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Rutas Sentimentales XXI

Los buenos pastores

El oficio de pastor tiene características genuinas que le han llevado a ser elegido para la simbología e iconografía de algunas confesiones religiosas. Por ejemplo, la católica divulga imágenes de Jesucristo con el nombre del Buen Pastor y la protestante designa a sus sacerdotes como pastores. Los textos sagrados de sus doctrinas recurren con frecuencia a la ejemplificación de ciertas virtudes de pastores y sus rebaños con el propósito, creo, de hacerse entender y acercarse al común de sus seguidores. En los de mi generación, esto hizo que cuando en la más tierna edad (unos siete años) en la que recibimos clases de catequesis, se nos quedara grabada una imagen idílica de este oficio, rebosante de libertad y en contacto permanente con la madre naturaleza a través de unos animales dóciles, amigos y generosos.


Comparte este oficio, con otros, la cualidad de ser de los más antiguos del mundo, si no el que más. De otra parte, la realidad actual nos devuelve una situación muy distante, si no contraria, a aquellas imágenes transmitidas en catequesis y homilías. Yo siempre la he conocido como una profesión desprestigiada, mal remunerada y con servidumbres y exigencias que ponen a prueba al más resuelto. Tradicionalmente su desempeño ha estado reservado a hombres y requería una buena salud para aguantar lo que el clima, las distancias, la intemperie y otras luchas le depararan. En Castilla el clima tiene de todo menos bondad y en sus campos se puede disfrutar de buenos momentos, siempre y cuando se pueda elegir el cuándo, el dónde, el cómo y el cuánto.


Entre las servidumbres aludidas se encuentran dos muy comprometidas: el número de horas y el número de días de trabajo. Entre las primeras, las que llenan el espacio de sol a sol, y entre las jornadas, tantas como días tiene el año, si bien en los días más calurosos se establecen recesos por imposiciones de causa mayor. Una consideración hacia los animales, más que hacia sus cuidadores.


Otra servidumbre se refiere a la esencia del oficio: la de tratar en todo momento con animales; esto supone una lucha permanente. No hay tregua. En este caso con las ovejas que, por muy bíblicas y santas que parezcan, son bichos que, como todos, tarde o temprano te la van a jugar, o te la pueden jugar en el momento menos pensado, porque es una condición inherente a su propia naturaleza el no saber estar a la altura de cada circunstancia, por lo que para mantenerlas en cierta armonía y evitar el desmadre, se requiere una autoridad que se ejerce a través de garrota, honda, perros de carea y unas habilidades de gobierno, que son en definitiva las que distinguen a unos profesionales de otros. De las cabras ya ni hablamos, pero recordemos que este animal es un elemento recurrente en la simbología satánica. ¿Qué se puede opinar de un animal que se complace en escalar hasta los tejados y en estropearlos?


En todo momento de su jornada los pastores deben estar atentos a la situación de cada res, para advertir cualquier cambio que altere su normalidad y así anticiparse a enfermedades, padecimientos, pérdidas y contagios. Cada piara podía tener varios cientos de animales, con lo que este seguimiento individualizado se multiplica. Por lo general, los pastores conocen y diferencian a cada uno de los animales a su cargo.
Asimismo, con frecuencia los pastores deben ejercer como veterinarios para curar y cauterizar heridas menores, atender pequeñas enfermedades, ayudar en partos… también cargar con los recién nacidos en la jornada para que no se pierdan o los devoren las alimañas y satisfacer cualquier necesidad que se detecte. Las incidencias e imprevistos en el trato con animales son constantes. En este apartado recordamos también la temible enfermedad del carbunco, bestia negra para los rebaños definida por el DRAE como sigue:


Enfermedad contagiosa, frecuente y mortífera en el ganado lanar, vacuno, cabrío y a veces en el caballar, que es transmisible al ser humano, en que se denomina ántrax maligno, y está causada por una bacteria específica.


Siempre fue una enfermedad muy temida por lo difícil de combatir y controlar, y por las altas posibilidades de transmisión al ser humano, en cuyo caso debería superar un verdadero infierno para sobrevivir (mejor no recordar los síntomas), cosa que no siempre se conseguía. Creo que en Madrona nunca se dieron casos, graves o con consecuencias, de esta enfermedad.


