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Tradiciones, usos y costumbres

Teatro ahora: desdeño de experiencias, emociones y aplausos

El arte de la representación, como acto de creación espontánea que es, ofrece un número infinito de posibilidades para los que participan en esta aventura, que consiste en dar vida a unos seres, unos hechos y unas circunstancias intemporales que van pasando en cada momento de ser meras líneas muertas, tapadas, a constituir un mundo de grandes sensaciones. Sensaciones dentro y fuera del escenario. Dentro porque los participantes actores dependen unos de otros y la madeja del argumento es una composición colectiva, interdependiente porque la vida del acontecimiento les arrastra a todos. Fuera porque el público se ha hecho cómplice y testigo presencial de lo que allí acontece esperando con expectación y exigiendo ávidamente nuevos hechos, nuevas comunicaciones ante las que reacciona de múltiples maneras. Es lo que en Teoría de la Comunicación se entiende por interacción, proceso por el cual los comunicantes se influyen y reaccionan entre sí.

SATISFACCIONES

Todo aquel que haya tenido la ocasión de subirse a un escenario para representar una obra de teatro habrá podido comprobar las agradables sensaciones que se experimentan desdoblándose en un personaje, tomar la vida del mismo y comportarse como lo haría él mismo en su tiempo. Normalmente todos los pasamos bien cuando nos disfrazamos con ocasión de fiestas, concursos, bailes y demás, de ahí la tendencia que nos empuja a hacerlo para olvidarnos de nosotros mismos y estrenar por entero a otros, vivirlos, inventarlos y trasladarlos de su tiempo para evadirnos de nuestros lastres. Bien, pues en el teatro esto se multiplica por cien, porque a cada paso se van encontrando recompensas que son otorgadas por el público, convocado a presenciar el evento. Entre ellas destacamos las dos más importantes. Una es la de ir comprobando, durante la presentación, que ésta va alcanzando el objetivo propuesto en cada caso y momento: tensión, risas, suspense, ira, enredo, preocupación... se desprenden de los rostros silenciosos del público.. La otra, y máxima, es la constatación de lo anterior cuando el acto ha concluido y los aplausos rompen en un estallido que llena la sala. Este es el mejor premio para los actores, el director, el autor y todos los que han colaborado en la representación de la obra.

OTRAS RECOMPENSAS

Sin embargo, existen otras gratificaciones no dinerarias que los actores, profesionales, aficionados o legos, ya han saboreado antes de convocar al público espectador. Son los ensayos. Ensayar una obra, sobre todo si es cómica, de una forma mínimamente comprometida es una experiencia enriquecedora que aporta a los que participan de ella un sinnúmero de ratos agradables e inolvidables por la gran cantidad de momentos de risas, de unos contagiándose de otros, que afloran a cada instante y por ir comprobando cada día que uno se va haciendo con la tarea, que va acercándose al personaje e intimando con él; que, en una palabra, se va convirtiendo él mismo por un proceso de apoderamiento acordado y consentido a la que el personaje nunca se resiste. lo mismo con el resto de actores respecto a sus personajes, momento en el cual ya se ha creado el mundo teatral; porque cada actor quiere a su personaje, lo atiende y lo defiende incluso frente a hipotéticas agresiones que figuran en el mismo guión. Y es una misma persona.

A pesar de ello, de esa seguridad, la emoción del estreno es una sacudida del corazón, de los nervios y de todo el organismo porque no deja de ser un examen ante un tribunal compuesto por un gran número de miembros que permanecen, nunca mejor dicho, expectantes y atentos a la calificación que han de otorgar. Unos instantes después de correr el telón, la tensión de los actores desaparece, desplazada por todo un mundo lleno de vida que se abre paso, una vida que ya no podrá dar marcha atrás.

NUESTRA TRADICIÓN

En casi la totalidad de los pueblos, por pequeños que estos fueran, todos los años se representaban dos o más obras de teatro, fundamentalmente comedias. Se escogían para ello las fechas en las que las tareas del campo permitían la asistencia a todo el vecindario: Navidades, Semana Santa y la fiesta mayor de la localidad, ya a finales del verano, cuando las tareas de las cosechas y las complementarias habían acabado. Se trataba generalmente de obras cómicas puestas en marcha por los más inquietos, los cuales se veían en la necesidad de hacer una dolorosa selección entre los numerosos "actores" locales que aspiraban a desempeñar "un papel".

Para que todos quedaran contentos, además de las comedias se representaban también uno o dos sainetes por sesión, obras cortas de rápido desarrollo, sencillo montaje y fácil comprensión que se intercalaban entre actos, arrancando buenas carcajadas entre el público.

