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Ecología

Nuestros ríos: nuestras venas

Nuestro pueblo se halla enclavado en una curiosa Mesopotamia, que significa tierra entre ríos, ya que desde el resguardo de una ladera se observa la vida y el curso de diversos ríos que van casi paralelos hasta que se produce su unión definitiva, oculta tras los árboles de La Rumbona.

El río Frío que viene desde el embalse de Puente Alta y recoge enseguida las aguas del Peces y con ellas se hace palaciego en el Real Bosque. Un poco más lejos el Milanillos que nace de la unión del arroyo Madrones (que pasa por el caserío y término de Escobar y Fuente salada desde la Losa) y el arroyo de la Cueva, que es el que atraviesa El Simarrón. Esta unión se produce justo al lado del soto.

[N. del A.: El error de atribuir el nacimiento del Milanillos a la unión del arroyo Madrones y el arroyo de la Cueva lo he repetido unas cuantas veces y, por lo tanto, he de corregirlo otras tantas. El río Milanillos nace en la Peña de la Apretura. Un paraje que está justo en el linde de los términos de El Espinar, Ortigosa del Monte y la Losa. Justo en esa cruz, según la cartografía militar. Pasa por el mismo pueblo de Ortigosa, aunque ahí no tienen cartel señalizándolo. En Fuente Salada recibe las aguas que le tributa el arroyo Madrones. Pasa por Escobar y, un poco antes de llegar a los puentes del soto, recibe las aguas del Arroyo de la Cueva, que viniendo este de La Losa, pasado el pueblo hacia Las Navillas, cruza el Simarrón, pasa por El Sotillo y se une al Milanillos donde acabamos de decir.

Es una pena que no se haya prestado ninguna atención al derecho que tienen ríos y arroyos a su propio nombre, y, en consecuencia a nombrarles en postes y carteles donde se cruzan con carreteras y pueblos. En el siglo XXI siguen igual de desasistidos y fomentando la confusión y la incultura.]

A menos de quinientos metros, y en paralelo, está el río Herreros, que viene solitario desde Otero de Herreros para unirse al Milanillos en el caserío de La Rumbona.

Desde la sierra, como si fuera nuestro corazón, nacen unos arroyuelos tal que venillas palpitantes, nerviosas por aportar sus pequeños y limpios caudales a lo que después dará en llamarse ríos, como si se tratara de nuestro mismo sistema nervios. Estas venillas atraviesan todo el término y es fácil suponer a este lugar como una tierra fértil y próspera; rica en cosechas, ganado, fauna propia... prados, vegas, sotos y huertas se configuran alrededor de estos ríos y sus arroyos afluentes.

Sin embargo, la visión hoy mismo de estos ríos es tremenda: su sequedad en pleno invierno, su vacío es algo que entristece profundamente, que asusta incluso porque no se conoce bien hasta qué punto la acción del hombre es responsable y la causa de tal desafuero contra la naturaleza. Aquí una gran parte de vecinos han conocido nuestros ríos corriendo en pleno verano y otoño, corriendo todo el año. Para nuestros ojos ésta sería una visión casi paradisíaca, por todo aquello que representa un río en acción, con su vida interior y toda la vida que aporta a su alrededor. Pero eran, son, ríos demasiado humildes para poder resistir ciertos golpes y no han sobrevivido.

GOLPES

Golpes como puñaladas traperas. Golpes bajos son los sondeos y las perforaciones que como sanguijuelas succionan hasta las aguas más profundas, arrasando en su camino a las corrientes de agua más someras y a los mismos manantiales. Golpes altos son las deforestaciones y sequías con su relación causa-efecto. Golpes altos son las contaminaciones que produce arrojar nuestros detritos al río, incluidos herbicidas y purines.

Pero la Naturaleza tolera sólo hasta cierto punto, tiene cierta capacidad de encaje más allá de la cual empieza a devolver estos golpes de forma tal vez más dura: sequedad, destrucción de flora y fauna, olores de infierno, ausencia de lluvias y humedad, deforestación, desecación... vacío. Aquí nadie ha vuelto a probar frutos del río: peces, cangrejos, ranas, berros, corujas... las aguas mismas se van convirtiendo ya en mero recuerdo. En el lecho de los ríos no hay nada pero a su alrededor irá quedando también cada vez menos vida.

Algo más que esperar a que llueva se podría hacer porque nuestras venas también acusarán este caos. Su muerte también arrastrará algo, algo tal vez muy valioso, de nuestro propio ser.

(EAS, lunes 19 de enero de 1989. Una foto del cauce seco del río Frío a su paso por el paraje de El Rastrillo).

...árboles para la vida...

Cambiar nuestra imagen por la geografía

Hablar de que este pueblo necesita árboles se ha convertido ya en un tópico, toda vez que Castilla entera presenta un situación desesperante en cuanto a su déficit de arboledas, bosques, sotos, etc. El caso es de tal gravedad que ya no sólo no se repone lo que desaparece por consumo -en constante aumento- sino que, además, se quema lo que va quedando.

Se están haciendo esfuerzos para reconvertir un poco el paisaje, intentando que éste recupere su original aspecto verde. Hay sin embargo dos cuestiones que no terminan de resolverse: la selección de las especies adecuadas a cada terreno y la de su mantenimiento durante sus primeros años en las épocas más secas. Estos son los problemas que precisamente se dan en madrona, e impiden que en este barrio falten incluso árboles de ornato, elementales (sería prolijo nombrar todas las zonas que les falta este buen adorno).

La primera cuestión es fácil de resolver: con las debidas reservas para los expertos, se puede afirmar que nuestras especies autóctonas se adaptan perfectamente a estos terrenos y climas y, además, resisten con cierta facilidad a plagas y enemigos naturales. Son la encina, el roble, la sabina, el enebro, el fresno, el chopo, el álamo de bola, la acacia, el plátano, el castaño de indias, el nogal y muchos otros más.

En cuanto al segundo problema, es la Junta de Vecinos quien debe trata con el Ayuntamiento para que su personal atienda los árboles hasta que éstos sean autónomos. En este barrio se espera, se desea, se necesita que, aunque sea por etapas y zonas muy reducidas, se vaya repoblando con seguridad todos los espacios que permanecen vacíos, sin sombras, sin color. La revalorización de estos espacios sería de hecho muy sustanciosa y digna de tenerse muy en cuenta.

< Somos geografía, sí, en mayor medida de lo que pensamos, que lo pensamos muy poco. Pero no sólo geografía interpretada, que esto es lo habitual en el ejercicio literario, sin geografía que nos interpreta > Francisco Umbral

Si a través de nuestra geografía podemos modificar nuestra imagen, celebrar un día del árbol al año y responsabilizarnos con ello después, no estaría nada mal para empezar.

(EAS, viernes 10 de marzo de 1989)

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