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Crónicas informales

Torredondo - Perogordo, vertedero de despropósitos

Estoy investigando aunque, eso sí, con sistemas muy rudimentarios, quien gobierna y mueve los hilo de su destino, los designios por lo que se precipita el paisaje de este lugar de Perogordo, su configuración y su finalidad en el orbe de lo conocido. Dentro de lo inefable del caso, hasta ahora todos los indicios, obtenidos de un cierto olisqueo, me han dado dos pistas inequívocas, aunque un mediano investigador no debe despreciar otros rastros, por muy hipotéticos que sean sus destinos. Una sola de las pistas me lleva a pensar con mucho fundamento que este es el punto elegido por un secreto cónclave de hiperrealistas como lugar donde plasmar sus experimentos y exposiciones de una época post-todo que abre paso a la era de la supervivencia.

La otra me hace ver cómo un atajo de dioses desmandados y juguetones -en los juegos de los dioses los humanos son, como máximo, muñecos de trapo- se divierten sobre este abrasador solar depositando en él los objetos que estorban, los molestos, los de mal olor o los no susceptibles de fácil dominio, además de otros antojos y fruslerías. De los dioses, claro.

AJEDREZ MALDITO

Primero fue lugar de destino para el vertedero municipal en el valle y cañón de Tejadilla, con hogueras permanentes cuyo apestoso humo era el incienso con el que la sociedad tributaba a la atmósfera y a sus consumistas respiradores, es decir, a todo quisque.

Apagada la nauseabunda hoguera siguieron, y siguen, a ésta granjas de fabricación masiva de cerdos, con sus estanques plenos de un pestilente y purulento caldo de castigo, que cobra su mayor venganza especialmente en los días de viento.

Vínose a añadir al evento una central o subestación eléctrica, al lado mismo de la carretera. Y para que esta no se quejara de soledad, se le colocó "enfrentito" una gran fábrica de productos químicos que se ha saltado todos los polígonos industriales, los cuales morían de risa al ver dónde aterrizaba la factoría de materias rabiosas; muertos de risa ante semejantes matrimonios de encargo, mientras por ellos, por los polígonos, digo, campa la nada casi absoluta, de vacíos que están. El tomárselo a risa es una consecuencia seria que se obtiene por un procedimiento de reducción a lo absurdo. Un razonamiento de la hiperrealidad.

Pero, ¿cuál era la esencia clave de este cóctel de casas vacías, ruinas, químicas, marranos, eléctricas, cerdos? ? ¿Cómo era la guinda del pastel? No tardaría mucho el cavilador en turno de guardia en conseguir el brebaje que fuera completando la negra mezcla. Mientras que otros dormían, el gerifalte de los dioses de barro lo halló y lanzando un grito atronador exclamó: construiremos ahora una cárcel, una gran cárcel. Y aprovechando el pasmo de los atronados, su inmediato superior le colocó una medalla con un imperdible.

Una cárcel es el inmediato proyecto, otra pieza que luchará en este atroz ajedrez. La realidad, una vez más, supera con mucho a la ficción, a cualquier imaginación; la realidad como mayor monstruo que goza de la impasibilidad, la tolerancia y el miedo de sus enemigos.

Sin embargo el ajedrez aun no está completo, le faltan todavía muchas piezas siniestras cuyo espacio está reservado para que cada gerifalte de turno deje la huella imborrable de su protervo quehacer. Aun hay sitio suficiente para varias generaciones de salvadores del bienestar social. Cada uno construye lo que sabe, y en esta época de calaveras lo que se lleva son las sepulturas. La muerte de todo lo que puede conducir a la belleza, a lo racional, a la autenticidad y a la tranquilidad. Adelante muchachos, lo estáis haciendo muy bien, muy bien. Lo estáis haciendo muy bien, muy bien, muy bien....

(EAS, lunes 4 de agosto de 1986).

...árboles para la vida...