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Madrona y los visigodos

Por H. Carballés..

Escritores tan famosos y tan ilustrados con el señor González Herrero y otros que no me atrevo a nombrar por ser una especie distinguida y elocuente, dicen que los hombres y las mujeres que poblaron Segovia en el medievo, procedían de los vascos y cántabros e enumeran una serie de causas y razones que explican, y lo explican bien, con pelos y señales y con un raciocinio tan sano como de tal señor, tal villano.

Pero yo, que no soy segoviano, aunque tenga el honor de ser adoptivo, por tener tres hijos de este pueblo y una mujer casada conmigo y nacida esta plaza de Segovia, a la que Dios bendiga si lo tiene a bien.

Yo digo, que si bien Segovia estuvo poblada por seres norteños, tuvo que tener otros seres que no fueran mandados por el conde Fernán González, fundador de Castilla la Vieja. Y digo la Vieja, que es la primera y única Castilla. Pero volviendo al caso del señor Herrero, pienso que las tumbas de Madrona son un claro y definitivo encuentro de los gobernantes de las épocas que en su libro nos quiere o pretende decir, que los visigodos no pasaron o no pusieron los pies en Segovia pura o impura, pero cabeza de Castilla y cabeza de Extrema y Dura.

Hay en madrona, a dos leguas de Segovia, unas tumbas que ya desaparecieron y que eran talladas en piedra, de quinientos kilos de peso aproximado, y todas ellas con una tapadera. Las unas eran anchas y cortas. Las otras eran largas y bellas. Las demás eran de príncipes y las otras de doncellas. Pero todas de piedra caliza y del estilo ese que los visigodos hacían…

Ya no queda de aquella necrópolis ni el maldito recuerdo de la incultura de los pueblos. Tan sólo en los amaneceres, las águilas rondan las tumbas abandonadas después de saquearlas y destruirlas esas gentes que se llaman estudiosas. Treinta y tantas tumbas había, maravillosamente labradas y construidas y colocadas por los visigodos.

No tengo ningún inconveniente en decir que en los años que fueran, se destruyó por ignorancia o por incompetencia, una de las necrópolis más bellas y más originales que se pueden conocer en estas tierras de Castilla y León y del mundo entero.

Las tumbas son el fiel exponente de que los visigodos tuvieron parte en Segovia como gobernantes (que no se hacían tumbas de piedra para esclavos) y como seres vivientes, que los gobernantes siempre necesitan gentes, aunque tan sólo sea para tallar la tumba en roca.

Y si una tumba necesitaba diez obreros diarios y los diez trabajaban diez horas, lo lógico es pensar que ese era un pueblo muy grande y muy ilustrado y muy famoso y muy rico y muy valioso.

Nadie comenta que en madrona, pueblo de paz y de vegas frondosas y fresnos verdes se tuviera que enfrentar contra vascos o cántabros.

Madrona, al parecer era un pueblo tranquilo que estaba considerado como de los visigodos y sus gentes, sin meterse a defender otros problemas que los de sus huertos.

Las aguas que anegaban la sima, arrastraban los deshechos desde la montaña al río. Y la vega llena de fresnos, sostenía el viento que arrastraba las mazorcas del maíz que a las orillas se plantaban. Eran mazorcas de alimento, que l río se encargaba de llevar más abajo del valle para que vivieran todos, entre el amor y el viento. Los siglos pasan siempre para los seres vivos y muertos. Y de pronto miras con amor al santo o a la Virgen o al siempre hermosos torreón de tus recuerdos. Ese torreón donde tus años primeros era la altura más alta que conocían tus altos miedos.

Madrona sigue ahí, con su iglesia donde las campanas suenan y hacen recordar al viajero que no sólo está vivo el románico, sino que también está vivo el pueblo. Pero lo curioso de este pueblo de madrona, situado precisamente en los mejores parajes de Villa y Tierra, es que de villa nada y de tierra ninguna. Eso explica a la larga, porque todos los vecinos trabajaban por contrata… Todo es normal en Madrona donde los viejos se sientan a la sombra y juegan al tute y a la brisca… y si llega el caso, se toman una copa.

Todo es tan normal y tan bello, que sabe a gloria.

Cuando suenan las campanas, o cuando incordian, al pueblo se le encoge el alma porque piensa que acaso al fresno se le han ido las horas que tenía que perder en el invierno.

Y las vacas, cumpliendo con sus deberes, llevan las ubres repletas de leche. Y en la vieja y destruida carretera, los niños montan la bicicleta, ante el cuidado amoroso de sus madres, que se encuentran en otro planeta.

