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Crónicas informales

Barruntes de primavera

Macario Sandoval es un vecino del lugar con un prestigio como eco-pacifista muy bien ganado, y anuncia este título para una hipotética conferencia: `De la auténtica oportunidad perdida para que España llegara a ser un país elegante, a partir del último referéndum, como lo oyes´. Sin embargo, una noche en vela propiciada por los aullidos, correrías y zapatetas de los canes en los portales, rincones y zaguanes, le hizo cambiar súbitamente en contenido de la charla hablando, eso sí, a la hora prevista, de la manera que sigue:

<< Hola colegas. Vengo hecho un venado, se me nublan los ojos del cabreo que traigo y no pienso andarme con rodeos. Aquí, en esta carpeta tan hinchada guardo centenares de estudios, datos e investigaciones para explicaros el título que habéis leído en el cartel. Pero no vengo con el coco preparado después de la noche que he pasado, que he sufrido, más larga que el invierno de un pobre. Veintidós perros, contados uno a uno varias veces, han estado de jarana, han montado su propio festival en mi misma puerta, casi debajo de mi cama. Galgos, ratoneros, mastines, de caza, perrigalgos, pastores, indefinidos, mil leches, descatalogados y de la raza que pidieras, disputándose los favores de seis sucias perrillas, feas y asquerosas por con gran capacidad de convocatoria, eso sí. No os podéis imaginar la de luchas, mordiscos, arañazos y dentelladas que han intercambiado los grandes hijos de perra.

Mirad estas son cosas de la naturaleza, ya lo sé, pero os digo una cosa: ¿es que no podéis tener los perros guardados por las noches en vuestras casas, o es que tienen que estar continuamente por las calles asustando y molestando a todo quisque?. Cállate, José Luis, matraco, haz el favor, después hablas tú, aguántate un poco, leche.

Cuando salgo de este pueblo sólo sé hablar bien de él, se me llena la boca de elogios y pregono todas las bendiciones de la vida en un lugar cerca de la naturaleza. Pero aquí, entre nosotros, tenemos que arreglar las cosas hablando claro, llamándolas por su nombre. Esto es un charco ranas en cuanto a los asuntos zoológicos se refiere. Hay multitud de perros semivagabundos, semiabandonados, sucios, mal alimentados, desatendidos e incluso tal vez sin vacunar. No se les puede tocar, y mucho menos los niños, porque tienen piojos, chinches, liendres, alcaparras y otros anopluros. De sobra conocéis mi amor por los animales, que me confieso cada vez que mato a una mosca, que es, con toda seguridad, el animal más despreciable de toda la tierra. La mejor prueba, señores, de que mi amor por los perros es grande, es precisamente la de que no tengo ninguno. Esta noche, en lugar de matarlos a todos, sólo les he gritado unas trescientas veces ¡tuso!, ¡tuso!.. con el mismo resultado que hubiera obtenido si me quedo calladito...

Que aquí somos un poco baldragas para la cosa faunística, porque ya me contaréis de los regalos que nos hacen las vacas y los gatos, por ejemplo; que ya lo hemos hablado otras veces y sigue la cosa como si tal. Perdonad este sofión, pero es que si no me desahogo no vivo. A ver José Luis, calcañares, que vas a reventar, suelta ya tus aleluyas....>>

<<Mira Macario, no me seas marmolillo, hombre, que te has pasado por alto el evento más importante del año, tan ecologista como eres, ¡que lo eres de verdad, ojo, no empecemos...! y te pareces a los santos de Caballar, que tienen ojos pero no ven... ¿Es que no te has dado cuenta, so mirlo, de esta explosión de vida, de esta revolución silenciosa de la primavera?. Mira el sol, los ríos, la atmósfera, las fiestas ancestrales de los pájaros; mira la vegetación entera, huele el campo, zopilote, mira incluso a las personas cómo les pica la sangre en una época del año única, distinta y exclusiva en su belleza de cada año. Abandona por un rato tus investigaciones, olvida por un momento tus datos sobre guerras, armas y ejércitos y sal un poco a la calle, a los caminos y comprenderás porqué los perros no descansan ni de noche, porqué rompen cuerdas y saltan paredes para reunirse y montar su elemental fiesta donde se les pone y como les da la gana. Tal vez aprovechen la noche para que nadie les moleste. Los demás no hacemos lo propio porque estamos demasiado socializados, demasiado encadenados a nuestras miserias para poder permitirnos estos lujos tan legítimos, estos festivales, estos jeribeques; pero en el fondo nosotros deseamos lo mismo, son los barruntes de primavera; no me seas santiaguín. Cambio y corto.

<<Lo voy entendiendo, muchacho, pero alguna noche podrían trasladar el guateque a tu misma puerta, piringulo...>>

La charla continuó hasta la hora del aperitivo, interviniendo la mayoría de los congregados en un clima de entendimiento. Se llegó a determinadas conclusiones y alguien propuso celebrar una fiesta cada primavera. Por su parte, Macario Sandoval, el eco-pacifista quizá más prestigioso de toda la provincia, se retiró diciendo.

