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Ecología

La grafiosis, los árboles y nosotros

Desde 1983 la enfermedad de la grafiosis empezó a apoderarse de los álamos negros de toda la zona centro de la península. De una forma casi vertiginosa esta plaga ha ido acabando con una de las especies más beneficiosas de cuantas por aquí crecen. Efectivamente se trataba de un árbol generoso, resistente a los extremos de este clima, de crecimiento más bien rápido y propagación fácil por retoños basales, proporcionaba una madera de excelente calidad. Muy utilizada en múltiples aplicaciones: herramientas del campo, vehículos de uso rural, casas, construcción, etc.

Los olmos o negrillos, como también se les llama, se secan a causa del estrangulamiento de los vasos provocado por la acción de un hongo y el único tratamiento aplicable que se conoce sólo puede retrasar su muerte. En algunos lugares, no en Madrona, se les ha fumigado cinco o seis veces por año para combatir los escolítidos, que son los insectos portadores del hongo que taladra la corteza y forma complicadas galerías. Los expertos temen que la especie desaparezca definitivamente de todo el mundo.

RECUPERAR EL PAISAJE

Pero lo que hoy queremos plantear aquí no es sólo recordar esta benéfica especie que está desapareciendo por completo de nuestro pueblo, sino también hacer una propuesta que exige la participación de y el esfuerzo de común de los vecinos y de las instituciones y que es sencillamente la recuperación de nuestro paisaje y nuestra geografía mediante la plantación de otras especies como podrían ser el álamo pumilla, el siberiano, el, olmo campestre (que además produce un excelente forraje para el ganado dado el elevado contenido en proteínas), el olmo temblón, etc. Los fresnos son de especial recomendación ya que los prados frescos son su terreno ideal. Desde el inicio de esta devastación, hace ahora ocho años, no se ha plantado un solo ejemplar en ninguno de los prados, sotos o solares de titularidad publica.

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Los ríos bajan como tenían que bajar

Hacía ya varios años que el río Frío, el Milanillos y el Herreros no hacían una demostración de su poderío, de lo que son capaces cuando hay un poco de colaboración. El primero, que viene del pantano de Puente Alta, en Revenga, término en el que recoge las aguas que le tributa el PECES, también bebe de los arroyos del bosque de Riofrío y discurre radiante por el pueblo: Es un río real, palaciego. El segundo, que nace del matrimonio entre el arroyo Madrones con el de la Cueva (Simarrón) [N. Del A.: Esto es un error, ya que el Milanillos nace con ese mismo nombre en la falda del Guadarrama, término de Ortigosa del Monte, después coge las aguas del Madrones y más tarde las del arroyo de La Cueva, pero siempre con su nombre de Milanillos] y después se hará con los caudales de los tres, es el más conocido y es tributario, a su vez, del Eresma. El tercero es del todo independiente y también gran experto en sotos, montes, caseríos y prados. Rendirá cuentas al Milanillos en término de La Rumbona.

Todos bajan casi desconocidos, eufóricos por la alegría de recuperar su ser; pletóricos por doquier, orgullosos porque se les considera en lo que son y en lo que valen, porque notan que se les tiene ley. Altaneros, porque han recobrado su dignidad tantas veces atropellada, como en los veranos, cuya sequía abrasadora les hace mostrar sus cauces deshabitados, sus mismos huesos desnudos, sus sendas polvorientas.

Ahora no. Ahora vienen en un rumor clamoroso de canciones sobre la abundancia que no cesa día y noche. Bajan estableciendo su orden, sus límites y, a veces, toda esa fuerza hace que inunden algún trozo de pradera, abusadora que se aprovechó de anteriores flaquezas y se atrevió a adentrarse en los dominios del río. También a algún árbol despistado le enseñan los dientes y hay algunos que caen del mordisco. Se hacen valer. Se hacen respetar. Los vecinos les observan desde los puentes con rostro de admiración y les alaban diciendo: "Así tenían que bajar siempre…".

Bajan contentos, es algo palpable. Elevando olas con sus crestas de espuma blanca; haciendo morisquetas juguetonas, recreándose en las curvas de los meandros, divirtiéndose en los remolinos de los bodones y complaciéndose en los remansos de los tramos más domesticados. Saben que mientras la sierra madre esté blanca ningún peligro les acecha. Por eso son tan generosos con la tierra y sus entrañas y, a su vez, ésta se hace estallar en un raudal de vida por ahora, por la primavera….

Pero, ¿y después…? Mejor ni pensarlo. Por el momento, y parece que va para largo, todos coincidimos en que nuestros ríos bajan como tenían que bajar…. Siempre.

17 de abril de 1991

[N. del A.: Esto lo describía Eduardo Piñuela con esta sola frase: "Baja un río de muchos cojones..."

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