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Abandono de puentes históricos ... Publicado en EAS, 8 de abril de 2017

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La desidia de los cargos públicos contribuye a la destrucción de tres puentes con valores históricos, arquitectónicos y culturales.
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Los puentes son objetos arquitectónicos que contienen una gran carga simbólica. El simbolismo que contienen no es sólo teórico, ya que se sustenta sobre realidades bien contrastadas. Por eso, a la hora de diseñarlos y construirlos, hubo un tiempo en que se tenían muy en cuenta estos valores simbólicos junto con el entorno donde servirían por los siglos de los siglos, a todas las personas sin distinción, de tal manera que, en función de estos factores, al hecho cierto del buen servicio que habrían de prestar como primera condición, se los dotaba de gran belleza, no equivalente en la mayoría de casos a complejidad. Hoy se imponen otros criterios que suelen confluir en el uso masivo del hormigón. Muchas marcas comerciales eligen la figura de un puente como su emblema porque su adn contiene conceptos como concordia, unión, superación, avance y entendimiento, entre otros. No en balde, en los conflictos bélicos, lo primero que se destruye son los puentes.

Puente sobre el Río Eresma, en el paraje conocido como Los Lavaderos, con gran acumulación de sedimientos.

A poco que nos fijemos, vemos puentes que ponen de manifiesto el cariño con el que se diseñaron y percibimos el sentido de la belleza que transmiten, transmisión que es la esencia de las obras de arte, por eso son fotografiados repetidamente y figuran en las guías de viajes como puntos de visita obligada. A la ciudad de Segovia la ha tocado disfrutar y cuidar del mejor puente romano del mundo, el puente por excelencia, el Acueducto. Esta ciudad es conocida en el mundo entero por esta milenaria obra que, hasta la fecha y obviando la infausta frase de cierto alcalde pasado, de cuyo nombre no quiero acordarme, el cual, en alusión a su posible deterioro letal afirmó, para tranquilizarnos, que todo tiene un principio y un final, (en las hemerotecas se encuentra con facilidad), esta ciudad está cumpliendo con ese cometido. Segovia vive, por desgracia, casi por entero de su pasado. Vive principalmente del monocultivo del turismo. Un turismo que se basa no en sus playas sino en sus conjuntos históricos, culturales y paisajísticos. Este tema, que puede tener muchos desarrollos, no es la cuestión principal de esta crónica, pero se señala porque el caso que nos ocupa comprende bienes históricos que no se cuidan.

 


Se trata de tres puentes históricos situados en el cuadrante sudoeste y, de ellos y como casos más graves, los de Perogordo y Torredondo, porque son víctimas de un proceso de deterioro que afecta a su integridad y a su estructura. Además de compartir esta lamentable situación, contienen varios elementos comunes que contribuyen a su importancia e interés. Están construidos en piedra caliza de excelente factura; se encuentran en parajes atractivos y disfrutables; son históricos porque han prestado servicios durante varios siglos sin merma ni menoscabo de su integridad y, al mismo tiempo, actuales, porque no han perdido su uso y utilidad. También comparten, y esta es la constatación más vergonzante, la cualidad de su proceso de destrucción que, salvo un derrumbe en el de Perogordo, en ningún caso ni aspecto se debe causas naturales, sino que es una sola y por entero artificial y, por tanto, evitable, por cuanto consiste en el robo de sus piedras por parte de individuos saqueadores. Desalmados que extraen las piedras y se las llevan. Este tipo de depredación queda impune, por lo que los delincuentes cuentan con este gran favor regalado por la desidia de los cargos públicos. Desde la creación de la página Cuaderno Ð Madrona, en 2001, se denuncian ya desde su portada estos hechos, y en este periódico también se han puesto de manifiesto, pero los cargos competentes de la ciudad de Segovia, hasta ahora, han hecho oídos sordos, lo cual y en consecuencia, les convierte en cómplices, por lo que habría que plantearse el dirigir la denuncia de este estado de abandono y depredación consentida ante las asociaciones de Ciudades Patrimonio de la Humanidad e incluso presentarla ante la misma UNESCO.