Hasta la mecanización del campo en la década de los 60, fue tradición que el día de San Miguel, fuera el señalado para el cumplimiento y, en su caso, la renovación o no de los contratos verbales de pastores y o sus condiciones; en caso de no renovación, por la parte que fuere, ambas partes quedaban libres para "ajustarse" o "arreglarse" con otro patrón o pastor. Si ambas partes eran conformes con la continuación, convenían los arreglos oportunos. Como en otros gremios del mundo agrario, unos cambiaban más que otros y también hubo quienes se mantuvieron casi de por vida con el mismo patrón. En el ajuste, o contrato verbal, a veces ambas partes incluían una cláusula por la cual el pastor podía introducir en la piara, un pequeño número de cabezas propias que pastarían unidas a las del rebaño principal, sin coste para el pastor. Esto suponía una gran mejora para la confianza del dueño, dado que al pacer indistintamente en la misma piara, al pastor también le convenía que todo el conjunto se mantuviera en orden y obtuviera el mejor provecho.


Al día de hoy (2019), en Madrona no existen desde hace varios años ni rebaños ni pastores en activo. Muy atrás quedaron los tiempos en los que las disputas por la obtención de cupos de pastos a menudo enemistaban a familias de vecinos. Los términos de Madrona, que comprenden los dos anejos de Torredondo, con su casa agrícola de Abadejos, y Perogordo; junto con las casas agrícolas de El Sotillo, Escobar, Valsequilla, Los Paredones y La Rumbona, ofrecen pastos para varios miles de cabezas. No es necesario describir los beneficios que el pastoreo aporta al campo, en un tipo de relación en la que el provecho es mutuo. Ahora el campo se muestra desatendido, sometido a la maraña, desordenado, desaseado con un desperdicio de recursos muy difícil de comprender. Tampoco es consuelo el que esta circunstancia se repita de pueblo en pueblo. Se habla de la España vaciada y encontramos muchas dificultades para explicar cómo una finca que puede dar legumbres exquisitas se mantiene perdida o como un campo que podría alimentar a miles de ovejas, permanece rebosante de broza que, una vez seca, es como almacenar gasolina en espera de una deflagración.


Las personas no podemos contravenir el orden natural que marca la vida en todas sus manifestaciones; tampoco a la Naturaleza de un mundo que no nos pertenece, ni en todo ni en parte, porque tan sólo estamos de paso, de forma provisional y durante un tiempo cortísimo. Aun así el ser humano es capaz de generar destrucciones y alteraciones de todo punto irreversibles, por lo que sus quebrantamientos del orden natural revertirán, si es que no lo están haciendo ya, sobre nuestras vidas de múltiples formas, algunas de ellas ya presentes y reconocibles en cualquier informativo.


Es este panorama tan desolador el que motiva el presente escrito, cuyo único propósito es el de recordar, aunque sea en pequeña e injusta medida, a los últimos pastores que pasaron por estos términos y contribuyeron, lo supieran o no, al equilibrio del orden natural en el campo. La relación que sigue la componen aquellos que coincidieron en más o en menos, con mi vida en Madrona.

Pastores con nombre propio

Entre los últimos pastores que, en la medida que fuere, he tenido la oportunidad de conocer se encuentran los siguientes.


Justo Matías Estebaranz (casado con Juliana de la Cita Barahona, que falleció en el parto de Tasio, su sexto hijo). El Tío Justo, como siempre se le nombró aquí, fue un hombre tan peculiar que desde hace tiempo tiene espacio propio en esta página, en Rutas Sentimentales, apartado Hornacina. Sus muchas particularidades lo elevan a la categoría de personaje para nuestra humilde historia. Como vivió enfrente de la casa de mi abuelo Natalio, tuve la oportunidad de contactar con él y, sobre todo, observarle en múltiples lances: porfías, relatos sobre lobos… o simplemente entregado en silencio a sus mimbres humedecidos, con los que componía excelentes cestos y otros objetos de uso cotidiano.

Eloy, casado con Fidela García Sansegundo, sin hijos, creo que trabajó para Dionisio Sonlleva Antón (Dioni). Fue vecino mío cuando vivió en la casa de Primitivo, en la Plazuela de Oriente. Después cambió su residencia al adargue de la Calle Cantarranas. Yo lo recuerdo como buena persona en primer lugar, como Fidela, y después como muy activo, casi nervioso, incansable, siempre en movimiento y con una mirada profunda.

