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Ecología

Bañarse en los ríos. Nuestros bodones.

A los ríos van los desagües incontrolados de las poblaciones, de las industrias; van los pesticidas de los prados, los herbicidas de los sembrados, van los purines de las explotaciones ganaderas y un grueso catálogo de indestructibles objetos de deshecho, basura industrial eterna. Ya nadie se atreve a pisar descalzo en el seno de río, cuanto más bañarse en sus remansos. Los que sólo conocen la piscina no saben lo que es bañarse en unas aguas, heráclitas, en continuo movimiento y tratadas sólo con el oreo de la naturaleza. Pero ese es otro tema.

Hasta hace unos tres lustros bañarse en los ríos que atraviesan estas tierras formaba parte de las actividades más atractivas, espontáneas e irrenunciables de cada verano. Solo a últimos de septiembre el agua menguaba hasta tal punto que las chorreras no daban abasto para regenerar el agua de algunas pozas, y entonces había que irse a otras un poco más alejadas: las de Sotopalacio, las de La Rumbona... una gran parte de los bodones no alcanzaron a tener nombre propio pero otros se hicieron célebres por sus buenas propiedades para el baño y la natación (los ríos eran antes los únicos monitores que gastábamos los chicos para aprender a nadar).

Su estado actual es prácticamente de desaparición pero sus nombres propios les conceden un derecho a figurar en nuestra memoria. La enumeración que sigue obedecer a un orden descendente siguiendo el curso de los ríos.

LA MINGA. Sitio: en el soto la Grajera, arroyo Madrones. Bodón estrecho, largo y muy profundo, estaba semicamuflado entre fresnos y bardagueras. Era el primero del río y, aunque tenía el piso con muchas piedras, era el preferido de algunas pandas de chicas, tal vez debido a la tranquilidad que le otorgaba el estar un poco apartado.

REDONDO. Sitio: En el mismo soto que el anterior, mismo río y un tanto más abajo. Era uno de los más grandes y con un buen piso de arena suelta, con poco cieno. A este acudían sobre todo las pandas de chicos más pequeños para aprender a nadar, tarea que facilitaba su poca profundidad, y, más que nada, para ponerse a salvo de aguadillas y otras perrerías de los más mayores. Su forma le dio el nombre.

BODÓN DE LOS PUENTES. Sitio: En los mismos puentes de la antigua carretera N-110, en el mismo soto y entre las zonas de huertas. Éste ya está alimentado por el jovencísimo Milanillos, que acaba de nacer unos metros más arriba de la unión del arroyo Madrones con el arroyo de la Cueva. De gran extensión y profundidad variable, lo alimentaba un gran bronco de agua. Sólo se podía ir si se sabía nadar y por su parte más profunda permitía hacer todo tipo de saltos y cabriolas. Era muy frecuentado por las pandas de mediana edad, por mayores y también por gente de la ciudad de Segovia.

EL PLANTÍO. Sitio: En el prado del mismo nombre, donde terminan las casas del pueblo. El río Frío tenía curiosos bodones en sus meandros. Eran muy concurridos por gente menuda, sobre todo por su abundante pesca –a mano- de barbos y otros peces menores, peces de junco... . Sin embargo ningún bodón de este prado pelado de árboles llegó a alcanzar nombre propio debido a que su caudal menguaba hasta casi desaparecer. A pesar de ello, el plantío ha sido donde más y mejor se ha pescado. En la actualidad es el lugar donde va a parar el desagüe general del pueblo. Es sencillo suponer lo que se puede pescar ahora en las mismas charcas...

LA PRESA. Sitio: Prado y soto del Sotopalacio, entre los caseríos de Paredones y La Rumbona. Río Milanillos. Al ser artificial resultó un bodón inmenso ya que el dique, construido a base de superponer piedras y trozos de césped, se levantó al final de un tramo en el que el río se ensancha algunos metros. También de buena profundidad y buen piso, era famoso por su abundante pesca y también porque sus dimensiones permitían la natación de trayectos larguísimos. No se secaba en verano ya que lo alimentaban sus propios manantiales. Acudían a él gentes del pueblo y también bastantes de la ciudad misma de Segovia e incluso del pueblo limítrofe de Fuentemilanos.

