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Rutas Sentimentales XVI

... Amaverde... aMadrona... árboles para la vida...

Tomás, de trece años, le recomienda muy seriamente a su abuelo Lucas que debe subir los precios de lo que vende de la huerta. Insiste en que son muchos los sudores los que cuesta aquí conseguir verduras y eso es algo de lo que las clientas no se dan cuenta. Él hasta hoy tampoco lo sabía bien. El abuelo se parte la taba con la ocurrencia de la criatura. Acaban de escardar unas tablas de patatas, han limpiado de cantos y pedruscos una parte de la parcela y han recolectado una carretilla de ajos, si bien antes de iniciar las tareas han convenido el jornal que el ayudante percibirá por sus trabajos. Huyendo de un sol implacable se han refugiado en el interior del garaje para separar las cabezas de ajos buenas de las regulares, y éstas de las malas. Las seleccionan formando pequeños montones para después entrelazar los tallos secos para obtener las típicas trenzas blancas donde lucen los mejores ejemplares; los demás quedarán agrupados en simples manojos. Hace mucho calor, incluso sobre el piso de cemento recién regado, y Tomás acaba de descubrir que, como si no fuera bastante trabajo el que va desde preparar la tierra, escoger buenas semillas, sembrar, arar, regar, escardar y atender cada planta a diario hasta la pequeña cosecha, también te encuentras con otros inconvenientes tan fuertes como incomprensibles en este oficio: hay que defender a las plantas de los gorriones y otros pájaros dañinos, de las pestes de microbios y bacterias, de los insectos... y también, añade el abuelo Lucas, de los excesos y caprichos de un clima que se comporta como si estuviera loco, de los hielos, de las sequías, del sol. Yo no voy a trabajar la tierra cuando sea mayor, abuelo, resuelve el nieto.


Mientras se entretienen en estas tareas, Tomás le pregunta a su abuelo porqué el campo es así, aquí, en Madrona y en Castilla en general. Él ha estado un agosto en un pueblo de Asturias, en un campamento, y allí todo florecía sin tantos peligros. Allí estaba todo verde y daba gusto con la abundancia de pastos para caballos, vacas, ovejas... que estaban todos bien gorditos, lustrosos. Él y sus compañeros se hinchaban de fruta, sobre todo de nísperos, que ellos mismos cogían de unos árboles colmados..., mientras que aquí la vida parece más difícil... casi un milagro.


-¿Tu quieres saber porqué aquí no tenemos el mismo campo que en otros lugares?

- ¿Tu lo sabes...?

- Algo sé.

- Pues yo también quiero saberlo.

- Cuando seas mayor y te interese mucho conocer bien un asunto lo mejor es que lo averigües por ti mismo, desconfiando de lo que te cuenten; así conseguirás tu propia verdad. Esa es la tarea de los investigadores.

- Yo eso no sé cómo se hace.

- Ya. Ahora no tienes porqué saberlo, hombre; pero ellos se aventuran, como el Indio Yones ese, que tu sí le conoces... buscan los testimonios auténticos, aunque estén ocultos en lugares lejanos; hurgan en libros, documentos, inscripciones; entablan conversaciones con personas interesantes, qué sé yo... hasta en las canciones tradicionales se encuentran pistas que ayudan a ir componiendo la historia.

- Se llama "Indiana yons"

- Ése. Yo no he podido estudiar mucho sobre nuestra tierra pero lo que he pillado, como vosotros decís, lo he ido casando con mis observaciones y con mi experiencia, y así, entrelazando varios hilos he obtenido una cuerda que puede valer para atar cosas. Las primeras preguntas vienen de la observación y de la inquietud por saber, lo mismo que tu acabas de hacer ahora. Si buscas el porqué de las cosas vas encontrando respuestas que se entrecruzan y te llevan a otras preguntas y poco a poco se va haciendo el camino, tu propio camino, y así es más difícil que te enreden con cuentos chinos.

- Yo no sabía que tu pensaras tanto las cosas... entonces sabes más de lo que parece...

