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* Plaza Mayor * Rutas Sentimentales * Pretextos * Fotografías *

Curiosidades

Muletillas, coletillas y otros decires (I)

Expresiones que se pegan a uno, o uno a ellas, y pasan a ser de propiedad. Van pegadas a quien las usa como su misma ropa. Pasan desapercibidas como si formaran parte de un paisaje o decorado machacado por la vista pero saltan en las tertulias de solana, en los "chatos parlaos", en las porfías, en los bares y allí donde pegar la hebra es irremediable, imprescindible. Y es que cada cual tiene el derecho de apañarse como pueda para hacer llegar su pequeño o gran mensaje. Para eso son las muletillas (lugares comunes), para los que hablan alto, sean de la condición y profesión que fueran. Por eso son empleadas con desmesurada frecuencia por periodistas, políticos, abogados y cualesquiera que haya de hablar en público o simplemente para una audiencia que puede constar hasta de una sola persona.

Servidor ha coleccionado varias de ellas que tienen en común el ser de este lugar, como un dato más para nuestra antropología y, aunque bueno hubiera sido abarcarlas en su totalidad, este puñado sí puede ser una muestra válida de los usos y decires que aquí han sentado plaza.

A la hora de exponerlos no mencionaremos el nombre completo de su propietario y, para dar un poco de juego al lector local, sólo se indicará una o dos letras que corresponderán a su nombre, a su apellido o a su apodo, según los casos.

A A.P. el C. las carreteras le crecían enormemente la sed, de vino, pero por un detalle de elegancia jamás se le veía con botella, bota u otro continente portátil al uso, por lo que era costumbre en él abrevar en cantinas, bares y tabernas.

Al cruzar el umbral de estas industrias decía serio, solemne, estirado en su pequeñez y a modo de Ave Cesar: "me cago en la procesión de los sapos… y después de haber pasado unos tintos de pellejo al gañote, con el temple que da el haber alcanzado el nivel, añadía en su enésimo brindis por él mismo: tranquilidad y buenos alimentos… Una vez cumplido su ritual, y nunca antes, saludaba al camarero y los habituales del local y se incorporaba a la conversación que se le antojara, tanto si se le admitía como si no.

Cuando M.S. vuelve la cabeza hacia las nubes para escudriñar cual es el temporal que se avecina, o bien cuando surge la conversa sobre este socorrido asunto, él permanece un rato con la mirada perdida hacia arriba y exclama siempre con la misma extrañeza: ¡vaya un enigma…¡

Hay muchas formas de afirmar o negar algo. Cuando I.B. da su consentimiento sobre una afirmación a cuya veracidad quiere contribuir dice: ¡aprobá la beca…!. Por el contrario, F. de la C. muestra sus negativas exclamando una o dos veces ¡cero!, ¡cero! Que equivale bien a un no rotundo o bien a un nada de nada.

I.B. es un experto y dominador de metonimias, paráfrasis y tropos variados. Así, a nadie le extraña que acepte una invitación voceando ¡otro disgusto! o salude a un conocido, o incluso anónimo total, con un ¡hola pulpo!, o: ¡ay mi quiqui! o bien un ¡ay mi pequeno!. (así, pequeno).

A.V. tiene algunas cosas clarísimas, sobre todo algunas ilusiones, y para subir la voz levanta la mano izquierda y se acompaña de varios ademanes para repetir por milésima tras milésima vez: ¡eso lo veo yo palpable¡, y luego le puede añadir: ¡que a mí me toca una quiniela y mando todo a tomar por culo¡ eso lo veo yo palpable!. Afirmación que nadie se atreve a cuestionar puesto que casi es palpable.

L.P. conocía, en su sosegado hablar, el peso de la relatividad y sus ingredientes. Su frase entre unas cosas y otras tenía sus respectivos huecos en las tertulias y así la empleaba para decir casi todo, por ejemplo "no, pues este año parece que no pero entre unas cosas y otras hay un montón de frambuesa…."

Hay formas de saludar que rayan en lo procaz, y así, aunque tú saludes con toda corrección a S., él te contestará, en plan pendenciero: " ¡hola fulano, joder! siempre ha habido ricos y pobres, hostias…"

Sin embargo, O.P. siempre te contestará con una de estas dos maneras: "¡Qué hay mariscal¡, o bien: "¡Hola patrón¡"!

Excusándose una fingida mala vista F.B. tenía la debilidad incontenible de preguntar a cualquiera: "¿quién es ése…?" Una vez obtenida y confirmada la información añadía invariablemente: "no, ya digo…" por lo que algunos aquí le llamaban "Yadigo".

E.P. pondera las cosas con pertinaz contundencia; por ejemplo, cuando el río viene muy subido de nivel, lo explica así: "Oye, pues baja un río de muchos cojones, eh!…". O también, comentando cargas de cereales: "El que llevaba un remolque de muchos cojones era fulano de tal… .

F.B. tiene la ventaja de ver muy pocas pegas en las tareas manuales propias del mundo rural, además de ser dueño de un gato cuya listura está muy por encima de lo normal (y hablando de gatos, su cuñado G., también se mostraba orgulloso de haber domado a un gato porque le obedecía siempre. Le echaba a la lumbre y le ordenaba: ¡salta! y el gato pegaba un salto de cuidado…) porque cuando alguien diserta acerca de lo dificultoso de un trabajo, él apostilla "¿que no sabes cómo hacer eso…?, ¡pero si eso lo hace mi gato…!". Dicho lo cual queda de manifiesto ante los demás la poca maña de su interlocutor.

