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Ecología

La Mancha: un lugar para recuperar

La Mancha, una gran explanada de casi treinta nueve obradas que comienzan en el mismo corazón del pueblo, está ahora copada por cuatro canchas de tenis y un velódromo puestos todos por el ayuntamiento. Un lugar que ha conocido tiempos muchos mejores pero que una gran equivocación, la decisión municipal de levantar aquí este "complejo deportivo" precisamente en este solar, unida a otra no menor equivocación: el consentimiento de la vecindad a esta decisión (fue consultada por el Ayuntamiento a los cabeza de familia, que votaron mayoritariamente sí, dando de esta manera el consentimiento que se convirtió en patente de corso), trajeron estos engendros que nada aportan al lugar. Los jugadores de tenis llegan, juegan su partida, se duchan y se van. Como es de suponer. Los ciclistas ni siquiera vienen.

Antes de este desastre todo ello era un gran prado en invierno, una pradera colmada de buena hierba en primavera, unas grandiosas eran en verano y un recinto de usos múltiples en otoño. Además de esto, los animales pastaban tranquilamente, las personas podían pasar por él, se jugaba al fútbol y otros deportes en cualquier época y era el solar preferido y aprovechado para mil eventualidades (fiestas, competiciones, juegos…).

Desde el principio, y especialmente la juventud, aquí siempre se ha pensado que todo era y es provisional, que la recuperación, más pronto o más tarde, será inevitable porque es preciso desalojarlo de estos elementos extraños y perturbadores de la armonía de todo el conjunto, tanto arquitectónico como vecinal. La recuperación consiste en devolverle su verdadera y sencilla identidad: espacio abierto, verde, libre de circulación; solar generoso para lo que haya menester; sitio de paseos, juegos…; lugar de encuentro para chicos y grandes con árboles, fuentes, asientos, prados… todo protegido del tráfico, de aparcamientos y de otros atropellos. La recuperación implica igualmente el devolverle las muchas toneladas de tierra que de ella se extrajeron con el único fin de venderla. Asimismo, esta recuperación, razonable y legítima supondría, como cualquier otro tipo de mejora en los bienes de titularidad pública, una revalorización importante no sólo de las inmediaciones sino de todo el barrio en general. La titularidad de este solar forma parte de lo que aquí se denomina La dehesa boyal, que pertenece por tradición y por adscripción documentada, al conjunto de los vecinos de Madrona. Algún día habrá de emprenderse esta tarea. La iniciativa está libre.

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Hacia la recuperación del Prado al Camino de Riofrío

La explotación de los ríos y arroyos con el fin de extraer de sus cauces gravas, arenas y otros componentes destinados a la construcción, constituyó una industria cuya máxima actividad se desarrolló en la década de los sesenta, prolongándose hasta entrados los setenta. Estos materiales fueron abundantes sobre todo junto al arroyo Madrones, en el término del caserío de Escobar y en el río Frío, en el término de Madrona y de titularidad municipal los solares colindantes.

Lo que hoy analizamos es la incidencia que sobre el medio supuso la forma de llevar a cabo esta actividad. El lugar que nos concierne, aunque las consecuencias también son apreciables en el caserío precitado, se describe como Prado al Camino de Riofrío, con una superficie de 10 obradas y 58 estadales, equivalentes a tres hectáreas, 94 áreas y 68 centiáreas.

Las graveras afectaron a prácticamente la totalidad de este espacio, salvándose por muy poco los caminos que lo circundan. Se excavaron estos terrenos varios metros de profundidad y, con los años, estos se convirtieron en enormes barrancos anegados en invierno por las aguas crecidas y sin rumbo de lo que antes fue río. En el resto del año son superficies desoladas e improductivas. El suelo afectado, además, supera las medidas que se dan para el prado, toda vez que también alcanzó a las eras y otros espacios inmediatos al pueblo.

Los daños materiales y ecológicos son de tal magnitud que aun a esta fecha no se han podido corregir: el cauce del río continúa desvirtuado, el prado tal como existió ya es imposible de reponer (se le está rellenando de escombro). Rellenar, aplanar y adecentar todo este solar para recuperar el suelo y la vegetación original es una tarea muy delicada si es que se quiere hacer bien.

En la actualidad este solar se emplea como escombrera y vertedero de cualquier clase de materiales y sustancias sin control ni límite alguno, lo cual será otro mal añadido que actuará muy negativamente sobre la vegetación y la erosión. El espacio que destruyeron las graveras se está recuperando lentamente pero sin seguir criterio alguno en cuanto al tipo de materiales de relleno. Este lugar, magníficamente situado entre el pueblo y el bosque de Riofrío, es idóneo para la repoblación forestal que este pueblo tanto necesita, ya que uniría la masa boscosa del monte inmediato con el mismo núcleo de casas, aportando todos los valores que conlleva una operación así. Esta repoblación podría contar además, con el riego procedente del "acuífero para Navas de Riofrío" (una obra de arte de un exministro llamado Solís) que algún día tendrá que aportar algún beneficio al lugar mismo donde se encuentra.

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