- Qué va. Esto son como deberes que se pone uno mismo. Tu haces los que te mandan en el cole y yo hago éstos, que también dan tarea, no creas. Ojalá supiera mucho, como tu dices... Lo primero que sé es que la verdad nunca nos la enseñan. ¿Sabes por qué? Pues porque la verdad es siempre un inconveniente. Yo desde siempre he oído, y tu seguramente también, que cuando el imperio romano conquistó la península, todo su territorio estaba tupido de árboles, formando bosques, sotos, dehesas, montes y hasta selvas, de tal manera que una ardilla podría atravesarlo en cualquier dirección sin necesidad de poner una pata en la tierra... y eso nadie lo discute. Qué te parece.

- ¿Tu eso lo sabes porque trabajaste en la película "La caída del imperio romano"?

- ¿Quién te ha contado eso?

- Mi padre. Y que os lo pasábais muy bien...

- Ya lo creo. Participamos muchos de Madrona como extras, para hacer bulto. Pagaban muy bien y era una diversión. Hacíamos de bárbaros y nos vestían con un atuendo de pieles que no veas y con unas pelucas largas que nos tapaban hasta los ojos. Teníamos que gritar y fingir que peleábamos a muerte contra los romanos. Pero había un peligro: muchos no querían disfrazarse de romano porque entre los que hacían de bárbaros había muchos gitanos, y éstos, en vez de simular que daban golpes con una porra, sacudían de verdad al romano que se pusiera delante... y es que con los gitanos siempre había problemas; cuando se tenían que hacer el muerto, tampoco se estaban quietos ni a la de tres y por su culpa tenían que repetir muchas veces las tomas. Así que venía el encargado hecho una furia y les echaba la bronca: "hay que joderse, que no os mandan más que estar tumbados y ni siquiera eso podéis hacer bien... joder con la cabila ésta...". El caso es que las escenas se rodaron en los montes de Valsaín, siempre entre árboles, porque toda España era así entonces.

- ¿A ti te dieron algún porrazo?

- Me las arreglé para evitarlos, a ellos y a sus golpes.

- Y si en Valsaín pueden vivir tantos árboles, ¿porqué aquí no? Porqué ha desparecido tantísimo árbol.

- Pues Madrona no es de los sitios peores. Si te fijas bien en su término puedes ver que conservamos aun varios sotos de fresnos, varios montes de encinas y chaparros, y de vecino tenemos al gran bosque de Riofrío. Hasta hace unos años también crecían varias colonias de álamos negros. Otro dato importante: cuando España llegó a ser un imperio, a partir de la época de los Reyes Católicos, necesitaron mucha madera para construir barcos, artilugios de guerra y los trastos que necesitaron. Bueno pues esa madera, por lo visto, salió en su mayor parte de los bosques y dehesas de Castilla, de las dos Castillas actuales, que se quedaron rapados, porque en vez de repoblar, dejaron la tierras tal cual, a la intemperie, sin ninguna protección ante las lluvias y torrentes. Los mismos reyes que se hacían construir buenos palacios con estanques y fuentes, entre bosques y ríos, contribuían a la desertización de sus reinos. Ahí tenemos La Granja, Riofrío, Aranjuez… y muchos más…manda carallo…. Desde hace un montón de años los privilegiados de siempre reclaman al Gobierno deudas históricas, derechos históricos... mientras los auténticos perdedores parece como si no tuvieran fuerzas para reclamar siquiera la verdad...

- ¿Por qué no seguían plantando, si sabían que lo necesitarían después?

- Porque los agricultores y también los ganaderos siempre han estado a favor de despellejar la superficie, ganarle terreno al monte para dedicarlo a cultivos y pastos. Algún día oirás hablar de la Mesta, que era una organización muy potente de ganaderos. Y las ovejas precisamente no dejan ni un brote de nada, aunque sea de veneno, cuánto más los tallos de árboles tiernos. Pero a ellos sólo les interesaba el beneficio inmediato.

- Pues no lo entiendo, porque entre árboles siempre sale más pasto.

- ¡Coño que no lo entiendes...! ¿pues no estamos viendo por la tele lo que están haciendo en Brasil con sus selvas, en el Amazonas... y en otras partes del mundo? ¿Tu es que no ves los documentales o qué...?

