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TORREDONDO: Montón de Paja, Montón de Trigo, montón de injusticias

Torredondo, un pueblecito anejo de madrona, salta a la fama por un motivo de desgracia: la construcción de un centro penitenciario en su término, muy cerca del poblado y rozando la vía del tren de la línea Segovia-Medina.

Pero este suceso no ha sido el único ni el primero. Por ahora sólo es el último y también el más grave, el más vergonzoso. Hasta hace unos años este lugar, formado por los pueblecitos de Torredondo y Perogordo, era u sitio tranquilo, muy bien situado por su proximidad a Segovia, sin más ruidos, olores, trajines y sobresaltos que los propios de la dedicación a las labores agrícolas. Olían a lo que tenía que oler, dentro de una gama variada que respondía a dos coordenadas: según la época del año y también según la dirección del viento, dentro de un paisaje todo él natural y legítimo. Las calles eran polvorientas en verano, pantanosas en invierno y con poca gente durante todo el año.

Además de todo esto, y sin regalar romanticismo alguno, este entorno posee un componente genuino: el paisaje de la llanura está dominado por dos grandes colinas: se llaman Montón de Trigo y Montón de Paja, nombres que se atribuyen a la leyenda que cuenta su origen. Una hermosa leyenda que forma parte desde hace tiempo del patrimonio cultural de Segovia. También cruza este paraje un camino romano que aun se utiliza. El mismo Torredondo tiene un puente romano sobre el río Milanillos, hecho en piedra caliza y con estructura de cruz.

LLUVIA DE DESPROPÓSITOS

Desde hace unos años este lugar viene soportando una serie de atentados urbanísticos de gran calibre. En un primer momento se consintió la construcción de varias granjas y cebaderos de cerdos en la misma zona de casas y viviendas. Con ellos se violaron las leyes –también otras leyes de moral, de ética, etc. Que suponen el respeto hacia las personas y su entorno-, se rompió el equilibrio urbanístico existente en este lugar, no creó puestos de trabajo (estas granjas funcionan únicamente con una o dos personas) y condenó a esta zona al sufrimiento de un olor permanente a purín, de cualidades muy conocidas por estas tierras, donde abunda este tipo de granjas precisamente al lado de las carreteras.

A los pocos años se instaló también en esta zona una central eléctrica de transformación o distribución, inmediata a la carretera N-110 Soria-Plasencia. No aportó olores, ni ruidos, ni puestos de trabajo –ni siquiera un vigilante-, pero sabe ni se explica porqué fue este lugar el más idóneo, ya que no existen industrias, ni población, sólo campo…. pero ahí se quedó.

Parecióles bien este lugar a ciertos empresarios catalanes para montar una industria de químicas y en un momento se edificaron, justo enfrente de la central, al otro lado de la carretera, las factorías necesarias para el desarrollo de la actividad. Se produjo otra violación de la ley, se saltaron a la ligera los polígonos industriales existentes y casi vacíos cuya misión y destino es el de captar industrias y concentrarlas en estas zonas concretas y acotadas. Se culminó otro despropósito.

Hace escasos años se instaló también un club deportivo y social donde se inicia la ladera del Montón de paja. Instalaciones deportivas, recreativas, etc. Se levantaron entre los cebadales, centenos, en tierras de cereales. Nació el "Montón de Juan Bravo".

Pero tal vez cumpliéndose esa terrible sentencia bíblica que, dentro de su contexto, afirma que aquel que más tiene más se le dará y a quien poco tiene aun se le quitará lo que tiene, también la naturaleza se cebó en este lugar propagando la grafiosis entre la abundante colonia de olmos, perdiéndose todos. Ahora los negrillos permanecen en pie y secos, dando testimonio de esta desgracia que ha cambiado también un entorno, un patrimonio y un paisaje ya de por sí maltratado.

Por otra parte, y próximo también a esta zona elegida para los caprichos negros, se llevaron a cabo las prospecciones del cacareado acuífero y sus correspondientes instalaciones para poder llevar el agua hasta los depósitos de la ciudad. Se produjeron expropiaciones aunque sin problemas y, lo que sí es grave, significó el fin de varios arroyos y manantiales incluso con su fauna autóctona de cangrejos y otra flora dependiente de los arroyos. A partir de este hecho los propietarios de las parcelas limítrofes jamás podrán cultivar éstas como regadíos.