Se oyen gaitas y tambores en las tardes de verano, y ruidos y mil clamores y mil gritos y mil manos que te saludan sin conocerte o sabiendo que eres conocido o que eres, al menos, castellano.

El primero de septiembre, madrona, tiene un amor, que es muy lógico que tenga, en forma, claro está, de Cristo crucificado. Es un Cristo que llaman de la Salud. Ese Cristo no está en el pueblo, porque era tan milagroso, que tuvieron que sacarlo de allí y meterlo en la ermita, si no, no se moría nadie y estaban las cosas que ya se sabe por eso de las herencias…

El primero de septiembre es cuando empieza y termina la cosecha. Los unos terminan la trilla y los otros aran la tierra para la sementera.

Porque eso de sementera, en mi pueblo significa comenzar la siembra.

Madrona debió de tener en tiempos de los visigodos unos veinte mil habitantes o más si pensamos en las tumbas olvidadas o destruidas. Y si pensamos en otras circunstancias puede que tuviera más habitantes que Segovia en la actualidad, cosa indemostrable. Pero casi segura. Veamos. Si por cada cien mil muertos entre los visigodos a uno se le daba el título nobiliaria consiguiente para hacerle una tumba, de piedra labrada a pico, (en piedra caliza o silícea) pero pesadísima, hay que pensar que el "pueblo" que tenía tal humor era muy abundante o muy trabajador.

Para mí que este pueblo visigodo, no sólo era inteligente sino abundante, por las informaciones que se llevaron hace cuarenta años, algunos señores, en forma de oro y plata y algunas otras cruces y medallas, posponiendo el valor histórico al valor práctico. (Véase el museo de los indios apaches).

Yo espero que nadie busque tumbas olvidadas, porque en esta patria mía, todo huele a nada más tocarlo. Y madrona tiene el nombre de madre. De madre de cuatro tetas que todo lo admite, que todo lo ama, que todo lo tolera. Porque madrona es una madre grandota y sencilla a la que nadie ofende porque no puede. Y si alguien me dice que madrona es de la provincia de Segovia, le diré que sí. Y si me dicen que es un barrio de Segovia, le diré que bueno. Como es un barrio de Segovia la Mata de Quintanar, la mata del Cuero y la mata de matar.

Claro está, que cada mata tiene su matador y madrona se siente muy arraigada al Ayuntamiento de Segovia. La ama por sus ríos y por sus fuentes y por sus prados y por sus vaca y por sus oveja y por sus pozos de agua que le impiden beber aguas ajenas. Pero la ama en el fondo… que es lo más que se puede ser en el amor… Y pienso yo: ¿Quién es más importante? ¿El que da o el que recibe? No estoy hablando de maricones, sino de cuestiones económicas. Estoy hablando del poder adquisitivo de un pueblo que regala el agua a una ciudad por tres pesetas o menos. Y que en el pueblo no se sabe nada y en la ciudad tampoco, por eso de ser un barrio, inventado y obligatorio con los cánones de ciertos señores.

¿Por qué… no somos del barrio segoviano, los de Palazuelos…?

¿Por qué… no somos del barrio segoviano, los de La Lastrilla…?

¿Por qué…. No somos del barrio segoviano todos los pueblos que al trazar la circunferencia se encuentren al menos de quince kilómetros del radio que la ciudad representa…?

Yo sé que es por amor… Y me duele que sea por otra cosa. Porque como yo he pensado toda mi vida, los ayuntamientos centrales o centralistas se comen en amor y compañía las glándulas de esos pobres señores que protestan en el pueblo con la gorra puesta o quitada pero que piensan como cualquier ser humano que se ve destruido y mal tratado.

El día primero de septiembre, repicarán las campanas en madrona la bella, la callada, la seria, la tranquila y la hermana. Y todos seremos de una forma o de otra, los que dejaremos un poquito de nuestra alma entre la iglesia y la ermita. Entre el sol y la pradera. que nos invita a los de dentro y a los de fuera.

Todos seremos de madrona, porque aunque ustedes no se lo crean, madrona es una madre que a todos nos parece nuestra. Con su charanga, con sus palomos y con otras peñas. Tan acogedora es su presencia y sus fresnos en la ribera y sus aguas y sus vientos, que parece que todas las cosas pueden esperar hasta que pase la fiesta. Y así es…

La fiesta de madrona termina con el rico que se acuerda de que no hay otro pueblo que más se merezca…. Ni otro pueblo que sea más rico aunque se tenga que sacar el dinero de la faltriquera, que para eso está el Cristo, que de la Salud le apodan y de la salud les llena.