- Claro que los veo y por si no lo sabes, de la isla de Pascua desaparecieron sus habitantes porque ellos mismos la dejaron sin árboles... cambió el clima y se quedaron sin alimentos, sin animales...

- Ahí te quería ver yo...

- ¿Y cómo sabes tu que en Madrona y Castilla, si no hubieran talado los árboles ahora serían como una selva?

- No; no digo yo que fuera una selva. Pero observa: tu ves como el bosque de Riofrío está cercado por una valla. Bien, pues en la parte del bosque todo es vegetación espesa y en la parte de Madrona son tierras de labor y laderas peladas... ¿tu has ido al Palacio de Riofrío?

- Lo he visto desde fuera, cuando nos has llevado de hornazo al Simarrón.

- Vale. Pues fíjate bien en la vegetación que crece tranquilamente allí: las laderas de piedra caliza están colonizadas por enebros y sabinas, que prenden en la misma roca y, a su paso, son capaces de crecer como si tal cosa. Parece algo milagroso. En las riberas de los ríos y arroyos, en sus prados, crecen los fresnos formando sotos, rodeando a estos sotos incluso mezclados con ellos crecen los álamos negros o negrillos; bueno crecían porque ahora están en retirada...; en los cerross y en sus laderas están las imponentes encinas, algunas con cientos de años...

- ¿En retirada...?

- Sí, desaparecen porque les ataca una peste que se llama grafiosis. Y, como no dan con el remedio, la destrucción avanza porque, al ser un enemigo nuevo, les ha pillado sin defensa y es tan fuerte que no se hacen con él. Precisamente la mejor especie de árbol de este territorio: con su madera se hacían carros, trillos y herramientas para las labores del campo. También se sacaban pies derechos, cabrios, sopandas, jabalcones... para sustentar casas, tejados y tinadas; también traviesas de las vías del tren... Valía para todo porque era una madera resistente, duradera y noble a la hora de trabajarla. Un árbol que colonizaba los barrancos y laderas más difíciles, muy austero, y que se multiplicaba con gran facilidad en este clima... su desaparición es una canallada y un desastre para estas tierras... los del Bosque de Riofrío eran muy antiguos, altísimos, con unos troncos gigantescos, casi como el de las secuoyas que vemos en los documentales... se les veía desde kilómetros de distancia y si de noche te acercabas a ellos daban miedo y toda la pesca...

 

Vista desde La Cuesta Arnal de dos sotos de Madrona. El de Herreros en primer término y, separado por El Lomillo, el de La Grajera. Al fondo la lastra de dividida por una gran pared de piedra. En el cuadrante superior derecha, el Bosque de Riofrío, pleno de vegetación. (Foto F.A.C. 2007)

- Algunas cosas no las he entendido, pero ya me lo explicarás. Según lo dices a mi también me da pena... ¿y nosotros no podemos plantar semillas y ayudarles?


- Podemos, pero la grafiosis, por lo visto, se transmite por el aire, es una bacteria, creo, y puedes plantar cuántos quieras y contemplar su muerte antes de que cumplan los tres años... creo que ataca la misma médula del tronco, por lo que es difícil combatirlo desde fuera. Les han aplicado sustancias contra esa bacteria desde fuera y desde las raíces, pero no se ha conseguido nada.

- Me dan mucha pena los pobres álamos...

- A mi también, y todavía no me hago a la idea de que desaparezcan del todo. Bueno, volviendo a nuestro tema, tu fíjate bien en la línea que divide un territorio del otro. ¿Por qué un lugar está completamente verde y lleno de vida: recuerda los ciervos, gamos, zorros, águilas y otros animales que viven en este bosque... y, de repente al otro lado de la pared, no hay nada, sólo rocas de caliza peladas y tierras de labor...? el mismo territorio, la misma superficie, el mismo clima... y fíjate en el contraste. Ahora, dame tu la explicación. Te dejo que lo pienses un poco.