LOS BERRALES. Sitio: soto de La Rumbona, también en el río Milanillos. He aquí el bodón más legendario de todos, el de más categoría y autoridad porque ponía a prueba el valor de los mozos del lugar. Debido a su profundidad y a la gruesa corriente de agua que lo atravesaba, se hacía más de respetar, sobre todo para los legos en las cosas del nadar, para los de secano...

Hay sobre este bodón una leyenda (o tal vez una realidad como afirman muchos aquí) según la cual existía en esta poza un fuerte remolino de aguas, causado por un gran agujero por donde se sumergía el agua, arrastrando en su huida a quien se descuidara, a quien se acercara. Esto, en el largo tiempo en que lo conocí y me bañé, no era tal (puede que el agujero se hubiera taponado ya con ramas, hojas que lleva el río...) pero lo que sí es del todo verídico es que de este bodón han tenido que sacar a varios con el estómago ya repleto de agua. Sí es cierto que aquí se han llevado muchos sustos, bien por inexperiencia o por descuido, mozos bien hechos y derechos. Los Berrales eran tabú para las pandas de pequeña y mediana edad. De chicos, porque chicas allí nunca se bañaron.

Por esta misma zona existían otros muchos bodones de gran categoría porque por allí el río manaba con abundancia, pero sólo se adentraban en ellos quienes los conocían bien, como los habitantes (en su día) de los caseríos de Paredones y La Rumbona. Era un lugar este soto de abundante fauna, y dentro de ella de abundante pesca (en Segovia lo saben muy bien) de cangrejos y peces grandes que se escondían entre las raíces sumergidas en el agua de los fresnos, bardagueras y retamas de las riveras. También había que atreverse a meter allí las manos y los pies y sacar de cuando en cuando, por no poder verlo hasta estar fuera, unas buenas culebronas en vez de peces...

En cualquier caso, la descripción de estos lugares es la de pequeños paraísos: espacios idílicos en los prados, en el césped de los sotos, bodones, remansos y meandros por los fresnos. En plena, pura y viva naturaleza; con total confianza y plena tranquilidad (hoy las alambradas han restringido el acceso a estos parajes y también ha cambiado el itinerario los caminos de toda la vida). Ah!! aquellos veranos de bici, de verde y de agua...

¿Dónde están nuestros bosques?

El término de Madrona alterna las mayoritarias áreas de tierras de labor con los sotos de fresnos y olmos, los montes de chaparros y encinas, alguna alameda y otra parte considerable del mismo linda con el bosque de Riofrío, separado del término por una valla alta y gruesa construida en piedra caliza. Inmediatos a esta pared, del lado del citado bosque, perviven tranquilamente centenarios sabinares y añosas encinas que están transformando poco a poco las laderas de calizas en tupidos montes cuyos desechos de hojas y otros restos están creando un nuevo suelo sobre la roca caliza. Sin embargo, del lado de fuera no existe vegetación permanente alguna. De una observación detallada, se comprueba que estas masas vegetales son el último reducto verde que quedó en el pueblo de madrona después de una destrucción sistemática y radical de su flora. Una destrucción que todavía hoy no sólo no ha sido resarcida, sino que aun avanza en ciertos lugares.

La Castilla boscosa y verde fue devorada por el volcán de La Mesta, por los ganaderos que querían cada vez más superficie de pastos a costa de los bosques mediante la tala y el incendio. Castilla, que no necesitaba más grano porque era excedentaria, y también de carne, lana y otros derivados, tenía que sacar adelante al resto de regiones a costa de su suicidio. Todavía hoy esa vieja herencia de La Mesta está presente en las creencias, expresiones y a veces también en las acciones de los ganaderos. Somos un país arboricida. Es frecuente oír a muchos de ellos que "...cuantos menos árboles, más prados, cuantos menos bosques, más prados…" o "... los árboles sólo sirven para traer pájaros….". Acto seguido se quejan de que no llueve….

Estas manchas verdes luchan constantemente por la supervivencia y la expansión que les corresponde (por las características del suelo), pero el arado en tierras linderas y los rebaños en los espacios comunales pueden más y van reduciendo lo poco que nos queda, salvo alguna excepción.