(Dedicado a todos los pobres que viven en madrona y a los que se me olvidan).

(EAS, Viernes 30 de agosto de 1985. Página de Opinión)

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Madrona y las dulzainas

José Antonio Flórez Valero. De la Federación Internacional de Periodistas y Escritores de Turismo.

Madrona, aparte de que su significado primero, según el diccionario, sea el de cloaca maestra, es la palabra que en lo moderno sustituye a la antigua latina de matrona. Como aun la desaparición del latín no ha llegado a sus últimas y lamentables consecuencias que se propone el ministra de Educación (cosa lógica porque al parecer estudió en Inglaterra) el que más o el que menos sabe lo que matrona significa: madre de familia, noble y virtuosa. Pero tiene la palabra madrona, siempre según el diccionario que es la máxima autoridad en estos asuntos, un tercer significado, familiar, que la equipara al de madraza, una madre muy condescendiente y que mima mucho a sus hijos.

No le viene mal esta última acepción a madrona, el pueblo donde vivo, y que se encuentra enclavado en el kilómetro 200 de la carretera nacional Soria-Plasencia. A diez escasos de Segovia, Madrona es un pueblo, pero, además y seguramente para su desgracia, es un barrio. Un barrio de Segovia.

Esto de barrio, que ya de por sí mismo parece como un poco despreciativo estando como está a casi diez kilómetros, le viene de unos años atrás. Justo cuando el hombre llegaba a la luna el duque que aun no era duque dijo en Cantalejo lo que dijo y que no yo repito aquí porque no soy Camilo José Cela para permitirme tales libertades. Al igual que ahora vienen las arenas del Sahara llegó por entonces la concentración de municipios, y esa guerra santa llegó incluso a Fuentemilanos que por entonces, y seguramente por eso, aun no tenía aeródromo. La pena es que no llegara hasta Chinchón, que hubiera una forma incruenta de recomponer el mapa provincial.

El caso es que Madrona, siendo la madre y por ser madraza, de pueblo pasó a barrio. A cambio recibió unas pistas de tenis de tecnología avanzada que las permite encharcarse únicamente cuando llueve, y ese "coso" ovalado que ni siquiera Fernando Ayuso, el corresponsal de EL ADELANTADO , sabe para lo que sirve. A cambio los vecinos parece que empiezan a pagar como si vivieran en la calle Real. A cambio a los vecinos les ponen, les imponen, un plan urbanístico más duro que el establecido para la plaza de Artillería, porque aquí no paralizan las obras, sino que no dejan comenzarlas y todo porque alguien debió pasar una vez en helicóptero y pensó que volaba sobre fincas infrautilizadas de Andalucía. Y si no que expliquen a estos vecinos porqué son necesarios quince o treinta mil metros cuadrados para levantar una vivienda unifamiliar si el que más tiene tres mil. A lo mejor alguno llega a los cinco mil ahora que andan con la concentración parcelaria.

Y a cambio de todo y de otras muchas cosas que harían largo el relato, madrona , en su acepción madraza, complementa lo que mi amigo paco llama "solución Trapero" para el problema del abastecimiento de agua a Segovia. Esta "solución Trapero" según mi amigo paco consiste en rezar a la providencia para que nieve en el invierno y llueva en la primavera. Y el complemento a tal solución lo constituye el agua subterránea de madrona. Mientras dure. Porque a todas las madres, aunque sean madrazas, un buen día se les retira la leche….

Pero no iban por aquí mis deseos al poner título a este artículo. Ocurre que madrona, pueblo o barrio según quien lo mire, tiene también, ¡faltaría más!, sus fiestas patronales, que celebra en honor del Santo Cristo de la Salud. Como eso de la salud es preocupación diaria, las fiestas de madrona no siempre se celebran en las mismas fechas, aunque, eso sí, giran hacia el primer domingo de septiembre, lo cual no impide que este año lo hagan hacia el último de agosto. Algo tiene que ver el vecino Fuentemilanos en estas decisiones, por aquello de no coincidir.

Pues madrona celebra sus fiestas del Cristo de la Salud, que tiene ermita, con un programa parecido a lo que son los programas de fiestas en pueblos de su entidad, que a los organizadores les parece de perlas y a los no organizadores no tanto. Sus actos religiosos, sus concursos de mus, brisca y frontenis, su exhibición de disfraces para fomentar la imaginación, sus bailes regionales y populares, sus actos religiosos, su homenaje a los mayores, sus peñas y su cena o comida de hermandad previa inscripción. Unas fiestas donde los del pueblo pugnan por pasárselo bien, porque así es obligado, y los de fuera, si andan listos, hasta pueden saborear un vaso de limonada. Y doro tan feliz cuando la orquesta toca el baile de la escoba.