El abuelo Lucas se va a por un botellín de cerveza del tiempo y Tomás sólo piensa en cómo puede este hombre disfrutar de una cerveza del tiempo en el día más abrasador del verano, cuando no hay quien pare ni a la sombra... pero se le hace la boca agua cuando ve que para él trae su bebida preferida: una sandy bien fresquita del frigorífico.

- Qué me dices....

- Es fácil: el bosque de Riofrío está protegido y no entran los tractores ni los rebaños. Si nosotros dejáramos crecer la vegetación tal cual, Castilla podría ser como dicen que era en tiempos del imperio romano.


- Entonces estamos de acuerdo. Los árboles tienden a colonizar territorio por su propio impulso y lo hacen de varias formas; por la propagación de sus semillas y por afloración de sus raíces que se hacen tallos y después troncos... así, sin dar un ruido pero sin parar, se multiplican y se expanden, pero además cuentan con algunos ayudantes...

- ¿Ayudantes para plantar árboles? Serán los jardineros, o mi padre, que siembra semillas en macetas.

- Son unos jardineros especiales. Verás, hay algunas aves que esconden en sitios alejados semillas que recolectan directamente de los árboles cuando el fruto está en sazón. Lo hacen para formar una despensa a la que acudir cuando la comida escasea; las entierran ellas mismas y después no las recuperan, bien porque no se acuerden, bien porque no las han necesitado; el caso es que estas semillas olvidadas germinan y nacen los brotes de lo que, con un poco de suerte, será un árbol.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque yo he ido a arar las tierras siendo más pequeño que tu, fíjate, con una yunta de bueyes y un arado romano, y he visto muchos brotes de árboles en las tierras que venían de semillas escondidas por los pájaros... esto lo he comprobado yo mismo, o sea que no me lo discutas...

- ¿Y los arrancabas?

- No tenía más remedio porque estaban en la tierra de labor y si las dejáramos formaríamos el monte que te decía antes, aunque las ovejas acabarían con ellos más pronto que tarde... el arado las levantaba, pero las que habían enterrado en las laderas y otros lugares no cultivados, sobrevivían. Pero, claro, nosotros vivíamos de los cereales. ¿Conoces El Ocino?

- Algo le he oído a mi padre, pero no lo he visto de cerca, no he andado por allí.

- Un día vamos a comernos allí la merienda. Bueno pues en aquel paraje se está produciendo una repoblación que le debe mucho a los pájaros. Ya te lo enseñaré un día.

- ¿Y qué pájaros y qué semillas son?

- Que haya visto yo directamente son los grajos, las chovas, los mirlos, los tordos, y puede que alguno más, los que entierran o esconden bellotas. Las ardillas también esconden nueces y frutos secos, y habrá más casos, no creas... no tendría nada de particular... qué me dices.....

- Que sí son buenos ayudantes sí, y además lo hacen gratis...

- Eso, no como otros, que buen jornal se llevan, sí... -Lucas ríe mientras le guiña un ojo a su nieto, al que la indirecta le ha puesto colorado.... Bueno, entonces, ¿estamos de acuerdo en que ha sido el hombre el que ha estropeado el curso natural de la vegetación o no?

- Somos la leche. Los pájaros y la tierra ayudan y nosotros la cagamos... me quedo mal, abuelo, con saber estas cosas...

- Ya te dije antes que la verdad es el mayor inconveniente. Pero te digo más... después de dejar todo el territorio para cereales y pastos, Segovia y toda Castilla se convirtieron en una potencia lanera, debido a la gran cantidad de rebaños que pastaban en la tierra colonizada. A más pastos, más rebaños. Aquí se producía lana en cantidades enormes y también, en su tiempo, hubo muchos telares con los que confeccionaban de forma artesanal los tejidos. Las mantas de Zamora fueron las mejores del mundo, pero ya en tiempos más modernos ¿sabes donde instalaron los políticos las fábricas de tejidos...?

- Donde no había pastos ni rebaños... eso ya lo hemos hablado en mi casa.

