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Tradiciones, usos y costumbres

El lucero: una profesión peculiar

No se trata de la estrella de Venus, ni del lucero del alba, ni de ningún otro asteroide deslumbrante. Se trata de un personaje muy popular en cada pueblo por la función social de su trabajo. Era un empleado de la compañía que suministraba electricidad a cada lugar y tenía un carácter semioficial entre los vecinos. Estaba encargado de multitud de cometidos de diversa índole, algunos de ellos muy importantes. Mantenimiento de las líneas de baja, reparaciones, acometidas, contadores… A ellas hay que añadir una de las más esenciales: la información al consumidor acerca de sus cuestiones particulares con la electricidad.

Ya hace tiempo que en esta zona ha desaparecido esta figura tan servicial. La conducción y distribución de esta energía se hace ahora a través de líneas y soportes más sólidos, fiables y duraderos que antaño y, al parecer, hacen prescindible este empleo. Hoy son cuadrillas uniformadas y anónimas quienes se encargan de esas tareas, aunque los fallos y los cortes de suministro no han terminado de desaparecer por completo. Por supuesto que el trato personal, de colaboración, intercambio y familiaridad que se tenía con el lucero ya no existe. Entonces, (no hace tanto), el "irse la luz" era algo muy cotidiano e incluso se puede decir que su falta no incidía gravemente en la vida normal del pueblo. Llegado este caso, el alguacil avisaba al lucero, concretamente a Luis el Lucero, el de Las Navillas, que era el designado para esta zona. Éste bajaba del pueblo vecino y acudía con sus escaleras al hombro a comprobar en el transformador si "era de aquí o de allí", es decir, local o extralocal. En el primer caso trataba de solucionarlo él mismo in situ, pero si deducía que "era de allí", o sea, de la central distribuidora o estación de transformación, todo el mundo quieto hasta que lo arreglaran donde procediera. Entonces la gente ponía cara de resignación y no le quedaba otro remedio que no fuera el de esperan franciscanamente la reanudación del suministro.

No pocas fiestas, mayores y menores, se han conocido en las que, en pleno baile, se iba la luz. Pero como las fiestas son algo que no hay quien lo pare, se continuaba con luz de velas (velada auténtica) y con la música al natural, sin amplificadores ni altavoces.

La llegada de un gran horno eléctrico el pan supuso que fuera imprescindible el abastecimiento continuo de corriente eléctrica; lo mismo exigía el imparable equipamiento de las casas: los frigoríficos, lavadoras, ordeñadoras industriales… y también las cámaras de los helados en los bares (algunas veces hubo baratillos de helados a base de cuchara después de alguna tormenta de verano) por lo que el lucero debía acudir y solucionar los cortes con mayor frecuencia y celeridad.

La profesión desapareció aquí con la jubilación de su último representante. Pero el nombre popular de "lucero", asignado a este profesional, transcendía a los miembros de su familia en ciertos comentarios la chica del lucero, la lucera…. Un nombre popular para nuestra pequeña historia.

(9 de enero de 1992)

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Auge y desaparición de la parada equina

La Real Academia Española no recoge la acepción por la que aquí se conoce a este término, que determina toda una actividad genuina del mundo rural. Se llaman paradas a los establecimientos dedicados a la inseminación natural entre el ganado caballar. Pueden ser de dos tipos atendiendo a su propiedad: son paradas oficiales las que tienen titularidad estatal y son gestionadas por el correspondiente Ministerio. Son particulares cuando son de propiedad privada y desarrollan su actividad dentro del mercado y sus leyes consabidas de la oferta y la demanda, siendo esta cualidad la causa esencial de su casi total desaparición, sobrevenida por la mecanización del campo y sus herramientas.

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En Madrona existió muchos años una parada particular regentada por la familia de Francisco de la Calle y es éste quien nos cuenta como se desarrollaba este negocia dedicado a la multiplicación de este tipo de ganado. Se trataba de una parada de prestigio reconocido y actividad constante durante todo el año. Daba servicio a una amplia zona de la provincia de Segovia. A ésta acudían desde pueblos como Villacastín, Zarzuela del Monte, Valverde del Majano, Garcillán, Martínmiguel, Fuentemilanos, Hontoria, Revenga, Trescasas, Casa Prados, etc., con sus respectivas casas de labor y caseríos de sus términos.

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Disponía esta parada de varias dependencias y de unos catorce cuarteles para otros tantos sementales, dominado entre ellos los dedicados a la producción de ganado mixto, es decir, machos y mulas que eran principalmente los más demandados. A tal efecto, señala Paco, entre el ganado asnal se disponía de varios burros cada cual con sus características propias atendiendo a las distintas razas a las que pertenecían. Especialmente recuerda al zamorano; el mejor considerado por su temperamento y su capacidad. El catalán era el más frío pero de mejor estampa…, también estaba el mallorquín, etc.

Entre los caballos sementales, estaban los de raza inglesa, hispano-inglés, árabe auténtico, percherón…. Esta variedad hacía que el cliente pudiera seleccionar para su ganado aquellas crías que más le interesasen según las circunstancias, pero siempre guardando el principio de las proporciones: semental grande para hembra grande y a la inversa.

Los clientes acudían de mañana con sus caballerías y la primera operación a realizar era la de registrarlas, que consiste en detectar si las hembras están en condiciones adecuadas de receptividad. Para obtener este dato se destinaba a un caballo llamado "caballo registra" (recuerda aquí Paco a un caballo gallego, pequeño, muy fino, que cumplía a la perfección estos encargos…). Si daba afirmativo, cada luna que la hembra estaba alta se la echaba para tres saltos al tercer día. Ocurría a veces que se presentaba una mayor clientela que sobre pasaba el límite disponible de sementales; en este caso había que proceder a sorteo y dejar para el día siguiente a los no seleccionados. Algunos años sobrepasaban la cifra de 280 hembras con cría de esta parado. Se llama al natural cuando se aparejan animales de la misma clase: caballo con yegua, burro con burra, etc., y cruzado cuando son de distinta, caso mayoritario en esta parada.

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TRAS LA GUERRA

Después de la guerra civil sobrevino una gran demanda de ganado caballar causada por la necesidad de repoblar los campos de cultivos cerealistas. Como consecuencia de esta escasez se valoraban en muy alto precio en las ferias y mercados tanto los buenos ejemplares como los inferiores. Llegados a este punto, Paco hace un inciso y señala que había varios vecinos en el pueblo como el tío Santiago, el tío Marcelino, el tío Venancio, Adelardo, etc., que ganaban más con la venta de un par de mulas en la feria de Turégano, por ejemplo, que con la cosecha de toda una temporada. Y también había quien se dedicaba a esto casi exclusivamente porque daba de sobra para vivir.

Sin embargo, la llegada intempestiva e imparable de maquinaria en los años sesenta hizo que este tipo de negocios no sólo no fuera rentable sino que se convertía, además, en gravoso, por lo que hace ya más de veinte años que desaparecieron estas paradas particulares en esta región, quedando únicamente las oficiales, como la de Villacastín. Estas últimas se dedican sólo a la reproducción al natural, salvo escasas excepciones. Ocurrió, en consecuencia, que los valiosos ejemplares de estas razas terminaron irremediablemente en el matadero destinados a simple carne. Por supuesto que, a pesar de algunos momentos de cierto auge y recuperación de esta clase de ganado, sobre todo caballos, no hubo nunca más otra parada en Madrona que no fuera esta.

(10 de enero de 1992)

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