia sobre la prohibición e incluso se contratan vigilantes armados para que cuiden las fincas.

Se trata de lugares muy accesibles, cercanos a la ciudad… y esto conlleva devastación. A veces irreversible.

O sea, que todo esto se ha ido a la mierda. Con perdón. Como los ríos, las fuentes, los arroyos, los manantiales, las aguas superficiales...

Panorámica obtenida desde el Cerro de la Viñas en junio de 2020.

La Serna con Sotopalacios al fondo. Junio 2020

 

Panorámica desde el Camino de La Rumbona-Valverde orientación hacia Noreste.

La Serna con Los Calocos al fondo. Junio 2020

 
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