- Exactamente. Igual ha pasado con la madera y con otras materias primas, casi todas: unas regiones las producen y en otras, las privilegiadas de siempre, se crean las industrias y los puestos de trabajo. Castilla produce enormes cantidades de materias primas, pero se transforman y dan trabajo en otras regiones que se quejan hasta el aturdimiento de que no se respetan sus derechos históricos, sus hechos diferenciales y otras milongas... pero que lo único que pretenden es conseguir más privilegios, con lo que llevan tragado... ¿sabes lo que significa privilegio?

- No muy bien pero suena a algo bueno.

- Nos ha jodido, y tan bueno... un privilegio es una ventaja o un beneficio, siempre a mayores, que alguien obtiene sin motivo, por su cara bonita, por pelota o por antojo de quien los reparte... y a costa siempre de los demás, claro, porque lo que cada uno obtiene por su esfuerzo no es ningún privilegio, sino un mérito que le pertenece.

- Y por qué ocurre eso si todos lo vemos...

- Eso ya sería meternos en profundidades. Pero te puedo decir que interviene y mucho la política, el chanchulleo, la corrupción, las malas artes y también la falta de rebeldía de quiénes se lo consentimos. Y ten claro siempre esto: los privilegios no caen del ciero, siempre son a costa de los demás. Aquí lo que unos ganan otros lo pierden, pero los perdedores se dividen a la hora de interpretarlo y los ganadores, con el repartidor, se sonríen. De tal manera que los privilegiados pueden mantener intactos sus recursos mientras los demás apoquinan. Siempre hay unos que juegan a perdedores y otros a ganadores. Fíjate en cuántos países ricos en materias primas sus gentes se mueren de hambre... ¿y quién se beneficia de sus recursos? Los listos. Los países avanzados y privilegiados. Pues aquí pasa algo muy parecido.

- ¿Pero los bosques que quedan no los cortarán, no?

- Ahora están más protegidos pero no de los incendios y las plagas, por eso tenemos la gran tarea de recuperar la vegetación que pertenece a este lugar, porque si avanzamos por ese camino.. ¿tu has visto cómo cuánta más vegetación, más lluvias, y cuánto menos de lo uno menos de lo otro? Piensa en los desiertos... ¿Llueve porque hay más vegetación o ésta es consecuencia de las lluvias? ¿tu qué piensas?

- Volvemos con las preguntas... es como si fuera un examen de clase...

- Y lo es, pero aquí se puede copiar..., bueno dime anda...

- Yo creo que funciona unido.

- Eso creo yo también, que lo uno lleva a lo otro y lo uno no puede existir sin lo otro. Por eso si el hombre destruye la vegetación, espanta a las lluvias y si interviene a favor, las llama. Aunque son transformaciones que necesitan un tiempo, la naturaleza siempre devuelve lo que recibe.

- ¿Qué hace?

- Pues que ella, si no le pertenece, no se guarda nada, ni bueno ni malo. Si tu la das algo bueno, ella te lo devuelve; por ejemplo, si plantas árboles, te devuelve lluvia, madera, frutos... todo. Y si le echas petróleo en el mar, otro ejemplo, te lo devuelve en forma de peces muertos y el petróleo te lo deposita en las playas, porque no quiere quedarse con nada ajeno. Si contaminas los ríos, te devuelve los peces muertos, porque entiende que no los quieres... si talas los árboles, deduce que ya no necesitas agua para regarlos, y deja de llover allí, aunque en otras partes se inunden por el mismo motivo, porque ella no quiere nada para sí misma... si tu tiras un plástico al campo, otro ejemplo más, ella te lo devolverá porque no lo puede digerir. Entonces, puede que algunos animales se envenenen con lo que tu has tirado, que además se contamine el suelo y finalmente, el viento, lo traslade a algún pueblo o ciudad ¿qué te parece?

- Que tienes razón, me acuerdo de las playas llenas de alquitrán, y esto me hace pensar en que somos los más bestias del planeta...

- Eso es. Los humanos somos los únicos seres vivos que ensuciamos y destruimos lo que más necesitamos para vivir: el aire, el agua, la vegetación, la tierra... no creas que la cosa no tiene narices...

- Eso es como un suicidio.

