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Mariano Contreras: 83 años de una vida impulsada por la dulzaina.

Mariano Contreras "El Obispo" nació en Santiuste de Pedraza hace 83 años. Empezó tocando pitos de caña que él mismo se construía, hasta que el "Tío Peseto", de Collado hermoso, le vendió una dulzaina por 14 duros y el enseñó a tocar un poco. Aprendió de oído llegando incluso a componer jotas y pasodobles que tienen grados en cinta. Acompañado por el magnífico redoble de Facundo Blanco recorrió muchos pueblos de Segovia y Madrid y todavía sigue tocando en bodas y procesiones. El próximo viernes, día cinco, se le ofrecerá un pequeño homenaje cariñoso como reconocimiento a toda una vida dedicada a la dulzaina. Será en madrona, a partir de las 8,30 de la noche dentro de los actos de IV Certamen de dulzaina "Agapito Marazuela"

Después de trabajar en su pueblo como pastor y labrador, se trasladó a Segovia en 1956 donde se hizo albañil. Ahora vive en la Residencia de Ancianos contando historias y enseñando a los jóvenes mucho de su arte.

- ¿Cómo empezó a tocar la dulzaina?

- Empecé a construirme gaitas de pitos de caña, de cañiguerras del campo. Mi padre no quería verme porque así no me podría ganar la vida. En una ocasión tenía hechos siete pitos, me los rompió y los quemó en la lumbre. Yo empecé a lagrimear y me salí al campo por la puerta de atrás a coger más cañiguerras para hacer más pitos. Mi padre, al ver que era tanta mi afición no tuvo más remedio que comprarme una dulzaina. Fuimos a Collado hermoso donde el señor Román "El Tío Peseto", me vendió una por catorce duros y me dio algunas lecciones para empezar a tocar.

- Después todo el aprendizaje lo hizo de oído…

- Sí, todo de oído. Yo de música no sé nada, aunque esto es una cosa que tenía que haber aprendido porque, de haberlo hecho, con la facilidad que tenía para tocar la dulzaina por las dos escalas que tiene, hoy hubiera llegado a ser algo grande.

- Hoy también lo es, y de ahí que le hagan este homenaje. ¿Cómo logró compaginar los trabajos con la dulzaina?

- Pues cuando había que arar se araba, cuando había que cavar viñas, se cavaban y cuando había algún rato libre pues a tocar la dulzaina.

- ¿Cuándo empezó a tocar por los pueblos?

- Por los pueblos a los 16 años. En la primera boda que toqué fue en mi pueblo, en Santiuste de Pedraza, y me dieron diez pesetas, cinco para el tamborilero y cinco para mí. Y tan contentos porque habíamos ganado cinco pesetas.

- ¿Quién le acompañado con el tamboril?

- El primero fue un muchacho de Santiuste que también empezaba y, por tanto, sabía muy poco. Después con otro de La Matilla, "El Pititi". Con el que más he tocado es con uno de Cubillo que se llama Facundo Blanco; con éste he tocado durante 30 años. Luego él empezó a tocar con un sobrino suyo y yo con mis dos hijos. Cuando cumplieron 20 años ellos se buscaron otros empleos y dejaron de tocar. Dominaban bien el tamboril y hubiesen llegado a ser buenos tamborileros de haber continuado, pero ellos veían que así no se podían ganar la vida y ahora están bien colocados en otros empleos.

- ¿Por qué sitios ha tocado y cuáles son sus piezas preferidas?

- He tocado la dulzaina por casi todos los pueblos de la provincia de Segovia y muchos de la provincia de Madrid, Guadalajara y alguno de Ávila. De la dulzaina lo que más me gusta es lo que se estila por aquí: jotas, pasodobles, mazurcas o pericones. Un pericón y una mazurca son lo mismo. También tangos, boleros, chotis…, de todo.

Nos acompaña en la charla otro veterano y luchador de la dulzaina, Gregorio, de los hermanos García Moreno, de La Matilla, que escucha y admira a este gran y humilde maestro.

- ¿Todavía sigue saliendo a tocar a las fiestas?

- Sí, pero ahora sólo a las procesiones y cosas por el estilo, que no duren más de dos horas. Los largos bailes y las veladas ya no son para mí, aunque aun vienen a buscarme desde los pueblos yo les mando a otros.

- Sabemos que no ha tenido maestros, pero ¿ha tenido discípulos?