EJEMPLOS DE REPOBLACIONES NATURALES

Una de estas excepciones la constituye el agreste paraje de El Simarrón, finca particular que en el momento actual no está sometida a la presión de los rebaños de ovejas y cabras y que tiene como colindante al bosque de Riofrío. Eta finca, de una belleza singular, está conociendo la acción de una repoblación completamente natural: robles, fresnos y, sobre todo, sabinas que están recuperando poco a poco variadas zonas hasta hace poco vacías, sin verde y sin sombra, y están reconstituyendo lo que sin duda fue su hábitat natural original.

Otra zona de especial interés es el paraje llamado El Hocino, antaño cubierto de espesas matas de encina y también de robles formando un monte que se extendía a lo largo de sus laderas, adentrándose en el término de Hontoria. Al día de hoy y después de al menos cien años que cuentan desde su desaparición, este paraje está experimentando una repoblación natural de chaparro y, en menor cantidad de robles aislados que están tomando posesión de estas escarpadas laderas de roca caliza, castigadas tanto por el incendio como por los rebaños que destruyen los brotes tiernos de los hijatos y afloraciones de raíces de las distintas especies, impidiendo o retrasando aun más su multiplicación.

En estos casos las repoblaciones son extremadamente lentas, debido a las durísimas condiciones del suelo, rocas, y clima muy seco, a las que deben hacer frente además de las adversidades antes nombradas que les vienen de nuestra parte sin más ayuda que la de su propia suerte.

Otros espacios, como son los sotos, padecen una merma constante de unidades que componen la masa forestal. Se ha perdido la totalidad de los álamos negros como consecuencia de la plaga de la grafiosis y son numerosos los fresnos que se pierden por muerte natural, caídos por la erosión del río, talas en los repartos de lotes, etc., sin que se reponga uno solo de ellos. En consecuencia, aumentan las calvas de os disminuidos sotos porque no existe ninguna acción de mantenimiento, ninguna medida de respeto a estos legados que poseen un microclima especial y que tantos bienes nos aportan. A este respecto es de vital importancia reivindicar urgentemente un plan de repoblación, protección y mantenimiento de nuestros sotos, antes de que estos se vean aun más deteriorados.

Finalmente están los prados desprovistos de cualquier tipo de vegetación debido casi con toda seguridad, al aprovechamiento que de ellos se ha hecho para emplearlos en verano como eras, un uso que en la actualidad ya no precisa de estas grandes extensiones. Estos prados y eras presentan las mismas condiciones que los sotos: idéntica clase de tierra, llanos y siempre atravesados por ríos o arroyos. Todas estas características comunes nos hacen suponer que en un tiempo anterior, quizá no muy lejano, también estuvieron poblados de fresnos y, de hecho, hasta hace unos años aun crecían en sus límites (en lindes y al lado de paredes), múltiples colonias de álamos negros. La reforestación con fresnos de estos prados supondría, entre otros avances, una mayor producción de hierba y de mayor calidad debido al microclima de sombre y humedad, y también por el abono natural que proporcionan estos árboles de hoja caduca. Sería, además, un freno al proceso de deterioro por erosión. En el vecino pueblo de Fuentemilanos ya han repoblado recientemente varias extensiones de prado con esta especie arbórea y con buenos resultados. Por tanto, en nuestro caso, queda claro y fácilmente demostrable, que al término de madrona le corresponde una superficie arbolada muy superior a la que ahora sobrevive, aun sin contar siquiera para su transformación, las parcelas de titularidad privada que se arrebataron al monte para ser roturadas.

La recuperación de nuestro entorno, del paisaje que nos es legítimo y con el que estamos en clara deuda, en cualquier caso, no pasa únicamente por la buena voluntad de algunos vecinos sino que requiere sobre todo la acción de las instituciones (Junta de Castilla y León, Ayuntamiento, ICONA, etc. ) en colaboración con los propios vecinos, que deben ser quienes tomen la iniciativa, firme, y presenten las propuestas, planes y estudios ante los organismos pertinentes.

Mayo 1993

...árboles para la vida...