- Claro, pero como somos muchos pues nos entretenemos en echarnos la culpa unos a otros, que es una forma de escurrir el bulto, de no encarar los problemas, y mientras tanto la Tierra no se despista y sigue en la línea que te decía antes, despacito pero firme. Cada vez menos verde, cada vez menos agua, alimentos contaminados... subida de las temperaturas... el clima que se nos vuelve loco... y toda la pesca.

- Algunas parcelas las han plantado de pinos...

- Tampoco está bien que se planten pinos en tierras que no son buenas para eso. En cada terreno hay que plantar los árboles que corresponden. Los pinos, en caso de incendio, son como latas de gasolina en el campo... su resina y su madera arden como la pólvora y el fuego no se puede sofocar. Cuando todo está abrasado, no crecerá nada por sí mismo, porque sus raíces, al contrario que la encina, no reproducen nuevos ejemplares. Tiene que ser con semilla. Eso por una parte y por otra, sus hojas, que se llaman acículas, vuelven ácida la tierra y la dejan inservible para otras especies. Los pinos van bien en arenales, pero no en tierras de labor. Los plantan porque crecen pronto y dan verde, pero no son buenos, como los eucaliptos ¿sabes cuál son?

- Sí los conozco. En el Retiro de Madrid hay algunos y cuando llueve huelen muy bien, como a menta...

- Ésos. Bueno pues necesitan tanto agua que desecan el suelo y además, transforman la tierra para convertirla en estéril, la dejan esquilmada, sin nutrientes. Son depredadores.

- Entonces ¿por qué los plantan?

- Pues por lo mismo, crecen pronto, no necesitan cuidados especiales y los pagan bien para destinarlos a pasta de papel...

- No damos una...

- Damos todas, pero sólo a favor de nuestra codicia, que choca de frente con la naturaleza, y no la respetamos.

- Y para Castilla ¿qué árboles son los mejores?

- Hombre, como se suele decir, ancha es Castilla. Y por eso caben todas las especies, pero en cualquier parte hay que conocer la clase de terreno y el clima. Observar después cuáles son los más resistentes a las sequías, las plagas, los incendios, los hielos, los pastoreos... en general en Castilla no caben ni las plantas señoritingas, ni los árboles enclenques, ni cualquier otra especie que reclame muchas atenciones. En las vegas se desarrollan bien los fresnos, los nogales y los álamos. En las montañas, en sus alrededores y en las umbrías, los pinos madereros, como los de Valsaín y El Espinar. En los terrenos más austeros, las encinas y los robles. Y luego están algunos que son todo-terreno puros, como los cipreses, las sabinas, los enebros y los álamos negros que crecían en cualquier parte que les dejaran sin pedir nada a cambio. Qué árboles más buenos. Éstos y las sabinas, los mejores.

 

Un enebro, a la izquierda, parece sostener un idilio con una sabina. No es frecuente encontrarlos tan juntos como lo están aquí estos dos. (Foto F.A.C. - 2006)

- Mi padre ha intentado plantar sabinas pero no lo ha conseguido.

- Ya sé que ha estado tras ello y hasta se compró un libro en el ICONA sobre semillas para aprender alguna técnica de reproducir esta especie, pero ha sido imposible, por lo visto. Esto no es como plantar piñones o cipreses... las sabinas a veces también hacen aflorar sus raíces y así van conquistando terreno. Ha sido tu padre quien me ha contado que si quieres conseguirlos de semillas se complica la cosa. Ha leído que sus semillas han de pasar por el estómago de un rumiante, una vaca por ejemplo, para que los ácidos de su estómago hagan desaparecer varias capas que protegen de la semilla hasta dejarla preparada para que, si tiene la suerte de enterrarse pueda germinar. Estos animales también ayudan a su propagación, no sólo las aves, como hablábamos antes. Luego tienen que tener otro toque de suerte más: si nace, se tiene que librar de las ovejas, las cabras y cualquier otro animal que la pueda comer... Si tu quieres plantar las semillas, tienes que tenerlas un año entre una capa de tierra especial y otra de ceniza en unas condiciones muy exigentes en cuanto a humedad, temperatura y luz... el coplero. Cumpliendo todas las instrucciones a rajatabla sólo unas pocas, unas cinco de cada cien tendrían alguna posibilidad de salir adelante... por eso estos árboles nunca los encontrarás en viveros... son los más rebeldes de todos. Eso sí, una vez que crecen nada les destruye: ni los hielos, ni las sequías, ni los bichos, vientos o tempestades... nada, no hay quien pueda con ellos. Son capaces de conquistar una ladera de rocas calizas...y además siempre están verdes y su madera nunca se pudre... igual que los enebros, otros que lo resisten todo...