Por lo tanto esta zona se ha convertido en blanco apetecido de cualquier proyecto por extraño que sea, un lugar atacado en su subsuelo: perforaciones; en su superficie: ríos contaminados, desaparición de arroyos, barbaridades urbanísticas…- y hasta en su aire: olores de los cebaderos de cerdos, fábrica de productos químicos… .

El último despropósito es la nueva cárcel, proyecto que, a pesar de contar con la total oposición de los segovianos y tener todo el marco legal en contra, como el Plan General de Ordenación Urbana, que califica este área como zona rural protegida no urbanizable, sigue irrespetuosamente adelante con un gran letrero que dice <Ministerio de Justicia>, <Centro Penitenciario de Segovia>… y detrás se van depositando miles de toneladas de hormigón. Todos piensan lo mismo: esto en otro lugar no hubiera seguido adelante.

LAS RAÍCES DE LOS HECHOS

Explicar las causas que originan toda esta barbarie es relativamente sencillo. De una parte nuestros políticos municipales, por decirlo de alguna manera, principalmente de los partidos mayoritarios, ostentan una persistente ausencia de criterio a la hora de planificar una ciudad como Segovia y sus acciones son más bien fruto de las presiones que reciben del exterior y, cómo no, de sus propios intereses. Síganse los casos de la Escuela de Capacitación Agraria o del edifico junto al acueducto, por ejemplo. Manifiestan asimismo un total desprecio por los ciudadanos que les han votado; por el entorno y por las normas que ellos mismo crean, como las del P.G.O.U. y otras. ¿Cómo se podrá exigir a los demás el cumplimiento de una norma que ellos mismos vulneran?. Se corroboran estas afirmaciones no sólo por estos desastres, sino por las noticias que de nuestras sucesivas corporaciones transcienden a los diarios nacionales.

De otra parte la propiedad de la tierra influye de forma decisiva. Todo este gran espacio, que limita con el mismo centro urbano de la ciudad de Segovia, está concentrada en uno o dos propietarios. No estamos en Andalucía y, sin embargo, siguiendo la carretera de Segovia hasta la provincia de Ávila, la propiedad del 99 por 100 de la tierra se puede decir que pertenece a no más de una docena de propietarios.

De la actitud de los terratenientes hacia sus posesiones dan fe los hechos, más que las palabras: caseríos abandonados, derruidos, desaprovechados, todos infrautilizados…; desastres ecológicos, deforestaciones, barbaries urbanísticas y consentimiento de cualquier acción aunque sólo les reporte un mínimo beneficio. Pasaron los años, pasaron los siglos y de las aportaciones de esta clase de españoles a estos lugares, cuyo único vínculo con ellas son unas escrituras; que ni siquiera viven en Segovia y sólo vienen cuando hay que hacer las cuentas… de las aportaciones, decimos, sólo se manifiesta la desolación y el atraso. Jamás repercutió una sola ventaja, un solo beneficios en las poblaciones limítrofes. La historia habla más bien de lo contrario: de abusos y de dominio. Ahora sus casas en los pueblos se derrumban ante la desidia y el desinterés de los dueños.

LA JUSTICIA NO EMANA DEL PUEBLO

Nadie puede determinar cuándo se detendrán estas acciones. Las esperanzas de corregir esta anarquía en las licencias de construcción se depositaron en nuestros representantes políticos, cuya misión es hacer prevalecer los intereses generales sobre los particulares, clave de bóveda de la democracia. Y el caso es que estos proponen y aprueban normas tratando de mejorar estas situaciones pero, llegado el caso, ellos mismos se las saltan y consienten vulneraciones según quién y cómo.

Todos sabemos que Segovia necesita otros proyectos, otras planificaciones: precisa un embalse que asegure el abastecimiento de agua; hacer que se ocupen los polígonos industriales; prever una zona de expansión de la ciudad; repoblaciones… en definitiva, procurar una mayor calidad de vida de sus habitantes, pensando siempre en un futuro que cada vez llega más deprisa. Porque en la actualidad ésta sigue siendo una ciudad que expulsa a sus hijos ya desde jóvenes a estudiar fuera para después desterrarles definitivamente a medrar en busca de un trabajo que dé para vivir.

Pero el Ministerio de Justicia es del todo insensible a estas grandes injusticias tan antiguas, tan próximas, tan elementales… y entiende más de adjudicar obras para edificar aquí un desproporcionado e improcedente centro penitenciario.

(EAS, jueves, 10 de agosto de 1989. Portada Suplemento Jueves. Dos fotos de Torredondo)

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