Es cierto que se trata de construcciones que no se encuentran en el núcleo histórico y monumental de la Ciudad de Segovia, pero pertenecen a ella, tanto jurisdiccionalmente como por mantener una cercanía física de escasa distancia y unos vínculos culturales patentes e irrenunciables para la misma ciudad, como veremos.


Puente de Perogordo

Puente sobre el Arroyo de Tejadilla, en el término de Perogordo. Le falta la mayor parte de su pretil.

Es el que salva, con solidez y contundencia, la vaguada del Valle de Tejadilla. Históricamente forma parte del Camino Real de Ávila, por lo que su construcción, sin constatar por mi parte, a tenor de sus características, se remonta al establecimiento de este camino real, en la Edad Media. Se trata, confirmado este dato, de una construcción medieval de excelente factura cuya estructura básica se mantiene impecable, si bien la mayor parte de las piedras labradas de sus pretiles han desaparecido, víctimas de un saqueo continuo. Como peculiaridad, estos pretiles están coronados con piedras de granito labradas a cuatro caras, y encadenadas entre sí con engarces de hierro y plomo. Estos engarces han desaparecido.
En el conjunto de este puente, en el relleno que sigue al contrafuerte para mantener el nivel de su calzada, se ha producido un derrumbe, tal vez debido a causas naturales, probablemente filtraciones, que afecta gravemente a la integridad de esa parte esencial, cuya desatención facilita el avance derrumbe, además del peligro evidente de caídas que supone este hundimiento.

Derrumbe en el talud del Puente de Perogordo, con peligro para los transeúntes y para el propio conjunto del puente.

Este camino, como su nombre indica, fue la vía principal de comunicación entre Segovia y Ávila durante varios siglos y sirvió como paso exclusivo para salvar el vano del valle abrupto que forma el cañón de Tejadilla. Fue el único paso para el transporte hasta la construcción de las carreteras, en el primer tercio del S. XX. La potente factura del puente demuestra la importancia de esta vía y su tránsito; a esto se añade la peculiaridad de un enclave es de singular belleza, que además forma parte esencial de una zona de alto valor territorial, ecológico y paisajístico, irrenunciable para la ciudad Segovia, como demuestra el hecho de la anexión, impuesta en 1971, del pueblo de Madrona, distrito al que pertenecen Perogordo, Torredondo y sus términos hasta esa fecha.


Puente de Torredondo

Bochorno, consternación, vergüenza, lástima, ira... sentimientos todos ellos en competición al ver la situación sostenida de este hermoso puente romano de Torredondo.

Ubicado en las proximidades de la población de Torredondo, salva el paso sobre el río Milanillos, o Milanos, su nombre original, de personas, acémilas, rebaños o carruajes, y se eleva sobre el mismo mediante un fuerte arco extendido de piedra caliza con una alzada importante. Este puente es con toda probabilidad, de época romana. Por dos motivos: el primero por su factura y el segundo porque está ubicado en el camino romano que unía la villa romana de Madrona con Zamarramala. Este camino seguía el curso del valle del Río Milanos entre sotos y prados y sin pendientes hasta cruzar el camino de Arévalo, ya en término de Zamarramala. Su estado es, como se puede apreciar en la imagen, lamentable. Han desaparecido los pretiles originales y también el empedrado original de su superficie, su plataforma, construida con la técnica, forma y tipo de piedra de las calzadas romanas, a base de piezas de gran dureza perfectamente encajadas, similar al de Los Lavaderos, y que con anterioridad a su deterioro, relativamente reciente, su estado era perfecto y aportaba gran belleza al conjunto. En cuanto al pretil, es muy probable que algunas, sólo algunas, de sus piedras estén en el fondo del cauce del río, sumergidas en el remanso que hace su caudal en este punto.

Estos casos son para denunciarlos ante organismos internacionales, porqure son destrucción consentida de un valioso patrimonio.
situación actual del puente de Torredondo, sobre el Río Milanos.