Hace ya un buen rato que acabaron con los ajos y, sentados en unos taburetes de madera, siguen la conversación. El abuelo ha sacado de una especie de fresquera una sandía y sin mediar palabra, como si fueran antiguos compañeros de trabajo, se están dando un homenaje a modo de aperitivo con una simple sandía que, en esas condiciones, saborean como un manjar.

Lucas piensa que si un hombre como su abuelo, que no ha estudiado en ningún instituto, se da cuenta de la situación, conoce perfectamente el problema, e incluso hable de soluciones, no puede ser que donde se toman decisiones, en esas oficinas tan elegantes y luminosas, llenas de ordenadores y especialistas en cualquier cosa, desconozcan este problema tan serio. Y el comprobar que las cosas se hacen tan mal a sabiendas del daño que se causa le llena de zozobra y consternación, aunque él lo exprese a su manera.

- A mi me gustaría muchos árboles, que no hubiera un hueco sin árboles, pero no sé por donde empezar...

- Ya tendrás tiempo de hacer algo. Por ahora basta con que tengas claras algunas ideas. La Naturaleza no se guarda nada para ella. Todo lo que se la hace, lo devuelve ampliándolo.

- ¿Por qué?

- No sabemos; pero es cierto que se gobierna por unas leyes que a nosotros nos caen muy mal, estorban a nuestra codicia.

- ¿Y quien puede más?

- Los humanos ya podemos más. Ya hemos conseguido material suficiente para destruir el planeta definitivamente no una vez, sino varias veces, por si acaso. Y ya todos coinciden en pensar que, aun sin arrojar ningún artefacto atómico, este ritmo de vida que llevamos le hace tanto daño al planeta que no se podrá sostener por mucho tiempo más. Está tocado ¿lo pillas?

- No te rías abuelo que no es ninguna broma...

- Es que no quiero que te pongas triste. La tristeza nos estorba para pensar bien y actuar. Lo que más me llama la atención es esta cuestión: lo que ha permanecido vivo y sano durante cientos y cientos de siglos, nosotros no lo hemos cargado en unas decenas de años. Fíjate que poderosos y que importantes somos... y ahora ya nos lanzan mensajes de que salvemos el planeta. ¿Salvarlo de quién...? De nosotros mismos... date cuenta hasta dónde hemos llegado... pero no pongas esa cara hombre... si las cosas tienen solución se solucionarán y si no la tienen pues será lo que tenga que ser.

- Ya, abuelo, pero las soluciones no llegan solas, tenemos que encontrarlas y aplicarlas nosotros mismos y el tiempo, como tu dices, siempre juega en contra... y no sé cómo vamos a ir para atrás, ahora...

- A lo mejor no se trata tanto de ir para atrás, así por las buenas, con la misma ceguera que hemos ido hacia adelante, como de conocer qué pasos se estamos dando mal y desandarlos, pero sólo los equivocados....

Tomás ya no contesta; y no es por el calor ni por el cansancio físico, que apenas le suponen nada en comparación con este panorama humano tan decepcionante. Se le ve bloqueado por la consternación y la impotencia y, aunque el abuelo le ha traído otra sandy para cortar un poco la deriva de la conversación, ni siquiera la ha probado. Hoy ha conocido varias cosas del mundo de los mayores que ya no le son ajenas, porque es un mundo que inevitablemente se acerca deprisa, siempre más rápido de lo que quisiera y, además, con unos colores que él nunca había pintado en sus dibujos de galerías subterráneas y de batallas ensangrentadas.

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Fernando A. C. Agosto 2009.

..árboles para la vida...