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Personajes 2

3. Justo Matías


4. Antonio Rincón

 

...árboles para la vida...

 

Justo Matías: semblanza de un personaje para nuestra historia

¿Quién era el "tío Justo"? Justo Matías es uno de los hombres más recordados, aludidos y con mayor peso en nuestra pequeña historia. Personaje principal en una larga obra que va desde finales del siglo pasado [S. XIX] hasta más allá de la mitad de este, con ochenta y seis años de vida. El tío Justo, así se le mienta en las conversaciones de los recuerdos, es una de esas numerosas personas que tiene que vivir de un oficio pero precisamente para el oficio. Él vivió para, en su medida, dar vida. Daba vida a la belleza, a la ironía y a la simpatía con sus poesías; a la creación artesanal con sus cestos de mimbre; a las charlas y porfías con sus apasionadas tertulias y con sus ocurrencias; a las facultades deportivas de los demás con sus desafíos a gente mucho más joven para disputar con ellos carreras largas con apuestas incluidas; a los sucesos del pueblo versándolos, recitándolos y poniéndoles música en las frecuentes tertulias de taberna.

Pero como hombre enérgico que era también atizaba lo suyo: a lobos y alimañas, porque atacaban sus rebaños; a serpientes y grandes culebras por su carácter maldito y porque debía dormir en el campo muchas noches; a los mejores ejemplares de gato, para comérselos y aprovechar sus pieles para forrar pelotas de frontón y obtener también tiras para coser coyundas y sobeos…y también a quien se empeñara en llevarle la contraria mucho rato en algo que él tenía muy claro….

Justo Matías nació en 1887 en Duratón, y le toco bregar desde muy pequeño por toda esa parte de la sierra como pastor: mata del Pirón, Collado Hermoso, Mata del Fraile, Corral de Ayllón…. Con ese oficio que le tocó en suerte. Antes de enviudar, más temprano de lo corriente, (su mujer falleció a los pocos días de dar a luz a Tasio), tuvo cinco hijos: dos varones y tres mujeres. Al poc de fallecer su esposa vino a madrona, lugar que ya sería su destino definitivo en esta vida. Por eso aquí es raro quien de los treinta y cinco para arriba no se acuerda o no tiene alguna anécdota de él. Para elaborar esta pequeña historia he acudido a su hijo Mauri, también a mi padre, Lauro, que fue su vecino durante muchos años y a los recuerdos propios que guardo de cuando era un chiquilicuatro y participaba, más que nada en calidad de oyente, en las tertulias de verano que en la puerta de su casa surgían de forma natural o provocadas por él mismo la mayoría de las ocasiones, en el fresco de las noches.

JUSTO MATÍAS, POETA

Todas las particularidades de este hombre eran asaz conocidas, pero tal vez sea la de poeta o componedor de estrofas la que con más intensidad se recuerda. Apenas sabía leer y escribir pero disponía de una cabeza muy bien dotada para esta faceta. Su agilidad mental facilitaba el hilvane de cuartetos al instante, de forma completmenteespontánea, generalmente dedicados a personas ocosas que le llamaban la atención. En ellos ponía su gracia, su ironía y, a veces, su chiste, como en este dedicado a su hija y a su yerno:

Amadeo tuerto y feo,
se pasea por Madrid,
con su novia, la Rosario,
que parece un figurín.

También a los niños les dedicaba sus rimas que componía en el mismo momento de verles.

Otra vertiente que cultivaba de forma especial era la de componer extensos poemas sobre acontecimientos de importancia, tanto nacional como del pueblo. Son muy aludidos los de la guerra civil española:

Oh! Año del treinta y seis,
qué desgraciado has venido,
cuántos te vimos entrar,
qué pocos te han despedido…

La crónica en verso de su versión sobre un sonado contencioso con la yegua del tío Marcelino:

El día once de abril,
en una tarde serena,
regañé con Marcelino
por poner pielga a la yegua….

O los de una imponente tormenta que causó cierto pavor general:

…yo, acurrucado en una zarza,
pidiéndole a Dios clemencia,
que cesaran los granizos
para empezar la tarea…

El conocimiento de estas poesías era muy extendido porque él las recitaba de memoria en múltiples ocasiones y con cualquier excusa. Sin embargo, no existe ninguna constancia escrita de sus creaciones, ningún documento que dé cuenta de este desbordante ingenio. La gente de aquí las sabía pero el ácido disolvente del tiempo ha podido más que nuestras frágiles memorias, que sólo pueden recordar retazos de ellas, y es muy probable que casi todas sus obras se hayan perdido.

