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Tradiciones, usos y costumbres

Sobre los juegos a los que ya no se juega

Cuando nuestros juegos populares tradicionales sólo han llegado a ser objeto de recuerdo, investigaciones, recuento y difusión como noticia, mala señal. Sin embargo, en estos momentos estos esfuerzos son un modo de epitafios sobre unas actividades que llenaban todos los días del año procurando en buena medida una sana oxigenación y desahogo físico y mental.

Ninguna iniciativa ha logrado hasta ahora rescatar de una muerte fulminante a nuestros juegos. La sentencia de muerte ha sido ejecutada si mediar denuncia, tribunal o juez. No han existido apelaciones, recursos, protestas, nada. sólo un denso silencio apenas interrumpido por voces o escritos que claman en la selva electrónica del consumo donde su resonancia es prácticamente imperceptible.

Radio Tres, de Radio Nacional de España, dedica una atención, los viernes por l amañan, a los juegos y competiciones populares de España que no aparecen en ningún otro medio de comunicación. El programa, de corta duración, se llama "Tirando a Dar" y dedica su tiempo a difundir informaciones y novedades sobre estas actividades que a veces toman el nombre de celebraciones por lo raras que pareciendo a común de la gente por la escasez de su práctica. Es un programa abierto en el que los oyentes pueden participar mediante el teléfono o a través de cartas.

Un trabajo más cercano, más asequible y más perenne lo ha realizado el segoviano Ignacio Sanz con su magnífico libro "Juegos populares de Castilla y León". En él se enumeran, perfectamente ordenados, todos los juegos que su autor ha conseguido recopilar y se ofrecen las instrucciones o modos de jugarlos. También da cuenta de un copiosos número de cancioncillas, coplas y cantares que acompañaban y completaban normalmente a los juegos. Su lectura, que resulta de los más gratificante, es de receta para todo aquel que guste de redescubrir un mundo en el que la ilusión, la gracia y las ganas de pasarlo bien es lo único que contaba.

DESAPARICIÓN

No se trata de entonar el canto del cisne pero, si han de desaparecer, como prácticamente ya ha ocurrido, al menos que no se vayan de vacío. Dos aspectos llaman poderosamente la atención sobre el particular. Primeramente la rapidez con la que se han, o los han, evaporado. De la noche a la mañana han dejado de formar parte de las actividades lúdicas con las que alevines, jóvenes, y menos jóvenes llenaban sus ratos de ocio. Ha sido un fenómeno paralelo a los cambios que se han producido en nuestro país en estos últimos años: cambios de hábitos, de mentalidad, de forma de vida, políticos, sociales, culturales, económicos, etc., que nos dan las claves para explicar las causas. En segundo lugar, y esto es lo más sorprendente, es que no han sido sustituidos por otros nuevos que les reemplazaran sin romper la cadena de la renovación. Lo alarmante de esta situación no es ya que se hayan perdido los juegos en sí mismos, sino que esta pérdida de algo ancestral ha arrastrado con ella nuestra capacidad y nuestra disposición para jugar, para desarrollar el sentido lúdico de la existencia, innato en todos los humanos e incluso en muchos animales. El resultado de todo esto es que nos hemos convertido en unos seres pasivos, meros receptores que se contentan con observar cómo los otros, más que jugar, compiten en un mundo consumista, perfectamente organizado, aunque engañoso.

Su desaparición tampoco ha sido un fenómeno de ósmosis en la que, con otras formas, hubieran sobrevivido de un modo u otro. Simplemente sólo están en el recuerdo de quienes los disfrutaron y en el desconocimiento absoluto de los más nuevos.

¿A qué se juega hoy en las calles, plazas y campos de nuestros pueblos? A nada. Se compite a fútbol, frontenis, baloncesto, etc. . Se juega, por llamarlo de alguna manera, a los marcianos y las bolas "flipper" en sofisticadas máquinas electrónicas tragaperras a tanto la partida instaladas en bares y locales a tal efecto. Es la religión de la maquinaria. Al menos no se observa otra cosa. Los efectos que hayan podido producir con esta pérdida es algo que merecería una cuidadosa investigación porque siempre quedan huellas, secuelas, faltas... algo.

LAS CUATRO ESTACIONES

Nombraremos a partir de aquí, a modo de recuerdo, algunos de los juegos populares que, por la causa que fuere, no figuran en el libro mencionado anteriormente. Para los demás, remito al paciente lector a susodicha obra que explica, además, cómo se desarrollan.

Además de la edad de quienes los practicaban, los juegos venían sobre todo con la época del año. Cada estación requería sus especialidades, por tanto era una pauta natural la que ordenaba su desarrollo, sus requisitos y su práctica. La llegada de la primavera significaba la apertura de la gama más amplia y completa para satisfacer las reprimidas ganas durante el largo invierno. Atrás quedaban los juegos de matanza, las boleas de nieve, las andadas y carreras de zancos sobre la nieve, los barros o para atravesar ríos y grandes charcos... para dar paso a otros que se podrían clasificar a vuela pluma de la siguiente manera:

DE SALTOS: Buenos días, señor maestro, Chirlo, media manga o manga entera, que salga el toro y los toreros, San Pedro quién está encima, Centinela alerta, Salto corredor, Dola, Marinerito...En casi todos ellos es preciso "aligochar" cuando había cambio de "burro". Consiste en agachar la cabeza antes que nadie en la línea de salida para no quedarla cuando finalizaba una fase del juego (aligocho, aligocho, decíamos según terminábamos -del mismo modo que algunos ciclistas agachan un poco la cabeza al traspasar la línea de meta, eso sería aligochar-).