- Discípulos sí. He tenido a estos de Segovia que llaman Silverios, que les cogí a los doce años y les enseñé a tocar la dulzaina y el tamboril. Pero sólo por la escala de arriba y luego ya, cuando aprendí por la escala de abajo, quise enseñarles pero no han sido capaces de aprender. Me dijeron que se hacía un taco y no podían aprender. Ahora tengo otros tres discípulos de Segovia y lo primero que les he enseñado es a tocar por la escala de abajo. Pasodobles y otras piezas manejando las llavecillas pequeñas. Les digo que lo olviden nunca, porque todas las canciones que puedan tocar por la escala de arriba las pueden transportar a la escala de abajo y trabajan mucho menos. Yo se lo he dicho a muchos, que es necesario y muy importante saber tocar la dulzaina por las dos escalas. Antiguamente las dulzainas eran gaitas y no tenían más que siete agujeros. Todos los dulzaineros tenían que amoldarse a esas condiciones. En mi pueblo había uno, "Faquillete" que tocaba con esas gaitas. Las dulzainas actuales, las de ocho llaves, empezaron a venir a principios de siglo. Yo noté, al tener ocho llaves, que tenían dos escalas lo mismo que el clarinete y el saxofón. El hijo del "Tío Parroquias", de Aldea Real, ha tocado conmigo el saxofón y la pieza que no podía tocar por la escala de arriba la tocaba por la otra. La escala de abajo es un poco difícil de aprender, porque hay que manejar la llave de abajo y las otras llavecillas pequeñas y es más complicado. Pero suena mejor, es más graciosa y cuesta mucho menos trabajo. Esta escala la saben muy pocos y algunos de los que van a las escuelas de dulzaina, han acudido para que les enseñara esta otra modalidad.

- Yo quería que nos contara alguna anécdota relacionada con la dulzaina.

- Una vez, tocando en Valsaín, donde los mozos de allí son un poco "fuertes", me contaron que estando el gaitero de Abades al que llaman "Tocino", de gran fama, dijo, una vez cumplido el horario ajustado, que sólo tocaría ya "la última". El dulzainero, creído que así sería accedió a subir al kiosco por una escalera. Cuando éste llegó arriba y empezó a tocar, los mozos le quitaron la escalera y le hicieron tocar hasta las ocho de la madrugada sin parar. A mí, mientras tocaba unas jotas en un bar soltaron un cohete de los más fuertes por el suelo y cuando estalló debajo de mí la dulzaina se fue por un lado, la pipa por otro y a mí me levantó en vilo. Pero en los demás pueblos todo ha ido normal y correcto.

- ¿Cómo se desplazaban a los pueblos?

- Primeramente lo hacíamos en burro y después, cuando tenía 20 años compré una bicicleta. En ella hemos ido hasta el mismo El Escorial, desde Santiuste. Aguantábamos las inclemencias del clima. Lo hacíamos sólo por ahorrar algo, porque entonces marchaban las cosas muy mal y preferíamos gastar las piernas y darnos esas palizas.

EL OBISPO

- También veo que en este gremio se usan mucho los apodos y usted mismo le llaman "El Obispo". ¿Por qué es esto?

- Obispo se lo llamaban a mi abuelo político. Mi abuela se casó tres veces. El primero era mi abuelo de sangre. El segundo era un señor muy guasón que a todos ponía motes. Y como era un hombre que a todos "confirmaba", a él le rebautizaron a su vez con el mote de "El Obispo". Luego, el tercer marido, mi segundo abuelo político, era uno de Torreval de San Pedro al que llamaban el tío "Padre Santo". Le pusieron ere mote porque no juraba nunca y un día en Sotosalbos le cogieron entre unos cuantos y le amenazaron con tirare al río de cabeza si no decía algún taco. Dijo que no y consintieron que le tiraran al río de cabeza pero no lograron que jurara. Estos de Sotosalbos le dejaron por imposible y dijeron: "¡Joder, este hombre es el Padre Santo…! . Después sacaron una copla que se hizo popular y que dice así:

En Torreval se va a ver,

Lo que nunca se ha visto:

Casarse "El Padre Santo"

Con la mujer del "Obispo",

¿quién lo ha visto…?

A mi padre le empezaron a llamar también "Obispo" y luego también a mí. Y yo digo que no me gusta, que qué coño de obispo sin viene de la sangre, si era mi abuelastro…El señor mariano, no obstante, se ríe, se ríe con risa profunda porque a él también le hace su gracia.

OBRA

Mariano Contreras tiene registrada parte de su obra en cintas magnetofónicas que también están editadas y a la venta. En ellas se recogen jotas que él ha inventado y otras que ha recogido de la Ribera del Duero, de los gaiteros "Pichilines" de esa zona. Pero todavía tiene otras que "ha sacado de su cabeza" como dice él, como si allí estuvieran ya antes de nacer.

Y es que la dulzaina, para Mariano Contreras ha sido y es una extremidad más, un miembro inseparable de su alma y de su cuerpo por naturaleza; otra dimensión de su cabeza y de sus manos a la que el alma da vida y sonido. De él se puede decir que aun vive porque aun toca la dulzaina, porque no se ha separado de ella. Todavía en su habitación de la residencia toca para él y sabe que mientras toca está viendo la vida dos veces.

(EAS, martes, 2 de septiembre de 1986) (Una foto del Sr. Mariano Contreras tocando la dulzaina).

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