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Ecología

Jardines imposibles

Prácticamente la totalidad de los árboles plantados en sucesivas ocasiones por los vecinos de este barrio han desaparecido, víctimas de su desprotección ante los animales, principalmente las vacas, cuyas acciones son incapaces de controlar sus dueños.

Los árboles malogrados ocupaban tanto zonas urbanas como de los alrededores del pueblo y su número supera los 250 de las más variadas especies. Las pequeñas y tradicionales explotaciones ganaderas están situadas junto a los domicilios de los vecinos, lo que hace que los animales hayan de transitar por todas las calles y plazas del barrio, siendo muy difícil que sus dueños puedan controlar los traslados desde la dehesa a los establos y viceversa, momentos en los que se producen estos atentados, Por ello se puede afirmar que este patrimonio vegetal, más que crecer, se está perdiendo el poco que se tenía. Ya el año anterior no se celebró el día del árbol, ni se realizó ninguna plantación masiva, con lo que las plantaciones fueron mínimas y una gran falta de sensibilidad y concienciación del problema se deja sentir entre los habitantes de un lugar como este, tan necesitado de árboles.

La única solución viable es la de proteger zonas verdes, los jardines y los mismos árboles con vallas, telas metálicas y todos aquellos materiales que puedan ofrecer una verdadera resistencia a todo género de enemigos que acechan a cada momento. Tal es la solución que al parecer se va adoptar para proteger una zona destinada a futuro parque, cercana a las escuelas, pero también debería extenderse al resto de las zonas verdes dentro del casco urbano, incluso a otra cuya creación se hace necesaria ya que este barrio cuenta con grandes espacios vacíos de suelo municipal que están pidiendo plantaciones masivas de árboles con su correspondiente protección.

(EAS, 30-enero-1987)

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Sustitución de especies autóctonas por la cultura del abeto.

Es a partir del mes de febrero cuando, tanto los particulares como los servicios de jardinería de los organismos públicos, empiezan a realizar las plantaciones de árboles en jardines, plazas, solares y espacios privados. Aunque estas plantaciones no se producen en la magnitud que sería deseable y necesario, muestran una característica muy importante que se da con carácter general: el abandono en el cultivo de las especies vernáculas, originarias del lugar, y su sustitución por las foráneas, siguiendo una clase de moda o preferencia por unos estilos que se presentan como más exóticos y `universales´.

Entendemos por especies autóctonas aquellas que forman parte del paisaje natural desde hace un gran número de años y su adaptación al suelo y al clima es perfecta, ya que están muy protegidas contra enfermedades, plagas, insectos, fenómenos atmosféricos y otras suertes de adversidades a las que sobreviven sin graves problemas. Esta afirmación tiene sus excepciones, tal y como estamos comprobando con la terrible grafiosis del álamo negro, la enfermedad de los pinos de El Espinar y, claro está, los temibles incendios.

En esta zona en concreto, son especies autóctonas la encina, el roble, el álamo negro, la sabina, el fresno y el chopo o álamo blanco como principales. Todas ellas han sido marginadas a favor de otras más asequibles a la industria del vivero, más aptas para su explotación, como pueden ser los abetos, los cedros, piceas, sauces, tuyas, secuoyas y otras plantas resinosas cuya comercialización está muy potenciada. En este barrio hay varias personas que han realizado sucesivos experimentos con estas plantas autóctonas, pero sus resultados han sido más bien negativos, debido a que la encina, o mejor dicho, el chaparro, que es la infancia de la encina, y el enebro, oponen gran resistencia a su transplante y también a su semillación. Ambas especies, la encina y el enebro, son las más antiguas de este lugar y se reproducen con mucha facilidad donde ellas quieren y el hombre las deja.

Lo que se pretende decir desde estas páginas es que sería muy importante y beneficioso que organismos públicos como el Ayuntamiento, la Diputación, y sobre todo el ICONA, facilitaran documentación, plantas de estas especies y todo tipo de ayuda para recuperar el paisaje que a cada zona le corresponde. Madrona en concreto es un lugar que posee grandes espacios vacíos de suelo municipal, así como dehesas donde poder realizar abundantes plantaciones de este tipo de árboles.

No existe actividad en la Naturaleza que con tan poca inversión ose alcancen tantos y tan variados rendimientos, además de recuperar un patrimonio y un paisaje que, por causas muy antiguas, fue tristemente esquilmado.

(EAS 17-febrero-1987)

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