[N. Del A.: creo que D. Rafael Matesanz, cura y poeta que estuvo destinado en Madrona muchos años, recopiló las poesías de Justo Matías. Su muerte hace unos años, hace la tarea de recuperación un poco más difícil].

EL TÍO JUSTO, ARTESANO

Otra de las actividades que desarrollaba era la de dar trabajo a sus manos en varias faenas de artesanía. Como por su oficio de pastor pasaba mucho tiempo en el campo, de las matas y arbustos de los ríos seleccionaba los mimbres, bien de bardaguera bien de acergatillo, con los que después confeccionaría, para su venta, cestillos y cestos para la ropa, de uso muy común por entonces. Haciendo cestos, en su plaza y al sol de otoño, su menuda figura, vestido siempre de pana negra, constituía un elemento más del paisaje habitual y como tal quedó inmortalizado en un óleo de Felipe Pastor Cañas.

Es muy fácil que aun queden por ahí rodando muchos de los cestos tejidos por el tío Justo. Los hacía muy bien.

Los gatos eran otra de sus especialidades porque de ellos aprovechaba prácticamente todo: seleccionaba los ejemplares más jóvenes, más robustos, los mejores, y les metía en un saco que después ataba. Por fuera agarraba a uno del cuello y, cuando lo tenía bien sujeto, con un palo en la otra mano le atiza un golpe seco en la cabeza con el que el gato pasaba del día a la noche eterna sin sentirlo. Una vez que les había dado catetillo a todos, los desollaba y aprovechaba casi todo. Sus pieles, que él mismo curtía, para forrar pelotas de frontón y obtener también tiras de cuero que usaba para coser y reparar coyundas, sobeos y arneses.

Con la carne, una vez bien limpia y bien serenada (dos noches al sereno) hacía pequeños ágapes. Algunos guisó su vecina Natividad Ayuso, aunque la mayoría de las veces era la "tía Julia Zapatera", esposa del "Tío Francés" [se quedó con este nombre porque fue emigrante muchos años en el país que le dio apodo], quien los cocinaba. Con el tío Francés era con quien más juergas organizaba a cuenta de los gatos. Pequeñas fiestas pero ruidosas, de todos conocidas en las que se comía y se bebía más de lo que cumpliera par después cantar y poner música a las rimas del tío Justo…y así hasta dónde el cuerpo aguantara…

[creo que esta parte salió publicada independiente de la segunda que sigue]

Iniciamos el recorrido por esta pequeña historia de nuestro gran personaje, abarcando otras vertientes de su personalidad creadora y proverbial.

APUESTAS Y TERTULIAS

Nuestro hombre, de carácter enérgico y tozudo hasta la médula, pretendía dominar y superar a gente bastante más joven que él en carreras a pié. A tal efecto desafiaba a correr con apuestas de por medio. El aludido en cuestión aceptaba el reto (Lauro y Ernesto, que eran vecinos, muchas veces) y se organizaban unas carreras a veces largas, de más de tres kilómetros. Al tío justo le daban cierta ventaja, llamada aquí carrerilla, y para controlar todos los pasos de la competición se situaban los correspondientes ayudantes en los puntos clave previamente señalados, provistos de silbatos para garantizar la limpieza de la carrera y el cumplimiento exacto de las condiciones acordadas. Llegaban a formar cierto espectáculo estas carreras que, por lo demás y generalmente, solía perder el tío Justo, no sin alegar irregularidades por parte de los demás… y es que, como hombre de mucha sangre, tenía muy mal perder.

Otra de sus especialidades era la de provocar tertulias en las noches estivales y así, en el umbral de la puerta de su casa, se congregaba un grupo heterogéneo de grandes y pequeños, siempre atentos a las historias que se contaban. Ahí les escuchábamos contar relatos acerca de los lobos y alimañas a los que se había enfrentado y, por supuesto, vencido, por cuidar y defender sus rebaños. Había dado muerte, además, a grandes y monstruosas culebras que, muy machacas que las dejara, no podían morir nunca del todo hasta que el sol no se ocultase…

En noches devela, al sereno y en pleno campo, había observado también, contaba, cómo grandes estrellas se fundían y caían a través del espacio para luego desaparecer, había sito testigo privilegiado de fenómenos celestes que se sucedían en el firmamento con gran aparato de luminosidad y colorido… Y es que Justo Matías, aun sin quitarle lo que de verdad pudiera haber en sus historias, era un fabulador nato: poesías, cuentos, relatos… le afluían caudalosamente a la más mínima provocación.