Reconstrucción

La reconstrucción de ambos es apremiante por múltiples motivos, aunque uno solo le basta: el de su uso. Se trata de puentes transitables cuya función no ha desaparecido y que, independientemente de la intensidad de su flujo, deben procurar seguridad para quienes por ellos crucen. En Segovia se ha hecho un esfuerzo por reconvertir la antigua línea Segovia-Medina en vía verde y ahora lo disfrutan cientos de personas. Éstos también pueden ser parte de otras vías verdes con historia, arte y paisajes únicos.
En los dos casos que nos ocupan, la reconstrucción consiste en la restitución de los pretiles en piedra caliza. En el de Torredondo también se necesita reconstruir la plataforma y acondicionar su entorno con algo más que dos papeleras que se han colocado en él, pero en ninguno de los casos se requiere de inversiones imposibles de afrontar, por lo que se trata más bien de una cuestión de voluntad.


El abandono del mantenimiento de estos dos valiosos bienes, pone de manifiesto el maltrato que ejerce la ciudad de Segovia sobre estas dos poblaciones, sobre sus términos y sobre sus entornos, en paralelo y contradicción a los aprovechamientos sin reparos de sus recursos cuando se trata de destinarlos a las necesidades que se presentan, o se antojan, a la ciudad, incluidas las que no gustan y no quieren en otras partes (cárcel, residuos, etc.).


Puente de Los Lavaderos

An este puente medieval sobre el Río Eresma, acabarán derribándolo los árboles incontrolados que se apoderan del suelo y del vuelo..

Este bellísimo puente sobre el río Eresma llegó a tiempo de su reconstrucción. Se encuentra en la carretera CL-607 (antiguo Camino Real de Arévalo), en el barrio de San Marcos, a mil metros de la Fuencisla y a dos kilómetros del Alcázar, en un paraje conocido como Los Lavaderos. De construcción antiquísima compuesto de arcos ojivales en piedra caliza, este puente en la actualidad sólo soporta un uso peatonal, puesto que fue sustituido en el S. XIX por otro nuevo, también de gran belleza, que es el que soporta hoy el tráfico rodado. El antiguo recibió hace unos diez años, una reconstrucción muy especializada que afectó, entre otros elementos, a las dovelas de arcos y bóvedas. El resultado fue un éxito, pero a partir de aquel momento se abandonó el entorno de tal manera que, al día de hoy, enormes ejemplares de álamos medran sin control, sobrealimentados por las aguas del río y sobredimensionados, rozan las piedras de los puentes. Por otra parte, el crecimiento desmesurado y su red de poderosas raíces pone en peligro su estructura y alcanza asimismo la del puente nuevo, situado en paralelo y a escasa distancia. Los álamos, la maleza y la acumulación de sedimentos, además de causar estos perjuicios, ocultan gran parte de ambos puentes, por lo que impiden su vista y disfrute y, lo peor, transmiten una pésima imagen en cuanto a conservación y limpieza. La intervención para sanear este entorno sería la de menor coste, por lo cual, mantenerlos en esta situación de dejadez pasa a ser una cuestión de desidia.

En los puentes de Los Lavaderos, se acumulan sedimentos hasta taponar los ojos del puente.

Impiden su visión, estropean el entorno y ofrecen una imagen de abandono y desidia impropio de una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad.

Es necesario señalar un último apunte. Desde hace muchos años, las autoridades y cargos de ciudades y pueblos, trabajan intensamente para obtener del Estado las declaraciones oficiales de bienes de interés cultural, histórico, patrimonio inmaterial, etc, de cada elemento susceptible de ello. En este sentido, en Segovia se ha celebrado la obtención de una declaración de este tipo para sus procesiones de semana santa. Muy bien, un éxito por el que todos nos alegramos; pero no puede abandonar un patrimonio arquitectónico de tanto valor como el que aquí se ha señalado. Sería muy provechoso y transcendente, obtener para estos tres puentes, o cuatro si incluimos los dos de Los Lavaderos, su declaración como bienes de interés arquitectónico, histórico, cultural, o la figura que les corresponda, para ayudar a protegerlos de forma más eficiente. Se lo debemos a quiénes se esmeraron por transmitirnos tanta belleza. Se lo debemos a quienes nos seguirán, y se debemos a quienes hoy cruzan por ellos, para evitarles sentimientos de vergüenza y desprecio.

 

Este puente llegó a tiempo de su reconstrucción, pero, una vez terminada, se abandonó su mantenimiento.

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Fernando Ayuso Cañas

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