<<Muchachos, achanto en mi afán contraperruno, me quito el sombrero ante la primavera y le hago la reverencia más merecida. Pero este menda, ahora , en este momento, se da el tole, se larga por la recañí; tomo el portante para, eventualmente, cerrar el ojirrín y marcarme la gran siesta del carnero, una siesta a lo gran duque, guay del Paraguay, una siesta, señores, de pijama y orinal.>>

(EAS, lunes 20 de abril de 1987)

...árboles para la vida...

¿Qué clase de corral es este?

Cuando a alguien con responsabilidad de poder se le cuela una burbuja de aire en el cerebro, las consecuencias de sus decisiones, puestas en práctica a través de una cadena de sicarios y plebeyos, pueden producir consecuencias desastrosas, cuyos daños suele resultar irreparables.

Si los proyectos de esta clase de personas se llevan a cabo con los dineros del erario público, a costa de los impuestos de todos, éstas no sienten nada especial o bien, a pesar de la evidencia de la gran chapuza exteriorizan actitudes de orgullo y prepotencia y achacan a la ignorancia de la plebe la falta de reconocimiento a la hora de no levantarles una estatua por su labor como benefactora del lugar o de la cosa de que se trate. Conceptos como vergüenza, reparación, dimisión (en este país la dimisión está abolida) y arrepentimiento no se exigían a la hora de ocupar el cargo, por lo que no tienen porqué dar cuenta de ellos.

Yendo al asunto que nos ocupa, alguien con irreprimibles deseos de pasar a la gloria de la posteridad como gran creador, logró sacar adelante un proyecto para construir algo así como una pequeña ciudad deportiva, aquí, en Madrona. Buscó, por divertido sistema del antojo, el lugar donde pudiera hacer más daño, donde más resaltara la notoriedad su despropósito, al lado de otros insignes creadores, y al final el proyecto quedó reducido a colocar debajo de un atrio románico cuatro pistas de tenis y, contiguo a éstas, otra cosa, algo, un nosequé, un velódromo acaso. Las pistas de tenis, a pesar de su mediana calidad, son reconocibles, al menos la gente sabe lo que son y para qué pueden servir, pero ¿y lo otro...?.

Después de los aproximadamente diez años que lleva construido el invento, los vecinos de Madrona aun han de explicar a los muchos que preguntan que qué es aquello que no reluce bajo el campanario, que no se trata de ningún extraño corral, plaza de toros, patio, búnker, estanque, toril, parque galáctico o cualquier otra cosa a medio construir. Como ellos dicen, sino que aquella mole de hormigón, en forma ovalada es, ni más ni menos, algo así como un velódromo. ¿Un qué?. Un velódromo. ¡Ah! Y llegados a este punto se cambia de conversación, porque el que pregunta, el ignorante, al contemplar algo tan desvaído, frío, con cardos y malezas por dentro y por fuera, solitario, aislado, sin ciclistas, sin trajín, como tirado allí por un avión con peligro por sobrecarga, como construido por el enemigo... teme herir la sensibilidad del lugareño contestando "pues vaya una mierda de velódromo...", optando la mayoría de las veces por el cómplice silencio aunque se le note que se queda con las ganas.

Efectivamente se trata de una gran mole de hormigón en forma ovalada pero de mala construcción, sin acceso desde la carretera, pequeño, no reglamentario, descubierto, desasistido, incompleto, sin ningún atractivo, sucio, sin lugar para hipotéticos espectadores, con un acceso subterráneo que suele estar inundado, inservible y cerrado, con hierbajo por doquier, feo, fuera de lugar,... Los ciclistas, cuando acuden, han de brincar por encima de una de sus paredes para poder entrar. Un desastre. Sin tener nada que ver con el que hay en Ávila, por poner un ejemplo cercano, que ya ha acogido varios finales de etapa de la Vuelta a España. Teniendo un gran campeón como tenemos y toda la cantera que sigue su ejemplo, además de la enorme afición en Segovia por el deporte del ciclismo, esto es un insulto. En casa del herrero, cuchillo de palo.

Este velódromo, o lo que fuere, no pasa de ser un chapucero corral para ciclistas alevines, un corral inútil y de mal gusto construido con potente hormigón, fuera de lugar y de medidas. honor y gloria por los siglos para sus orgullosos promotores que, con los resultados de todos estos años, a buen seguro que les habrá descansado la cabeza. Ojalá no se les cuelen más burbujas de aire, si es que aun siguen en sus poltronas.

(EAS, sábado 25 de julio de 1987. Una foto aérea de Aurelio Martín del velódromo y alrededores hasta el atrio de la iglesia..)

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