Todo esto hacía que cada sesión o tarde de teatro durara cuatro o más horas, ya que a esto había que añadir las ineludibles rifas de botellas, jamones y otros, alguna declamación a cargo de algún poeta local que aprovechaba la ocasión, algún cantante o cualquier otra originalidad que cualquiera aportara para llenar la jornada festiva. He aquí algunos botones de muestra que constituyen recuerdos imborrables entre los aficionados de mi lugar. Son sólo una muestra ya que se han representado muchas más obras y sainetes. Son estas: "Seis retratos, tres pesetas", "La torre sobre el gallinero", "Los reclutas", "El alcalde de Retortijo de Abajo", "El hijo del Tío Veneno", "Usted puede ser un asesino", "La muralla", "El gitano tijera", El barbero", "Que se deja usted el paraguas", "Un labrador en la ciudad", "El médico a palos", "El avaro", ¡¡Mi padre!!", "La ciudad no es para mí", "Los ladrones somos gente honrada"...

AHORA

Pero ahora la actividad del teatro está conociendo una época bien triste, precisamente por su ausencia y desaparición. Exceptuando la ciudad de Segovia donde funcionan, y bien al parecer, el Taller Municipal de Teatro y algunos grupos independientes, en el resto de las poblaciones va siendo ya pasto del recuerdo. No vamos a escudriñar aquí las razones o las causas que han conducido a este abandono, pero algunas son bien evidentes: la despoblación juvenil -los jóvenes se ven obligados a emigrar para buscarse un medio de vida que en sus pueblos de origen no existe-, el avasallador imperio de la cultura de lo electro-audiovisual: discotecas,, televisión cine, vídeo.. y la que personalmente me parece como la más grave. un progresivo desinterés, por ignorancia, por individualismo, por la forma de vida post-industrial.. hacia las actividades tradicionales creativas, de participación y de relación. la invasión de lo audiovisual, su poderosa maquinaria, lo da todo hecho, basta con sentarse, oír ver y callar.

DEFENSA DEL TEATRO

Efectivamente estamos asistiendo a una época en la práctica de actividades que no entren convenientemente en la cadena consumista son relegadas y marginadas, algunas veces de forma descarada, pro los mediadores de esta sociedad, más pendientes de que vaciemos nuestros bolsillos que de que llenemos nuestra cabezas con algo útil.

Pocas actividades escapan a este látigo cuyos azotes vamos constatando a cada paso, y el teatro no iba a ser menos. Pero en este caso resulta especialmente doloroso porque quienes deberían o deberíamos contribuir a este empeño estamos dejando que se pierda algo sensacional. No existe público mejor ni más agradecido que el de nuestros pueblos; asistían a las obras representadas en locales sin suficientes condiciones físicas para albergar representaciones de ningún tipo; se tenían que llevar cada uno su silla o banqueta, pagaban lo que se les pidiera por la entrada, mantenían un sepulcral silencio durante la representación; aplaudían al final con verdadera pasión y se marchaban a casa muy contentos y agradecidos de haber podido contemplar las obras.

Es más, se daban casos en los que aun sin haber podido comprender bien la obra, por culpa siempre de los actores, que a menudo se "comían" o se saltaban trozos esenciales del guión, lo han perdonado y se han reído de otra cosas, como de los gestos de sus convecinos actores, e incluso de sus descarados lapsus o sus momentos o quedadas en blanco por fallo de la memoria y también del apuntador. No estoy hablando de hace muchos años, sino tan sólo de dos o tres.

También me han contado que en algunos pueblos, como el ahora barrio de Fuentemilanos, había incluso vecinos que se ofrecían voluntarios para hacer de guardas o cuidadores durante las representaciones. Su misión era la de conseguir que allí no se oyera ni el ruido de una mosca, porque de lo contrario atizaban con sus varas "reglamentarias" sin mirar en donde ni a quién. Y se de un espectador (mi padre) que, a pesar de todas las precauciones tomadas para no hacer ruido al abrir una gaseosa, ésta hizo un leve ruido de gas y uno de estos vigilantes le atizó fuerte en la cabeza de forma inmediata. Por supuesto que el respeto estaba asegurado. Los medios eran contundentes.

Además, el ensayar y representar teatro no cuesta nada en dinero, más bien al contrario, se puede sacar un buen dinero y, como marcaba la tradición, éste se empleaba en hacer excursiones, viajes, comidas u otros actos también de relación y comunicación. Se obtenía dinero de las entradas y también de las rifas. Como se puede ver, el teatro es toda una compensación continua.

En una provincia como la nuestra, , con este clima de largos inviernos, con interminables noches, junto con el "salero" de nuestras gentes excusa para no practicar este maravilloso arte. Un montón de autores, de obras, de sensaciones, de agradecimientos y de aplausos están esperando que no hagamos mutis por el foro. No hay tiempo que perder para rescatarles.

(EAS, 29 de octubre de 1987. portada Suplemento Jueves. tres fotos de representaciones

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