DE CAMPO: En las eras se jugaba a los hinques, llamados también quiñes o picas, según las zonas. Los hinques eran pequeñas estacas sumamente afiladas que se clavaban en el césped de la era con la intención de estocar al contrario, extraer su hinque, al que se le mandaba a Roma y se contaba un número de veces clavando el hinque en otras tantas ocasiones antes de que llegara el de Roma o bien se le arrancaba su receba , trozo de césped asignado previamente a cada participante. Los mejores hinques eran los llamados cigüeños, porque, al ser retorcidos, dificultaban su extracción porque eran peor diana y facilitaban la del contrario si se manejaban con la maña que necesitaban para su buena labor. También se jugaba, en los recreos de la escuela, a los carros (hacer yuntas de dos con otro que inercala su cabeza entre ambos y los abraza para compactar el carro, quien subía y era el auriga. Asientos (hacer asientos en las toperas del río); fuentes (buscar cada cual su manantial cerca del río y en su curso de agua hacer puentes, figuras y otras pequeñas figuras con barro arcilloso, etc.).

DE DINERO, CROMOS Y CARTETAS: Cuadros, Palmo Inglesas, Tango, Chapas, Triángulo... Se jugaban con las llamadas tangas, que son unas piedrecitas o cantos planos y redondeados que se recogían de forma improvisada para la ocasión o también hechos perfectamente en hierro. Las cartetas son las tapas de las cajas de cerillas, que tenían casi un valor monetario o de cheques al portados; existía gran disputa por poseerlas y eran objeto también de cambio, compraventa y préstamo.

CON BALÓN, CANICAS O PELOTA. Gua, Balón Prisionero, Higo Moñigo, Rey-Reina, Primi, Titisí todo el mundo quieto, Perrera... En algunos de estos juegos, si así se acordaba antes, se daban las colas, que consistía en hacer un túnel o pasillo humano contra una pared por debajo o dentro del cual habrían de pasar los perdedores del juego para recibir sobre sus costillas toda suerte de empellones, golpes y hasta patadas en el culo. En el juego de pelota llamado la perrera se cosechaban vidas, posibilidad de hacer malas y seguir jugando hasta agotarlas.

El VERANO traía expansiones de baños y pesca en los bodones de los ríos. Por la noche, las plazas y calles eran el lugar de encuentro de jóvenes y mayores. en ellas se jugaba a Cadena, Rescate, Toro Mocho, Hay Luz, Pasimisí, Pajarito Inglés, Escondite.... así como al Peón, llamado en algunos lugares repión, peonza, con su variante , la repioncha, que era un repión de mano sin calza (peón con coronilla, a la buhardilla, se decía mientras se quitaba la peonza recién comprada al compañero y se lanzaba lejos, tal vez a algún tejado.. sólo por el hecho de que el incauto que estrena peón no lo ha capado, es decir, rebanado la coronilla saliente en la parte de arriba).

En las ERAS había carreras de sacos, carreras con ruedas de máquina de limpiar cereales, poniéndolas un palo que hacía las veces de eje y de manillar a la vez.

Las chicas tenían menos clases de juegos y pocas veces se mezclaban en los de los chicos 8baloón prisionero, escondite... y poco más), jugaban a Turco (rayuela) Chirumba, Cerilla, Prendas, Palo y Tambos, Tesoros, Comba, Gomas ( o como se llame ese juego que consiste en lograr diversas piruetas y zapatetas sobre un cuadro de goma elástica sujeto en las piernas de otras dos compañeras...). También disponían de menos tiempo porque debían aprender a coser y a hacer tareas de casa....

aparecían también con el buen tiempo el aro, obtenido de una base de cubo de zinc, si eras aprendiz o principiante o de alambre acerado procedente de las ruedas de camión, si eras ya un profesional y, por tanto autorizado para competir en velocidad o en filigranas variadas.

También se daban ocasionalmente algunos juegos o entretenimientos con cierta carga de crueldad, aunque , afortunadamente, eran las excepciones. Las ranas, los perros, los pájaros, las gallinas y otros bichos vivientes, a veces eran víctimas de tiradores o tirachinas y también de otras trampas. Pero en la inmensa mayoría de los casos se trata de juegos muy sencillos donde lo único que cuenta es el ingenio y la habilidad. Están desprovistos de toda la parafernalia que acompaña a otros juegos y deportes comercializados masivamente. No precisan de objetos, instrumentos o herramientas, tampoco de indumentaria o de calzado especial. Se desarrollan en cualquier lugar, por lo que no necesitan de locales o campos preparados a tal efecto.

A menudo agudizan el ingenio, la creatividad y el ejercicio físico y mental. Pero, contrariamente a lo que pudiera parecer, y rompiendo todos los moldes de la lógica, estas han sido precisamente con toda probabilidad, las causas de su desaparición, del desarraigo artificial que tiene su origen en la sociedad de consumo. El no ser susceptibles de comercialización, el escapar de las cadenas de mercado, inició su proceso de desaparición que se muestra a todas luces como irreversible. irreversible, toda vez que nadie puede obligar a los demás a jugar a juegos en declive, desconocidos o sólo por mantener una tradición contra corriente, ya que rompería la esencia misma del juego: su espontaneidad y su libertad.

Los juegos populares ancestrales, transmitidos de generación en generación han muerto. Vivan los juegos.

(EAS, 9 de junio de 1988. Portada de Suplemento Jueves. Una foto grande de jugadores de tango o chita)

...árboles para la vida...