Mauricio Matías de la Cita (+2018, 94 años, casado con Juana Álvaro Sanjuán; Mauri de la Juana, y también Juana de Mauri; tanto monta). Hijo de Justo y Juliana, trabajó la mayor parte del tiempo en el caserío de Los Paredones, para la familia de D. Agustín Hernández Vinuesa, farmacéutico que compró todo el caserío hacia 1920 y al que Mauri definía como hombre de mucho fuero. Mauri no fue tan extrovertido ni polifacético como su padre, pero su personalidad transmitía sosiego, sabiduría y concordia. Conocía todos los episodios y poesías de su padre, pero él también tenía su propio bagaje sobre los términos de Madrona en los que experimentó vivencias únicas. Por varias razones también tuve la oportunidad de mantener con él, y a su ritmo, muchas conversaciones. Fue el mayor experto que he conocido en la historia de Bernuy de Palacios.


Alejo, que estuvo con Paco de la Calle de Castro toda la vida, en cuya casa vivió y en cuya familia se le consideró y trató como un componente más. Aunque no nació aquí, su vida no conoció otros términos. De personalidad muy similar a la de Mauri, comparte con sus colegas aquí nombrados el haber sido una persona en cuyo paso por la vida sólo se registran aportaciones positivas a la sociedad en la que vivió, y ningún episodio que pueda menoscabar, ni siquiera ensombrecer, su buen proceder.


Flores Yubero (casado con Benita). Vivió en la calle Comadres, a continuación de la casa de la Sra. Antonia, hoy de su bisnieto Hugo Otero. Estuvo durante unos años con las piaras de Dionisio Sonlleva Antón, Dioni, pero después toda la familia dejó el pueblo. Padre de Facu y de Mariano, al que vimos como escolta de Felipe González en su época de presidente del Gobierno.

Bonifacio Arribas Merino (+2012, 79 años, atropellado en la ciudad de Segovia, junto a su esposa, Eufemia Peñas Cubero, en un paso de cebra por un coche. Ambos fallecidos en el mismo accidente), trabajó en su mayor parte para el conde de Velarde, en caserío de Escobar de Tardajos. Boni fue amigo de todos los colegas que aquí se nombran, con los que compartió no sólo oficio, sino su bonhomía en plenitud de todo el significado que de este concepto da el DRAE: afabilidad, sencillez, bondad y honradez en carácter y comportamiento. En el Anecdotario de El Soportal se da cuenta de esta faceta de Boni.

Goyo, con las piaras de Dioni, vivió en la casa de la fragua, donde ahora está la de Juan Antonio Sonlleva y Fuencisla. Después de esa etapa se fue a vivir a Fuentemilanos.

Emilio Asenjo. No ejerció de pastor en Madrona pero en sus primeros años de juventud le tocó hacer varias trashumancias de las que atesoró vivencias irrepetibles de todo tipo. Vinculado a Madrona por una propiedad que adquirió en los años 70, en la que construyó instalaciones destinadas a guardar su piara y la bautizó como El Chozo, en recuerdo de las cabañas que utilizaban en las trashumancias. También es un hombre afable, sencillo, ungido por una sabiduría adquirida de la observación y la experiencia. En la sección Anecdotario se relata una de sus anécdotas ocurridas en una de las trashumancias.

Ambrosio Moreno, (casado Vicenta Rincón de la Puente y ya jubilado) procedente de Abades pero afincado desde siempre en Madrona, trabajó en varios caseríos pero en su última etapa, que abarco bastantes años, estuvo con Emilio Asenjo. También amigo de Mauri y de sus colegas coetáneos. Muy comunicativo (al menos conmigo y con mi familia), conoce los términos de Madrona, incluidos los dueños de las fincas, como la palma de su mano; así como las peculiaridades de cada paraje en cuanto a lo que pueda ofrecer al rebaño. Amaba su oficio y también lo ejerció de forma magistral. Ha participado en casi todas las ediciones de Marcha a Paso Pastor y hemos tenido la oportunidad de aprender y disfrutar con él parte de lo que atesoró en toda una vida recorriendo estos campos.

Entre los actos de la semana cultural de cada año se encuentra uno que goza de especial aceptación y participación, con el nombre de Marcha a paso pastor. Está organizada por Elías Sánchez Álvaro y Carlos Alfredo Bernardo Fuentes (cuyo suegro, Antonio, fue pastor en Sangarcía) y es, sobre todo, un homenaje al mundo de los pastores en el que los asistentes participamos mediante la rememoración y el contacto somero con los senderos, campos y horizontes tantas veces por ellos recorridos. En 2019 será la vigésimo primera.

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A una extensión de este artículo, se accede desde este enlace Ganado lanar.

Fernando A. C. junio 2019.

 

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