Pero existe algo que distingue a las fiestas de madrona: su certamen de dulzaineros que en el presente cumple su quinto año. Certamen que lleva, como es lógico, el nombre de Agapito Marazuela. Y que patrocina el Ayuntamiento de Segovia, por eso de ser madrona barrio, y la Diputación Provincial, por eso de ser madrona Pueblo, y la Caja de Ahorros porque, bendita sea, colabora en todo.

Mérito tiene, mérito entrañable, este certamen. Y debiera cundir el ejemplo. No a la manera de certámenes que pudieran constituir competiciones, sino celebrando en cada pueblo, durante las fiestas , un día dedicado a la dulzaina. El día mayor. Iniciándolo al alba con la revolada. Siguiendo después con las dianas. Enlazando con los pasacalles a la hora que antecede a la misa mayor. Dando solemnidad a la procesión con la entradilla, ahora ya acompañada del baile ante la imagen del Patrón o la Patrona. Y, al atardecer, el baile, el baile de rueda, con su entrada alegra y vibrante, y las jotas, y los fandangos y los bailes corridos, hasta llegar, ya cuando la hora empuja a interpretar una nueva revolada, con las inmortales "habas verdes".

Puede que el certamen de Madrona ayude un poco a despertar aquella fiesta. Que sea únicamente el certamen de unas horas y de un pueblo o de un barrio, como cada cual prefiera. Que sea el día mayor de las dulzainas en las fiestas todas de nuestros pueblos todos.

(EAS, viernes 28 de agosto de 1987. Página 2, Opinión)

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Las hachas de Lauro

Anda Lauro a medias entre la obligación y el querer. La obligación está dada, que es el bar. Lo que un bar, tener un bar, suponer en un pueblo: conversación a diario, apretura en el vermut de los festivos, casinillos de mus en las largas tardes-noches del invierno... El querer son los quereres: la matanza, la huerta junto a la casa nueva, el crecer de los abetos traídos de La Granja, y el monte.

Sobre todo el monte. Un querer que, en definitiva, es obligación, asumida como escape de la obligación primera, de la caña, el corto de vermut o el medio de caña con ginebra.

Y ahora, como el quince de marzo señala el final de las podas, anda Lauro con el tiempo apretado. Tiene su trocito de monte a contrata de corta camino que se va a Guijasalbas, a la derecha desde Fuentemilanos. Corta de encinas que Lauro, pensar otra cosa sería ofensa, realiza con el hacha. Para ser más exactos, y para quien ignore estos oficios, con varias hachas, que en esto, como en todo, los detalles importan. Que no es lo mismo el corte que el estalado, o trocear después, por poner ejemplos rápidos. Y cada tarea exige su herramienta precisa. Para los no iniciados algo así como el jamón y el queso, que exigen cada uno su cuchillo propio.

Ocho son las hachas que Lauro cuenta, distintas en el mango y en la hoja y hasta tiene para tallar las piedras o para apartarlas, cuando rodean al matojo a cortar. Y este largo invierno ha retrasado la tarea de Lauro y los días son pocos aunque el frío no espante, que no hace frío en el monte si se enarbola el hacha. No es tarea que pueda hacerse a tontas y a locas, ni eligiendo lo fácil o lo cercano. Se trata de recortar, de entresacar, de clarear, eligiendo lo débil y lo enfermo, lo espeso y lo molesto, de forma que lo no elegido crezca sano, y fuerte, y rápido. Y estaladar lo cortado, y cargar los palos y limpiar en lo posible, que ha de ser todo, quemando si es preciso.

A Lauro le gustaría hacer cisco, como hace años. Pero es tarea que exige varias agallas, varios Lauros, y ya no los hay. Amontonar lo cortado, lo menudo, y encenderlo, abrasarse el alma al apagarlo hasta lograr ese carbón de encina por el que suspiran los braseros. Faltan agallas y sobra, claro está, obligación. pero Lauro es feliz mimando sus hachas, hablando con sus hachas, enarbolando sus hachas, solitariamente solo, con su nombre de árbol y sus decires que convencen, en su trozo de monte alquilado al capataz del señor conde, a la derecha, carretera que se va hasta Guijasalbas...

Emitido por su autor en Radio Segovia, tal vez una mañana de marzo de 1985 o 1986. Aunque tengo el manuscrito, no lleva fecha..

José Antonio Flórez Valero. De la Federación Internacional de Periodistas y Escritores de Turismo

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