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Muletillas, coletillas y otros decires (y II)

L.B. posee, acaso sin ser consciente de ello, muchos trucos lingüísticos para forzar una porfía, porque a él lo que de verdad le gusta es porfiar. De esta manera, así, de sopetón, suelo plantear al de al lado, o lanzar al aire, como a voleo, para ver quien lo coge, lo siguiente: Yo lo que digo es que si este gobierno lo que quiere es arruinarnos …" Siempre encuentra a alguien que entra a la capa, y si dice que sí, que el gobierno quiere dejarnos con una mano delante y otra detrás, enseguida saltará el otro para echar leña a la lumbre: "…aquí lo que pasa es que somos un país de vagos…etc.". Pero si el que se da de alta en la porfía respondiera que no, que el gobierno lo está haciendo más o menos bien, L.B. lanzará el ataque por el otro lado, machacando al gobierno y a quien se ponga por delante... Otra de sus provocaciones favoritas es la siguiente: "Yo lo que digo es que si esta juventud está loca…", con lo cual, el planteamiento de la conversación, el arranque en frío, está listo para comenzar una porfía que, a su vez, encadenará de seguido otras que van calentando el ambiente hasta que ya el turno de palabra, violado por todos, es mera ilusión y cada cual acaba hablando de lo que se le viene a la boca, con lo que muchas conversaciones acaban en la escombrera.

A.B., polemista nato, cuando se ve ahogado en alguna discusión, echa mano a su argumento preferido"… está comprobado científicamente que el agua no tiene nada que ver con la humedad…".

L.A. es otro apasionado por el debate y la contraposición, tiene por costumbre aderezar las discusiones con calibraciones matemáticas, percentiles y otras medidas de las tres dimensiones, además del espacio y el tiempo. Así: "habla lo que entre cuarenta", "pasan más coches por aquí en un día que por allí en dos años…" o también: "…ese aburre al noventa por ciento…" y también "…esa no le gusta ni al cinco por ciento…".

E. Tiene expresiones de su exclusiva propiedad. Si le preguntas, por ejemplo, si van a ganar los socialistas en las elecciones, te responderá inclinando la cabeza hacia un lado: "¡Psssss, psssss, pssss…¡" Y si le apostillas que la clave de estos asuntos es la mayoría absoluta, él dirá: " ¡Toma, toma, toma, toma…!". Y si por fin le aventuras "pues no crea que salgan…". Entonces con toda seguridad te contestará "¡Me cago en el obispo!. Expresión que, sin malicia, se la ha pegado a la piel y no ofende porque no ofende quien no quiere ofender.

J.C.L. provocador hasta la médula, también produce exclamaciones continuas tal vez derivadas de una larga relación de sacristanía y causadas por contratiempos o averías que suele sufrir (algunas dignas de novela gruesa). Así dirá bien alto y bien clarito: "¡Cabildo catedralicio!" o también: "¡Sacro Colegio Cardenalicio!" y de forma muy frecuente también: "¡Sínodo episcopal…!"

Estas son algunas de las expresiones que durante años y años han sentado plaza y se han convertido en lo que suele llamarse frases lapidarias. Gran parte de ellas están todavía en activo, aunque los usos conversacionales y de intercambio evolucionan constantemente. En cualquier caso constituyen un dato de un momento que bine merece un hueco en nuestra memoria.

Pero no podríamos dar por acabada esta muestra de las particularidades en las manifestaciones del lenguaje sin anotar, siquiera sea brevemente, otras que utilizan las mujeres, aquí y en todas partes, incluidas las ciudades. Ellas, en sus frecuentes charlas, también se valen de infinitas muletillas que aceleran, acortan o alargan los discursos pero uno, por desgracia, no ha frecuentado esos mentideros que seguro son como semilleros de particularidades. Por el momento una preciosa colección permanecerá a la espera de un rescate.

Sí es de todos conocida, en cambio, la tendencia generalizada a reducir todo lo posible ciertos nombres propios, a veces a tres simples letras, para agilizar la identificación de la mencionada. En forma pronunciada pasan prácticamente desapercibidas pero una vez escritas se asemejan más bien a siglas que evocan organismos internacionales. He recogido una pequeña muestra local y que cada cual juegue a adivinar el nombre original de procedencia. Son éstas:

Cata, Dori, Elo, Feli, Ilu, Ine, Isa, Leo, Luci, Mari, Nati, Mila, Nato, One, Patro, Pili, Puri, Reme, Seve, Soco, Teo, Tile, Tori, Tiquia, Ufe….

Es costumbre tal vez en trance de desaparición por las nuevas formas de expresión y también por los nombres que de un tiempo a esta parte adjudican a las criaturas…

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Libro de actas de los Devotos de san Antonio de Padua.

Anselmo de la Calle, fundador de Devotos de san Antonio de Padua

Madrona, 13 de junio de 1934

Primer acta 1934.

6 pesetas y 50 céntimos.

Gastos de novenas y funciones. Setenta pesetas.

Predicador: 44 pesetas.

Segundo acta:

Novena y función: 70 pesetas.

Predicador: 50 pesetas.

Tambor y gaita: 25 pesetas.

Refresco con dos cajillas y una docena de cohetes: 27,10 pesetas.

Constan las actas de los años de la guerra, pero sin que consten gastos de baile y refresco

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