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Ecología

Los árboles pagan muy bien su plantación

Una adecuada explotación forestal, previa repoblación, dejaría importantes beneficios.

El barrio de madrona se va a encontrar ahora los frutos de una venturosa decisión tomada hace unos veinticinco años, y que consistió en ponerse de acuerdo entre los vecinos para realizar una modesta plantación de álamos blancos en una parte del soto cruzada por el río Milanillos.

A setecientas treinta y cinco mil pesetas se eleva la recaudación obtenida en concepto de tala de estos álamos que, para producción de madera ya estaban listos hace diez años. Fueron plantados por vecinos de todas las edades y condiciones en un suelo muy apto, por su humedad, para este tipo de explotaciones. El dinero será donado por antigua decisión del ex alcalde socialista Miguel Ángel Trapero, a la Junta de Vecinos que lo destinará a nuevas plantaciones y a realizar el cerramiento de las escuelas para crear allí una gran zona verde con pistas de deporte y muchos árboles.

Para realizar tan amplio proyecto con tan corto presupuesto se contará con la colaboración de todos los vecinos que ayudarán a plantar los árboles y a construir la pista y el cerramiento. Aun se desconoce la fecha de iniciación de estos trabajos, ya que la administración municipal lleva sus trabas burocráticas que dificultan la disponibilidad libre de estos fondos por parte de la Junta de Vecinos.

UN GRAN EJEMPLO

Este hecho constituye sin duda un gran ejemplo de las personas adultas que plantaron los árboles de los que ahora se van a beneficiar sus hijos y nietos. Nos ofrece también un gran motivo para reflexionar sobre las infinitas posibilidades que se dan en el suelo de este término para realizar plantaciones masivas de esta especie, cuyos ejemplares tardan poco tiempo, unos diez años, en ser aptos para su tala y aprovechamiento.

Efectivamente, el término de Madrona está cruzado por múltiples ríos y arroyos cuyas riberas ofrecen un campo excepcional para los álamos blancos. Piénsese, por ejemplo, desde el puente de El Rastrillo, una zona que podría albergar y dar sustento a miles de estos árboles; iguales características presentan los arroyos que atraviesan el soto, río Herreros, etc. Una simple colaboración entre el ICONA u otros organismos oficiales como el IRYDA, Junta de Castilla y león, etc., y la Junta de Vecinos o el mismo Ayuntamiento de Segovia que con el apoyo de la población del barrio podrían convertirlo en un de los más prósperos y ricos con sólo este tipo de aprovechamiento forestal. Esto además de otros beneficios que ofrecen los árboles, como el incalculable de su belleza, las lluvias que atraen, la humedad, los pastos, el enriquecimiento del suelo y su lucha contra la erosión, etc.

De momento ahí permanecen las riberas de los arroyos, vacías, con algún que otro pergato de fresno que se atreve a salir y algún alamillo autónomo que nos descubre y nos echa en cara las grandes posibilidades.

(EAS, martes, 16 de diciembre de 1986)

...árboles para la vida...

Conflicto entre los reinos vegetal y animal

Ninguno de los bandos, avisos, recomendaciones, explicaciones o advertencias han servido para que una gran parte de ganaderos, sus reses no saben leer, maldita la falta que les hace, haya tenido el menor cuidado a la hora de hacerlas respetar, cosa de vara y tralla, los árboles recién plantados por los vecinos de este pueblo. Por si fuera poco el calor, la sequía, las plagas, la falta de atención y cuidados por parte del vecindario y otros elementos adversos que sufren los árboles jóvenes, la vida es dura también en el reino vegetal, sin defensas propias ni autonomía para su supervivencia, se les da por añadidura la incomprensible guerra que las vacas tienen declarada de forma unilateral, a lo sorduno, sin ton ni son, sin botín, algo ancestral, vaya usted a saber.

Suizas y mestizas practican esta guerra con demasiada asiduidad, como cualquier guerra al fin y al cabo, ante la aun más incomprensible actitud de indiferencia por parte de sus propietarios, que olvidan que la terquedad de estos seres, no quita pasión para conocimiento, les hace querer salirse de sus funciones, cuales son las de pastar, rumiar y dar leche, no más.

Que estos animalotes se caguen en las calles y ensucien las carreteras y plazas, mal está, las cosas como son; que produzcan malos olores, pase, peor huele la miseria; que traigan siempre consigo y a su alrededor ejércitos de insectos varios, vale, es consustancial a ellas; que de cuando en cuando un semental, como ocurrió el año pasado, le coja a algún pariente y le deje desconchabadito, turulato en la UVI, vale también; toda actividad tiene su cuota de riesgo; pero que, además, se dediquen en sus ratos libres a romper, trillar más bien, arizónicas y otras especies arbóreas, como ha ocurrido la semana pasada, ya es pasarse de la raya.

El alcalde de barrio ha plantado arizónicas, tuyas, etc. Y las vacas, alguna de las cuales sabe abrir cerrojos y toda la pesca, esperando a que se descuide un pelín para hacerse las graciosas, para fastidiar más que nada, porque una arizónica, lo que es una arizónica, a una vaca no le puede aportar nada, es algo cantado, comprobado científicamente si me apuran; todavía a una cabra, pero a una vaca nada de nada. Y si sólo le sirve para rascarse no me explico cómo se puede ser tan gilipollas, machacar un árbol para una sola rascada. Cuando lo lógico, lo que interesa, sería tu ahí quieto, guapín, come mucho y hazte un mozo que ya vendrá tía Julita cuando seas grande para que la rasques de lo lindo, anda majete, tú a lo tuyo y yo a lo mío. O mejor: estáte quieto un poquitín que te voy a echar un poco de abono, plas. Y así, una colaboración, un respeto, un algo. Pero su exagerado sentimiento de la eventualidad las pierde. Total, son dos días, piensan con su cabezota.

La plantación de árboles fue cercada con alambres de espino, pero las vacas, acostumbradas como están a pelear con ellos con todo el morrazo mientras buscan el pasto que se les esconde ente cardos, zarzas y otras plantas del mismo jaez, se ríen de ellos, les inutilizan, tumban los postes y pasan al salón a morrear, a hacer barbaridades con sus cuerpos. ¡A ellas con espinos, que son tambores de marina! Y sus dueños, mientras tanto, viendo Falcon Crest. Ay, Señor, las desgracias que nos trae la pantalla. Qué desbarajuste, qué atrocidades.

Los sufrimientos que le causan al alcalde no son pochos. No son moco de pavo ni pelo de gorrino. Y, ante la imposibilidad manifiesta de darles una torta, no serviría de nada, menudas son ellas, o darlas un tiro a cada una, porque se liaría la marimorena, se preparaba pero que muy gorda, para salir en los papeles, cosa de juez, fiscal y no jurar en vano, las va a combatir con hormigón. Un muro de cemento y bloques que proteja a los árboles en esta batalla, tan manifiestamente desigual por parte de esta especie tan peligrosa y adocenada, aunque se cuentan por cientos. La cuenta se la debería pasar a los ganaderos u obligarles a regalar la leche a sus convecinos tan perjudicados por la cerrajina, pero qué leche van a regalar, como si no costaran nada las cosas. No se sabe qué ocurrirá, esto ocurre siempre, pero alguna solución habrá que tomar contra estas destrozonas y el permiso que gozan de sus dueños para preparar tantas averías. El problema tiene su aquél. Seguiremos informando.

(EAS, viernes 26 de diciembre de 1986)

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