Sin embargo, las tertulias cambiaban radicalmente de rumbo y se hacían especialmente tensas cuando alguien se atrevía a llevarle la contraria o le contaba algo de imposible comprensión o comprobación material para él. Así, mi primo Javier Pastor, de trece o catorce años por entonces, se llevaba sus buenas broncas por tratar de convencerle de que el hombre había llegado a la luna en una nave espacial y que además lo habíamos visto por televisión. (En el año 1968, habría en Madrona media docena escasa de aparatos de televisión.. ) Y esto de la luna le producía al tío Justo poco menos que risa: "Qué bobos sois, os engañan con cualquier cosa, ignorantes….".

Pero lo que no le hacía tanta gracia es que, además, le dijeran que la tierra era redonda como un globo, gira sobre sí misma y , por si esto fuera poco, también da vueltas al mismo tiempo alrededor del sol. Mi primo Javier intentaba explicárselo muy despacito y con mucha paciencia, pero Justo se enfadaba sobremanera, se irritaba porque pensaba que le querían tomar el pelo:

-¡Cállate, jodío tonto, cuándo habrás visto tú que Abades esté donde Ortigosa y Ortigosa donde Abades….!

- Explícaselo tú, tío Lauro.

- Sí, yo se lo voy a explicar… menudos cojones tiene el gachó…

Para él la tierra era lineal y plana, estaba quietecita y era el sol, como astro rey, quien controlaba el universo, quien nos daba las noches, los días y las estaciones según una ruta que tenía asignada, y estaba dispuesto a demostrárselo a cualquiera aunque para ello se tuviera que valer de algún garrotazo que otro en la cabeza de su interlocutor.

Todas las facetas de este hombre estaban tan inmersas en el acontecer diario del pueblo, que formaban parte del aire que se respiraba. Y, al igual que el aire, que nadie piensa que vaya a faltar, tampoco pensaba nadie que algún día nos fueran a faltar sus poesías y sus chanzas. Por eso es muy poco lo que se ha podido rescatar de la gran cantidad de rimas que compuso. El tío Justo, un hombre que pertenece, por derecho propio y ajeno, al alma de nuestra pequeña historia.

LA TORMENTA

El día cuatro de abril,
Serían las cuatro y media,
Se formó una oscuridad
Y una niebla muy espesa,
Con una nube de granizos
Que causaba horror el verla.
Yo, acurrucado en una zarza,
Pidiéndole a Dios Clemencia,
Que cesaran los granizos
Para empezar mi tarea.
Entonces Mauri lloraba
Sin poderse contener,
Porque las cabras sele iban
Y no podía correr.
Al llegar al caserío
Yo abandoné mi ganado,
Salió Mauro y la Demetria
Y allí nos recogieron las yeguas..
…?

Aquí Mauri estruja su memoria pero le es imposible recordar más en este momento. Tiene las rimas dentro pero se niegan a salir.

LA YEGUA DE MARCELINO

El día once abril
En una tarde serena,
Regañe con Marcelino
Por poner pielga a la yegua.
Marcelino de que ve,
Que la yegua trae la pielga,
Me dice en estas palabras.
¡Me vas a matar la yegua!
Yo le dije muy tranquilo
Y con mucha serenidad:
Si la pielga trae puesta,
Merece pielga y mucho más.
Entonces dice Marcelino,
Tú es que la quieres matar.
Allí salió Vicenta
Y su hija Beatriz,
La que decía a su padre
Deje ya de discutir.
Yo subía la calle arriba
Y me iba arrebatando.
Me encontré a Irene,
La hija del tío Servando:
Qué le pasa al tío Justo,
Que viene tan enfadado.
A mí no me pasa nada,
¡Pero puede pasar algo!
Esto no es broma, señores
Ni es que lo quiera decir,
El que estaba allí presente
Era Clemente, el albañil.
En vista de todo esto,
el pueblo quedó enterado
que la yegua de Marcelino
Mauri la había entuertado.

(La yegua de Marcelino se quería escapar y Mauri, que por entonces tenía encomendada su custodia, preparó la honda y, con certera puntería, le dio en el ojo, a consecuencia de lo cual vino el consiguiente cabreo y enfrentamiento. Una historia que fue muy comentada en su tiempo.)

LA GUERRA

El día dieciocho de mayo,
Presente estará en la historia,
En defensa de la patria
Se levantaron las tropas.
En vista de que el gobierno,
Llamado republicano,
Nada por España hacía,
Trayéndonos engañados.
Así pasaron cinco años,
Y España sigue igual,
Obcecada en la miseria
Sin poder gastar un real.
Prometieron muchas obras
Yo no sé dónde estarán,
El caso es que el obrero,
Se pasea en miramar
La osadía y el engaño,
No acarrea cosa buena,
Durará cierto tiempo
Que se rompan las cadenas,
Los unos por la verdad,
Los otros por el tesón
No pensaban en el daño,
Que hacían a la nación.
…/…

la poesía era increíblemente extensa, pero la memoria es frágil y sólo he podido rescatar esto que he escrito.

(EAS .Con fotos de Justo Matías.10-octubre de 1993

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Antonio Rincón, artesano de garios y herramientas de era.

Esta es la crónica que siempre he debido a Antonio Rincón y que nunca supe encontrar el momento de escribirla. La hago ahora aunque no sea publicada en el periódico. También he dudado sobre su ubicación, si ponerla en oficios o ponerla en personajes. Lo mejor será describir a la persona y después su actividad y que cada cual distribuya su consideración a las dos facetas a su modo.

Antonio Rincón pertenece a esos que definía Antonio Machado como , en el buen sentido de la palabra, buenos. Buena gente. ha sido agricultor toda su vida. Con yuntas en tiempos de yuntas y después con su tractor Ebro azul, que conducía a la manera de su carácter: de forma lenta, templada, a una velocidad sólo un poco superior a la que tendría con una yunta, dando tiempo para un saludo generoso. También ha cuidado animales, pero con un trato que nunca he visto en ninguna otra persona. A mi lo que más me atrae de Antonio es ese tacto para tratar con todo lo que le rodea. las personas, los animales e incluso las cosas. Con las personas nunca se le ha conocido tropiezo alguno. Más bien al contrario, raro es quien, en el ámbito de su actividad, no tenga que agradecerle algo. En el trato con los animales le he visto cómo les infunde una especie de entendimiento sin voces, les hace unos gestos de amistad, unas indicaciones sin alzar nunca la voz a la que los animales responden de forma tal vez tardía y torpe, pero al final es como si hubieran captado el mensaje.

En realidad esta cualidad no es solo suya. Su hermano Paco también la practica de forma completamente desapercibida y su hijo Abel, también. Les da igual qué tipo de animal sea. Abel tuvo un caballo, Zeus, sin domar, al que le había enseñado de forma dulce varias acciones de obediencia, como la de silbarle de lejos y acudir a su lado de forma inmediata sin fallar una sola vez, o la de hacer que se pusiera de rodillas, o tumbarse, o ponerse de manos y así varias filigranas enseñadas todas ellas de forma natural, sin haber leído un triste manual de nada. Cosas parecidas ha conseguido con algunas aves.

Para ver a Antonio en estos trances con animales no hay más remedio que ir a sus naves de ganado. Pero tampoco hace falta tanto. Basta verle cómo se dirige a su actividad seguido en toda ocasión de tres o cuatro perrillos, a saber de qué raza, son perros mil leches, que no se separan de él ni una cuarta. Están atentos a lo que hace Antonio. Cuando se para, ellos se sientan a su lado y no se ponen empalagosos con nadie. Cuando se levantan, allí van. Nunca he visto que un perrillo de estos se aleje de él ni por un instante, ni que prepare camorra o que simplemente enrede. Antonio nunca les tiene que decir nada, mucho menos dar voces, A pesar de que su itinerario coincide con el de muchos vehículos, carreteras, calles de mucho tráfico, etc., nunca un vehículo ha atropellado a ningún perro suyo. La imagen con la que siempre recuerdo a Antonio es la de su figura menuda andando por el Barrio Abajo, seguido de sus tres o cuatro perros mil leches, así década tras década..

La otra faceta de Antonio también se refiere a otra habilidad: la de la artesanía en madera de garios, palas, rastrillos, horcas,.... Hacía para los labradores de Madrona todo este tipo de herramientas con garantía de por vida, porque también se le hacía responsable de su mantenimiento. Antonio, pacientemente, según su forma de ser, arreglaba los supuestos defectos del gario hasta dejarlo a la mano de su dueño, casi enseñado... a las ronías del cliente. No sólamente es un maestro en este arte sino que, por añadidura, y dado que conoce a todos los labradores de Madrona, sin son zurdos o diestros, altos o bajos, también tiene en cuenta estos detalles a la hora de hacer esas herramientas con las que tan duro se ha trabajado.

Antonio no es de bares, ni de porfías, ni den nada que se salga de su mera rutina. A cambio, a Antonio siempre sabes dónde le puedes encontrar, sin una oportunidad de fallo: o en su casa, o en su nave.

(No publicada. Segovia, mayo 2000).

Antonio nos dejó un día soleado de enero de 2001. Que la tierra le sea leve.

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